Nuevo espíritu pedagógico
Rubén Zatarain Mendoza*
La presente colaboración está lejos de ser un paseo por la metafísica o por los devaneos que aspiran a la trascendencia con ese líquido término que denominamos espíritu. En el sentido laico y racionalista del artículo tercero sólo cabría encuadrar el hacer educativo desde las coordenadas de lo científico.
Un apunte inicial sería que tiende más hacia la postura epistemológica de Bachelard en el sentido del concepto del nuevo espíritu científico: “Pensamiento crítico que puede rebelarse contra el mundo presente para proyectar acciones que nos acerquen a un futuro que podemos construir”.
Por extensión, tomamos licencia para reflexionar un poco sobre el nuevo espíritu pedagógico como una extensión del nuevo espíritu científico relativo a la formación en doble sentido intergeneracional y como aquel campo transdisciplinar y multidisciplinar que concurre en la pedagogía y de ésta, en aquella que otorga luces en el más amplio sentido de la metáfora de luz al proyecto de formación de las infancias, adolescencias y edades mentales y cronológicas subsecuentes.
El magisterio y su ciencia en construcción, la búsqueda de respuestas y conocimiento para interpretar las coordenadas en las que tiene movimiento y dinámica propia el desarrollo cognitivo y el desarrollo del lenguaje, pilares de la inteligencia que se desarrolla desde la libertad, autonomía y desde la convivencia entre generaciones distintas y entre iguales.
La necesidad de reflexión sobre el acto de conocimiento y participación activa en procesos de aprender y enseñar nos enruta también hacia un proceso comprensivo que ya planteaba la propuesta de Wilhelm Dilthey al abordar el corpus de las ciencias del espíritu (ciencias sociales y humanas-pedagogía).
Dejemos ahí un poco la disertación académica inicial y precisemos que, al abordar el espíritu pedagógico, conscientes del riesgo reduccionista, nos referimos a ese momento inicial donde hay concurrencia de voluntades entre la familia, los niños, niñas, adolescentes y los docentes al inicio de cada ciclo escolar.
Toda una estructura social e institucional que hace que educar sea un asunto estratégico para el desarrollo nacional y de suma exigencia en rigor, porque ahí devienen algunos pronósticos de mejor sociedad mexicana.
La docencia como un oficio de pensamiento y acción reflexiva en la dinámica de la ciencia social, en los constituyentes de las disciplinas que aportan saber al objeto de estudio educativo. El hacer, decir y pensar de quienes han optado por el magisterio como su oficio y sentido de vida, llenarse de luces y regirse por derroteros de ética y compromiso.
La coyuntura de inicio es muy favorable para la suscripción del contrato social y pedagógico necesario para la tarea.
Los maestros y maestras nos encontramos ante otras cohortes de alumnos dispuestos a equiparse con el paquete formativo que ofrece la escuela.
Padres y madres de familia, docentes y directivos, estamos ante la responsabilidad de colaborar juntos para el logro de las metas y objetivos educativos. Nadie improvisa; el saber hacer es necesario y abrir las puertas del conocimiento socialmente construido alimentará ideario y propuesta.
El componente socioafectivo como aportación de madres y padres. El componente de profesionalidad ampliada, los aportes del saber humano hecho puente y andamio en aulas, talleres y laboratorios.
Los libros y pedagogos de cabecera que construyen y ofrecen ciencia y escuela, rigor metodológico y teoría, la historia misma de las ideas cristalizada en el saber y la experiencia de cada maestra y maestro.
Los métodos y el corpus de conocimiento que se encuentran en el acto pedagógico, las tesis e hipótesis provenientes de los campos de la psicología, biología, geografía humana y cultural, filosofía, antropología, sociología, política, administración y economía, entre otras.
La biografía de cada educando, ahora leída en su propio acto de aprender y ser en las aulas y escuelas. La mirada analítica del profesor y el contrato común para el trazado del mapa de ruta para emprender el viaje, para hacerse al camino.
Ahí, en las vetas de un sistema escolarizado que convoca al desarrollo de una propuesta curricular como crisol de lo deseable, están las condiciones materiales de cada contexto y el potencial de los sujetos que aprenderán habilidades sociales y serán los protagonistas de su desarrollo intelectual.
El espíritu pedagógico de los maestros y maestras que complementan la lectura de la realidad y recuperan información de los saberes previos de los sujetos en formación en la lista de asistencia, los ajustes curriculares inherentes a cada grupo escolar y a cada discente que concurre con un paquete de saberes y zona de desarrollo proximal.
La visión constructivista y operatoria necesaria cuando los objetos de aprendizaje tienen que ver con lenguajes especializados como las matemáticas, el desarrollo del lenguaje o la construcción del pensamiento científico y crítico.
Toda la pedagogía a favor de los aprendizajes, todos los recursos de gestión y didácticos a favor del diseño de experiencias significativas; ahí el sentido del nuevo espíritu pedagógico de la docencia situada con enfoque inclusivo y humanista.
Ahí están los libros de texto gratuitos y su potencial uso y lectura analítica en la coyuntura de los temas objeto de aprendizaje. La Nueva Escuela Mexicana y la manera como ahora se convoca a lectura y uso de los libros alineados al contexto en donde deviene el acto de aprender, el acto de acompañar aprendizajes.
El desarrollo cognitivo potencial y alianza y comunicación asertiva entre los actores, más matemáticas, mejor dominio de los lenguajes, la ciencia como campo formativo, la historia, geografía, civismo, formación ética, el arte, la tecnología y el sano desarrollo físico y emocional, el espíritu pedagógico para formar armónica e integralmente entre las dimensiones del ser humano en edad infantil y de adolescencia. Leer, contar, escribir, experimentar, observar.
La práctica profesional y sus áreas de mejora, la sensibilidad a las necesidades humanas y sociales en cada participante en el mundo simbólico de interacciones diversas en la escuela.
La ciencia de lo humano y comunitario en área de mejora, los mejores docentes, los mejores alumnos como ideal ante el contrato social y de tiempo lectivo que inició el 31 de agosto.
Las maestras y maestros que celebran antigüedad al arranque del mes de septiembre y aquellos que inician con el capital científico y metodológico aprendido en sus instituciones formadoras, tienen la responsabilidad mayor de acompañar a las niñas, niños y adolescentes de las cohortes de alumnos que cursan la educación básica.
Que el espíritu pedagógico que estos días iniciales se respira en la escuela no ceda a los gestores y fenicios externos hábiles en sabotear el caro tiempo lectivo al que tienen derecho los educandos.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com