Mundial 2022

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

El aniversario de la Revolución Mexicana se conmemora este año con el vigor de un nacionalismo mundialista. Nadie puede definir la trascendencia de Emiliano Zapata con la exactitud con que Pacomemo Ochoa fotografía en “close up” con sus chinos maquillados. El portero del Tri convoca a la afición a creer en el equipo pese a la falta de argumentos futbolísticos, porque una oncena de idealistas con el atavío de la bandera representan nuestra identidad.
Puestos en la balanza, tal vez el escudo de la FEMEXFUT alcance más “likes” que el desangelado desfile revolucionario. Y eso que se renueva con la frecuencia de nuestros fracasos competitivos. El águila desplegando las alas parece el mantra de una libertad en potencia por sobre la realidad de las derrotas previsibles. Los caudillos muertos a traición se actualizan en la forma de jugadores excluidos de la convocatoria.
Dirigidos por un entrenador argentino cuyo mayor currículo consiste en llegar a finales para perderlas, los seleccionados dan la impresión de acudir a Qatar de paseo.
Siendo la segunda selección más longeva del torneo, sólo la magia de los porcentajes de la FIFA le concede a México alguna oportunidad deportiva. Los aficionados, los periodistas especializados y quizá los propios jugadores, influidos por un pesimismo fundamentado, saben que éste puede ser el peor mundial en treinta años.
Paradójicamente, se trata de la selección de connacionales con mayor número de integrantes que participan en equipos europeos. Casi todos, reservas decorosos o promesas que no cuajan.
El “Tata” Martino se ha declarado a sí mismo “el enemigo público número uno”, lo que en hermenéutica rigurosa significa que el desastre de los resultados es atribuible a las malas vibras de los escépticos, no a la falta de aptitudes del cuerpo técnico.
Históricamente, los mexicanos han demostrado hasta el cansancio que sólo les va bien cuando el dopaje emocional se sobrepone a una advesidad revelada. Bajo una lluvia de balas, el Pípila con el logo de Adidas araña la Alhóndiga de Granaditas del triunfo mítico. A los nuestros les acomoda el heroísmo y las apuestas en contra. La leyenda existe y está escrita; hace falta justificarla.
Lo más temible de Polonia es Lewandowski y el desaparecido papa Karol Wojtyla. En duelo de catolicismo fundamentalista, el triunfo azteca se decide por la fe en la Virgen de Guadalupe y los goles de milagro acometidos por Alexis Vega, único integrante del “Rebaño Sagrado”, por lo tanto, a la altura del misticismo requerido.
Contra Argentina sólo queda echar cerrojo con 9 defensas y una diarrea contagiosa que afecte a los rivales. Y de Arabia Saudita, que el ambiente los achique y, con dos derrotas al hilo, no aspiren para entonces a nada.
Nuestros mejores jugadores verán los partidos en la tele con ganas de que la afición los extrañe. Comoquiera, todos sabemos que México no será campeón. Su éxito y la cantidad de fanáticos que los reciban con matracas en el aeropuerto dependen de cuándo y cómo regresen a casa.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

Comentarios
  • Ana Elena
    Responder

    ¡Oh, triste realidad!

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