Ocurrencias

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

En el momento menos pensado, ocurren cosas que desearíamos que no fuera a nosotros. Entre ellas, envejecer, que es la constante alternativa a morir, otro acontecimiento que deseamos postergar lo más posible. Penden sobre todos nosotros las dos posibilidades. O nos ocurre a nosotros, o vemos que les ocurre a las personas cercanas. A los vecinos, a los colegas, a los amigos, a los compañeros de escuela, a aquellas personas que recordamos de tiempos pasados. A cualquiera le puede ocurrir.
Mi padre decía, habitualmente con tristeza que, a alguno de sus pacientes, o amigos, o parientes, se le había ocurrido morirse. Quizá el caso más notable fue cuando llegó una paciente a su consultorio, se sentó mientras mi padre escribía en la historia clínica y, cuando volteó a verla, ante su silencio, notó que la mujer se había muerto. “Se le ocurrió morirse”, pocos minutos después de llegar por su propio pie hasta el consultorio y a la silla frente al escritorio de su médico.
Nos ocurren cosas que, no por habituales, dejamos de lamentar. No es que cada uno de nosotros muera todos los días, aunque sí es un hecho que desde el momento de nacer nos embarcamos en un proceso de envejecimiento constante y que poco se puede postergar, a pesar de los avances sanitarios y de la medicina. Aunque nuestras expectativas de vida sana han aumentado de manera notable, no dejará de ocurrirnos. A nosotros y a los colegas que vemos y nos ven. Ya lo cantaba Serrat, el pueblo nos verá morir después de que hayamos tenido la fortuna de vernos envejecer.
De una semana a otra, de una sesión a otra, de una frase a la siguiente, comenzamos a olvidar nuestros argumentos, o el destino de nuestros relatos, o los nombres de las personas, o los conceptos a los que quisiéramos aludir y se nos quedan en la punta de la lengua, enterrados en las circunvoluciones cerebrales que se resisten a expresar en lenguaje. Hemos escuchado a los miembros de algunas parejas y a los miembros de algunos grupos de profesores mencionar que a determinada persona ya se le olvidan las cosas, o ya no oye, o ha perdido agudeza visual. Es algo que sucede todos los días: alguien se jubila, o enferma, o muere, o cambia de trabajo, o cambia de fortuna. Y no es que se “le ocurra”, sino que muchas veces el cambio sucede y quien lo sufre lo hace de manera pasiva, sin que necesariamente pueda oponerse activamente a que suceda.
Así, vemos partir a nuestros colegas y estudiantes. A veces a mejores vidas, tras la promoción de unos o la graduación de otros. Los vemos cambiar de roles o de prioridades, por su propia voluntad o por la oxidación a la que todos estamos expuestos. A veces se adelantan o se atrasan los planes o los acontecimientos. Muchos de nosotros “planeamos” seguir en nuestras labores y en nuestros procesos de aprendizaje y de envejecimiento varios años o décadas más. Hasta que, a veces sin nuestra colaboración consciente, a nuestros cuerpos se les ocurre que ya se aburrieron, o ya se cansaron, o ya con ésas fue suficiente. Y tan sanos y joviales que nos veíamos apenas ayer. “Así pasa cuando sucede”, dice el dicho para justificar los imprevistos.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

  • Roberto Quiroz
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    La última ocurrencia por seguro….sin arrepentimiento posterior…

  • Pablo Morales
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    Siempre san certero mi querido Dr Miran

  • Bertha C S.
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    Tristemente creo que el miedo que han planeado crear en la población, acelerará ese proceso en la humanidad. Ojalá logré la humanidad despertar y se logre unir consciecias en pro de la vida y la libertad.

  • Graciela González Zuloaga
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    Ah… una lectura agradable, amena y reflexiva sin llegar al amargo (para algunas personas) del envejecer. Me gustó.

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