Por una pedagogía sin fronteras

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La globalización económica iniciada muy posiblemente a finales de la década de los ochenta del siglo pasado, a partir de firmas de acuerdos e intercambios comerciales, el surgimiento de organismos de comercio multinacional, ha traído sus consecuncias en el terreno cultural y educativo. Recientemente, incluso algunas universidades públicas y privadas realizan intercambios académicos principalmente de alumnos y en algunos casos también de profesores.
Todo lo anterior nos lleva a pensar en la conformación de una pedagogía sin fronteras. Dicha pedagogía también ha corrido por cuenta propia, con el surgimiento de los constructivismos en los noventa y más adelante con el enfoque o el desarrollo por competencias (que por cierto también surgió en el seno de la empresa), hasta llegar a la atención educativa en las diversidades y el desarrollo de talentos o de capacidades a partir del fomento del pensamiento crítico, el pensamiento complejo, el pensamiento estratégico, el pensamiento sistémico hasta seguir con el desarrollo del pensamiento transversal y concluir con las recientes aportaciones en el seno del aula virtual, el aula invertida y el uso de los dispositivos tecnológicos con fines educativos.
Una pedagogía sin fronteras no se define a partir de ocultar las diferencias ni tampoco de querer igualar a los desiguales (como ha sucedido en el terreno de la economía, en donde los peces más grandes se han comido o han absorbido a los más pequeños). No, una pedagogía sin fronteras por el contrario se le concibe como un interesante intento por intercambiar y reconocer las diferencias, así como las grandes y pequeñas diversidades, los estilos particulares en cada lugar en cada región, en los distintos rubros desde la formación de docentes, hasta el abordaje áulico, el uso de materiales de apoyo, el papel de la tarea y las actividades extraescolares, etcétera.
Una pedagogía sin fronteras se traza a partir de mundializar la educación pero respetando los estilos y prácticas particulares, de generar condiciones para intercambios, estancias y residencias académicas y estudiantiles; y que en todo ello se deje fuera a la lengua que también ha hegemonizado el desarrollo educativo (el inglés) para dar lugar al intercambio y la riqueza plurilingüistica de los pueblos originarios y las comunidades de toda la América Latina.
Por último, (a diferencia de lo que pasa en el campo de la política y la economía), una pedagogía sin fronteras no tendría como finalidad el control y la dominación a partir de la mirada y el enfoque del poderoso, por el contrario, prevalecería el enfoque y la mirada de los desposeídos, de los que vivimos en los espacios sub-alternos de la sociedad (como le llamaba Gramsci). ¿Cómo hacerle?, es obvio que esto no saldrá adelante a partir de las buenas intenciones de los poderosos, que para eso han creado la OCDE y que han generado un complejo entramado para penetrar cultural y educativamente a los países pobres. ¿Cómo hacerle?, haciéndolo, comenzar a tejer relaciones desde muy abajo, intercambios, redes de colaboración y participación, editando materiales impresos y electrónicos, enviar estudiantes que lleguen a los hogares de sus colegas de otros países y que después serán recibidos por nosotros aquí. Y lo más importante, sistematizar el cúmulo de experiencias que genere esta inciativa.
Una pedagogía sin fronteras se traza desde la experiencia, desde la teoría, construyendo una metodología propia, de dialogicidad y horizontalidad en las relaciones educativas del día a día.
Considero que es bueno comenzar el año con alternativas educativas.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

Deja un comentario

Escriba su búsqueda y presione ENTER para buscar