Pensamiento crítico educativo

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Sí, urge una cruzada nacional para restaurar la pérdida del pensamiento crítico. Desde funcionarios hasta ayudantes, nos falla esa capacidad sin la cual vivimos a expensas de los demás. Se nos da más fácil el camino de la invención, la tranza y el engaño que el pesado camino del pensamiento y, más, del pensamiento crítico.
La educación de una persona no es si esa persona no conoce, usa y sabe cuándo otros no usan el pensamiento crítico. De acuerdo con la dificultad de entrar por ese camino, desde nuestros programas de clase, planes de estudio y hasta los textos gratuitos “pasan” de estructurar los conocimientos a partir de procesos de pensamiento crítico.
Buscando una definición general, encontré la siguiente:

“El pensamiento crítico es la habilidad de analizar, evaluar y cuestionar activamente la información para formar un juicio propio, objetivo y fundamentado, en lugar de aceptar ideas sin reflexión; implica identificar supuestos, reconocer inconsistencias y buscar múltiples fuentes para llegar a conclusiones lógicas y tomar decisiones informadas y responsables.”

Es la formulación de la IA de Google. Tiene componentes muy claros y condiciones para lograrlo y aplicarlo. Sin embargo, no quedé contento y busqué otro. Y encontré un librito digital titulado: “Manual de Pensamiento Crítico. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) Edición 2024.” Después de una brevísima introducción en la cual explica y justifica la relación del Manual con los planes de la SEP. Se expresa así:

“… está alineado al Plan y los programas de estudio de la SEP, especialmente en lo que corresponde al proceso de desarrollo de aprendizaje en el Campo Formativo: De lo humano y lo comunitario, en su disciplina Educación socioemocional, como parte de la organización de la jornada escolar para la educación secundaria.”

Con lo cual queda claro el trabajo de la SEP en este tema de pensamiento crítico. El libro de UNICEF explica:

“El manual se basa en las 12 habilidades del Marco global de habilidades transferibles del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), las cuales están organizadas en cuatro dimensiones: cognitiva, instrumental, individual y social. La dimensión cognitiva incluye habilidades para el aprendizaje como creatividad, pensamiento crítico y resolución de problemas. La dimensión instrumental incluye habilidades como cooperación, negociación y toma de decisiones. La dimensión individual incluye habilidades personales como manejo de emociones, resiliencia y comunicación. Finalmente, la dimensión social incluye habilidades para la ciudadanía activa como respeto por la diversidad, empatía y participación (UNICEF, 2022).”

Con base en lo anterior, se puede establecer que hay intención y hay herramientas teóricas y prácticas para hacer un proceso de aprendizaje crítico, al menos, en las escuelas secundarias del país. No será fácil, pues no es cuestión de hacer discurso sobre el pensamiento crítico, es cuestión de realizar prácticas sobre problemas o situaciones realistas, cuya solución requiera ejercer las acciones de las habilidades pertinentes al problema o situación que se tome como ejemplo. En general, dominar un proceso de pensamiento supone recurrir a los diversos estímulos de las diferentes partes cerebrales asociadas a las diferentes partes de ese proceso de pensar.
Un ejemplo sencillo comienza por presentar a los estudiantes, generalmente en grupos pequeños, un reto de la realidad. En alguna ocasión escuché a una profesora plantear el reto siguiente: dejar perfectamente limpio el salón de clases antes de salir, y con la participación de todos los estudiantes de ese salón, con el dato de que ese día se tiene la sesión de “recortar y pegar” para construir un papalote que pueda volar en el patio de recreo del edificio de la escuela. Actividad que siempre genera hartos retazos de papel en el suelo.
Los estudiantes responden con una respuesta individual: cada estudiante debe dejar limpio, sin papeles en el suelo y sin objetos en la parte de su mesabanco su lugar. Desde luego, viene la pregunta: ¿y si alguien no recoge sus basuras?, ¿qué hacemos? Y, como es de esperarse, se deriva una serie de intervenciones para obligar al estudiante cercano a los objetos no recuperados. La discusión, a veces con ayuda del profesor/a, se lleva a la pregunta: ¿por qué antes de recolectar no dedican un tiempo a ponerse de acuerdo entre todos los estudiantes sobre cómo van a resolver esos problemas, pues pueden adelantar cuáles serán…? Y así… se empieza a presentar elementos del pensamiento crítico. En el caso: Antes de aprobar un acuerdo sencillo, pero incompleto, revisar el problema y establecer cuáles situaciones lo componen, pues cada una deberá resolverse para conseguir el propósito.
Desde luego, lo anterior es sólo un ejemplo con el cual se trata de hacer una acción en la cual, con ayuda del profesor, se revisan “críticamente” los elementos que constituyen el problema y las diversas soluciones posibles. El pensamiento crítico supone un entrenamiento que deje atrás las respuestas rápidas, los juicios sin fundamento, las decisiones apresuradas, las soluciones parciales donde unos participan y otros se burlan.
Ponga el lector amable otros ejemplos y ensaye con sus estudiantes, si los tiene, o con su familia, el proceso crítico para caer en cuenta cuántas veces caemos en juicios sin fundamento, en afirmaciones apresuradas, en descartes emocionales… y olvidamos ese gran recurso llamado pensamiento ordenado, pensamiento fundado, pensamiento crítico, en fin, pensamiento único.
Este país será otro país si la escuela se empeña en lograr estudiantes capaces de aplicar el pensamiento crítico antes de decidir su conducta o sus deseos.
En dicho campo formativo se establece que su objeto de aprendizaje son experiencias cognitivas, motrices, socioafectivas y creativas que permitan a niñas, niños y adolescentes favorecer progresivamente la construcción de su identidad, el sentido de pertenencia a diversos grupos, la conciencia de interdependencia, la conexión emocional y el compromiso ético para la satisfacción de necesidades humanas (SEP, 2022, p. 134).

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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