¿Para quién hablamos?, qué y cómo decir

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Hablar, lejos de las necesidades de aprendizaje de códigos lingüísticos y el funcionamiento del aparato fonoarticulatorio, implica tener un conocimiento sobre la persona o las personas a las cuales se dirigen las palabras. Así, las formas de hablar que tenemos cambian en función del tipo de relación que guardamos con los diferentes oyentes con los que interactuamos día a día.
Al mismo tiempo, aprendemos a hablar de formas diferentes y compartir cosas distintas con las personas. El qué y el cómo decir son parte del aprendizaje social y en este sentido cada rol que jugamos define dichas formas, pero, reitero, en realidad el otro es quien prácticamente las define.
Así, como maestros debemos emplear siempre un tono conciliador y esperanzador, buscando calmar las emociones cada vez más inestables de los alumnos, así como tratamos de convencerlos que a través de los estudios podrán aspirar todos a un mejor nivel de vida, lo cual aplica cada vez menos, la credibilidad está en declive, principalmente para quienes se encuentran en escuelas públicas: la actitud desinteresada y con falta de compromiso de muchos alumnos así lo muestran.
De manera interesante, el presidente de la República cuenta actualmente con un alto índice de aprobación y sus palabras encuentran eco y respaldo entre sus seguidores. Es interesante porque mantuvo un discurso similar por más de 10 años, pero fue hasta este momento que logró convencer a la gente. No fue entonces el qué ni el cómo, todo se basó en el momento: la validez y la credibilidad vino del cansancio de algunos por las promesas no cumplidas y los resultados que no favorecieron a todos, así como por la fe que nuevos votantes depositaron en él.
¿Qué palabras ha empleado o qué ha dicho para contar con este nivel de respaldo? En realidad, lo mismo que todos, el qué no ha cambiado mucho, pero las formas, el cómo, tienen un rasgo que marca diferencia. Puede recordar la sencillez en el lenguaje que el expresidente Fox empleaba, pero ha mostrado una forma de hablar desde la política poco usual: no emplea comúnmente tecnicismos, salvo que con alguna pregunta se vea obligado a hacerlo, tampoco hace uso de términos académicos, sus explicaciones son sencillas y tiende a emplear frases o términos que cualquier persona, de cualquier nivel económico o académico, entiende con facilidad.
Está marcando un camino, probablemente, para los maestros y para futuros docentes: el lenguaje debe ser comprensible para las mayorías, establecer cercanías con los oyentes. Obviamente ha sido criticado, pero no por las mayorías. Pero regresamos al punto de inicio: todo depende a quien le hablemos. En esta breve reflexión sólo me queda una pregunta por hacer ¿estamos empleando los qué y los cómo adecuados con los estudiantes? No lo sé. El respaldo de las mayorías nos lo confirmará.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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