¿Pienso, luego existo?: una actualización

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Estamos a poco tiempo de que se cumplan 400 años, 4 siglos, desde que el mundo occidental cambió cuando el filósofo Descartes acuñó la frase Cogito ergo sum, Pienso, luego existo, bandera del racionalismo que, en su momento y en su contexto, se relacionaba directamente con la modernidad, el surgimiento de la ciencia objetiva, el afianzamiento del capitalismo que posteriormente se coronaría con la Revolución industrial, la Reforma y el protestantismo, en los que el yo, como entidad ontológica, y la razón dieron pie a un individualismo que diferentes teóricos de los últimos años han señalado y abordado.
La frase, volviendo a las palabras de Descartes, niega por completo la presencia del otro, olvidando así lo que, en otras latitudes, como Oriente y América Latina, se ha tenido claro: la otredad es una figura omnipresente y necesaria para el ser. La historia ha dejado en claro que, los países de Occidente, Europa y Estados Unidos principalmente, que la negación del otro les ha permitido saquear a diferentes países y enriquecer, vía despojo, sus arcas; de ahí su desprecio y ataque a todo aquello que suene a socialismo o comunismo, es decir, a grupos o varias personas, porque privilegiando el individualismo pueden justificar su postura de competir deslealmente con otras naciones.
Pero el otro juega un papel ético y, en condiciones ideales, la relación entre personas debería llevarnos a una valoración bidireccional, bilateral, dialéctica, en la que sentirnos unos a otros y no pensarse de manera aislada, es realmente el fundamento de la existencia: si alter me percibir sum, si el otro me percibe existo, tiene más sentido esta frase y un sentido más humano. De esta manera, tendríamos claro que nos necesitamos, no con un carácter utilitario como lo fomentan continuamente, sino con plena conciencia del valor de la existencia de cada persona: sólo así la justicia, la igualdad y la ética son posibles.
Lamentablemente no podemos escapar de la historia y de las pautas educativas científicas, por lo que nos resulta difícil pensar en el otro y se tiende a pensar en el otro desde la imposición, desde lo que creo que el otro necesita, pero sin dialogar con él, sin sentipensarlo, sólo determinando y trazando un destino para cada estudiante ¿quién ha hablado con niños, niñas o adolescentes para diseñar el perfil de egreso de todos los niveles educativos?, ¿quién ha hablado con docentes para preguntarles acerca de lo que, desde su experiencia, ven y viven en el aula?, ¿quién se atreve a decir que seguir el mal llamado sueño americano sólo nos llevaría a vivir tiroteos constantes y estar en guerra permanente con todos los países?, ¿qué intelectual consciente y sensible a la pobreza promueve un modelo capitalista en lo económico y lo educativo?, ¿qué ser pensante que usa la razón actuaría negando y atacando al otro?, ¿quién piensa que sigue vigente la frase de Descartes?
Así que podemos establecer que la frase de Descartes jugó un papel importante para la modernidad y la ciencia en el siglo XVII, pero hoy es cuestionable tanto su sentido como su papel en la actualidad, en particular en México y en cualquier país que no sea del irracionalmente llamado Primer Mundo. Quiero terminar con una frase que espero pueda ayudar a entender por qué la racionalidad derivada del cogito no puede ser la máxima: a un recién nacido se le siente y este sentir determina la relación con él; no se le explica racionalmente, por lo que el sentir es lo que ayuda a su existencia, no la razón. Lamentablemente, no hemos logrado sentirnos todos. Veamos entonces qué nos sugiere la razón para mejorar esto: sentipensemos entonces, ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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