Padre

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

El día del padre aprovechamos para definir nuestras culpas. Lo que dejamos de hacer: los abrazos que faltaron, la obediencia que eludimos, la mentira con que evitamos una reprensión.
Sólo cuando nuestro padre hace falta caemos en la cuenta de que un buen hijo no sigue sus consejos sino su ejemplo: qué es lo que habría hecho él…
Entonces nos falta el pelo. Aparecen arrugas en los párpados. Una barriga que desafía la gravedad. La paternidad es una suma de consecuencias –genéticas, emocionales, de convivencia– que los hijos cargamos. El afecto es la medida de la resignación.
Ese tercer domingo de junio, la comida sabe diferente. A ausencia. Suele ser un domingo lluvioso con una compañía insuficiente. Los sobrinos que brincan desde su niñez, los más grandes que aburren aburriendo y los tíos que relatan anécdotas inéditas que la memoria retuerce e inaugura.
Cada día del padre se borran un poco más los rasgos. Su cara se difumina y su severidad se suaviza. Todos los padres muertos fueron un pan de Dios. Hombres que sabían lo que hacían: el regaño preciso, el permiso denegado, la orientación con tintes de imposición. El recuerdo mitifica y resignifica.
Los berrinches que nos permitimos, se olvidan. Las ganas de salir de casa para evitar una conversación incómoda. A medida que se fue haciendo viejo, el carácter se le dulcificó. A medida que nosotros nos hacemos viejos, sólo recordamos dulzuras: su voz complaciente, su mirada más allá de nuestros propios ojos. Como escarbando adentro de nosotros el hombre que él mismo era, el padre que pudo ser.
Nadie actúa como padre con premeditación; todos hacen sólo lo que pueden: lo que aprendieron y lo que creen que deben hacer.
Junio es época de inventario. Enumeramos las cosas que le debemos: el tamaño de nuestras manos, que son sus manos; la esperanza que nos inculcó; la persistencia después del fracaso, para volver a empezar.
Su legado está en nuestra manera de caminar. En las cosas que nos enojan y la manera de pasar el domingo. De extrañar al padre que tuvo y que hasta eso nos heredó. Sin lágrimas. Agradecidos. Conformes.
El día del padre nos recuerda el tiempo que nos queda, las cosas que nos faltan para acercarnos un poco a lo que él fue. A lo que somos debido a él.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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