Necesidad de comunicar

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

De la última semana de información nacional destacan dos eventos:

El viernes 18 de diciembre por la madrugada, en un bar de Puerto Vallarta fue asesinado arteramente el exgobernador priista de Jalisco Jorge Aristóteles Sandoval Diaz. Como en la literaria Real de Ánimas, que el escritor Francisco Rojas González describe en su novela “La Negra Angustias” en Jalisco, “Cada pedrusco del camino sabía una historia diferente, de crímenes y de heroicidades; y cada matorral dio más de una vez albergue a la asquerosa serpiente de la codicia”.
La carpeta de investigación y la búsqueda de los planificadores y ejecutores, la impartición de justicia están en marcha.
Hay una sociedad jalisciense en espera de esclarecimiento de los hechos.
La necesidad de comunicación, coordinación en las instituciones garantes de la justicia, la necesidad de confianza ciudadana y seguridad.
Lunes 21 de diciembre, mañanera del incansable AMLO. A 99 años de creación de la SEP, después de José Ángel Ceniceros, es la segunda ocasión que estará a cargo de una profesora de carrera. Las experiencias del Sistema Educativo Nacional a cargo de mujeres son escasas. Ojalá se fortalezca el proyecto educativo nacional y se atiendan límites y responsabilidades en el marco del federalismo educativo.
Con la llegada de la profesora mexiquense Delfina Gómez Álvarez nace otra oportunidad de resultados y de mejora en el sector educativo.
La necesidad de la nueva Secretaría de hacer sinergia, de comunicar con el magisterio. La necesidad de moverse en las arenas movedizas de los 32 proyectos educativos de las entidades federativas. El cincel y el martillo, necesarios para romper la piedra en el zapato de la reforma educativa peñista que persiste, la cultura pseudopolitica fingida SNTEista, que obstaculiza la transformación; la institución anquilosada que opera inercialmente con los mismos perfumados y que da pasos trastabillantes e inseguros como un bebé con dos años de retraso.
¿Es posible el espíritu navideño en este contexto?
Ensayemos respuestas…
De los constitutivos fundamentales del ser humano a destacar, sobresale el deseo de comunicar-se con otros, de encontrarse en diálogo con sus semejantes. A nuestro irrefrenable impulso comunicativo le debemos grandes saltos cualitativos en nuestra odisea como especie.
Otra de las características que hemos desarrollado como hombres y mujeres de corazón palpitante, es la dimensión afectiva emocional para con los consanguíneos, en un primer momento; en un segundo momento, extendido en el tiempo y en el espacio, la dimensión afectiva emocional con los externos, incluyendo el ejercicio de emociones tan poderosas como el odio, la venganza.
En el espectro rico en colorido y matices de la dimensión emocional está la necesidad de fortalecer el núcleo primario de la familia y de practicar valores tan prometedores de la salud de la convivencia como la paz. Está nuestro enriquecimiento personal en esa perspectiva.
Estos días navideños son ricos en expresión verbal y escrita, en expresión musical y creatividad artística de este valor. Somos insistentes y decretamos amor y paz en la Noche Buena; esta vez, seguramente con las lecciones de las pérdidas, con las sillas vacías en las mesas y salas de encuentro.
También decretaremos salud y bienestar para los que queremos en días venideros, para exorcizar la angustia que nos provoca el Covid-19.
Esta vez la sana distancia y el confinamiento de nuevo, imponen un protocolo distinto para las reuniones familiares, para las posadas del barrio, para la manifestación de la espiritualidad en las iglesias y parroquias.
Tenemos que ser creativos y celebrar la navidad de una manera distinta.
Necesitamos comunicar y encontrarnos con el otro.
Hablar, escuchar, compartir afanes, son necesidades primarias.
Las reuniones por zoom o por meet, las videollamadas, el WhatsApp, Instagram, Facebook, Twitter son sólo algunas alternativas.
Tal vez deberíamos escribir y enviar más cartas, tal vez deberíamos diseñar y enviar más tarjetas navideñas, como antaño sucedía; como antaño copeteaban las mesas organizadoras de las oficinas de correos.
Son días también de riesgo de soledad, tristeza y aislamiento. Tenemos que hacer práctica de regulación de emociones y encontrarnos sin ningún riesgo de contagio con nosotros mismos.
Reencontrarnos con ese primer desconocido del ser que ignoramos, del ser silente al que no prestamos oídos, el yo arrinconado, el yo olvidado.
Ese es el reto, reencontrarnos, preparar alas para emprender fortalecidos el vuelo de los nuevos días del ya inminente año 2021.
Demos voz al ser nuestro que busca expresar-se, practiquemos por ejemplo la alternativa del autorregalo.
Autorregalemos amor y conocimiento de nosotros mismos:

1. El juguete aquel que no pudimos tener de niños, los juegos simbólicos por compensar; para navegar y volar mejor por la orografía y los retos de la vida adulta.
2. El pastelillo o golosina, el bolo que no recibimos, la piñata que no rompimos, el chocolate aquel que observamos en las envolturas plásticas y entonces parecía inalcanzable. Nuestra hambre y frustración, las luces sobre la avaricia personal y colectiva.
3. La bicicleta aquella que deseamos pedalear. El sedentario que ahora somos y que necesita urgente luz de sol y oxígeno; pedalear con eficiencia para atravesar la oscuridad del túnel.
4. Reordenemos rompecabezas y juguetes armables, flotemos los barquitos de papel, volemos los avioncitos; inventemos juegos para cuando la normalidad regrese; para cuando las aves de cantos y plumas multicolores posen de nuevo sus alas en nuestros atribulados espíritus.
5. Regalemonos tiempo de calidad para leer la literatura del 2020. Bastantes cosas buenas por leer, bastantes cosas por aprender y practicar, bastante dolor por interpretar y racionalizar.
6. Escribamos aunque sea un enunciado, una palabra sobre nuestras emociones, sobre la manera cómo sobrevivimos. No hay otra manera de monitorear abismos y oscuridades personales.
7. Observemos las estrellas. Saludemos la alineación de Júpiter y Saturno. Regalemonos agradecimiento por las risas compartidas de ayer, por los juegos de mesa que nos enseñaron reglas. La risa como laboratorio necesario para seguir cultivando humanidad, para hacer brillar nuestro cielo, para alinear nuestra constelación.
8. Desempolvemos las antiguas fotografías escolares de las posadas de ayer. Recuperemos las fotos propias y familiares, hagamos álbumes y propiciemos el conversatorio, proyectando a través de los recursos digitales que facilitan la navegación por los valores personales y familiares.
9. Quitemos el candado del arcón de los buenos recuerdos y vayamos en busca de los años maravillosos de nuestra infancia, de las presencias y ausencias que cada objeto trae a nuestra memoria. Volemos la cometa, dejemos rodar nuestro peso y miedos en la resbaladilla y balanceemos el cuerpo en columpio de la esperanza.
10. Repasemos la enseñanza de padres y abuelos, volvamos a sentir su regazo cálido en estos días fríos. Regalemonos la lectura del libro que por falta de tiempo tuvimos que hacer esperar. Vayamos a la cita de las buenas cosas y en ese paseo por la literatura, tal vez encontremos pistas para ser mejores aún en esta condición de emergencia sanitaria y de reto existencial.

Comuniquemos argumentos, razones y emociones. Hagamos espejo de lo que somos en la observación de la propia odisea del otro.
El ser amado, el ser en la periferia de la familia ampliada.
Hagamos comunicación asertiva.
Demos satisfacción a nuestra ingente necesidad de comunicar.
La navidad 2020 puede ofrecer una buena oportunidad.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Patricia
    Responder

    Muchos aprendizajes en este 2020!
    …pero también habrá tiempos mejores!
    Feliz Navidad!!

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