Microrreflejos y educación
Carlos Arturo Espadas Interián*
Violación de la soberanía nacional y captura de un presidente, amenazas veladas y directas hacia varios países, presidentes y organizaciones en diversos flancos: financieros, políticos, militares… a la par de inacciones reales de organismos que deben velar por el derecho internacional, la paz mundial y de países que se limitan a comunicados.
Eso mismo se vive en los centros escolares de diversos niveles educativos; se está lejos de entornos laboralmente saludables que operen en marcos de derecho y justicia. Únicamente cuando se desbordan los problemas y se abre a la sociedad y solo si ello genera cuestionamiento de estructuras superiores, se procede a atender la situación; de otra forma, se invisibiliza, pasa desapercibida o se ignora con la conocida estrategia de desgaste que neutraliza movimientos sociales, estudiantiles y magisteriales, entre otros.
Actualmente, el descaro es tal que se construyen narrativas sin encubrir, con sustratos y discursos emocionales, superfluos y sencillos que impactan en el grueso de las conciencias; por ello se busca que la educación siga siendo ínfima para que la población carezca de herramientas que permitan hacer frente a las narrativas que, en su falsa claridad, encubren, distorsionan, legitiman y denigran a quien se quiere neutralizar.
Así se vive en los centros educativos, sin democracia, libertad, formación sólida real más allá del saber hacer y, sobre todo, se está en un nuevo proceso de dominación, domesticación y sometimiento que implica que el estudiantado se alinee al derecho y patrones de conducta pasivos y “pacíficos”, mientras el poder juega en el terreno de lo descarnado, brutal y agresivo desbordado.
Se contiene a la población mientras, de forma clara, se les somete con las mismas estrategias, acciones y valores que se les inculca no deben ser usados. Así se vive en la época del más fuerte, en la mentira social y axiológica, donde las narrativas no son más que cubiertas de absurdos.
Se ha logrado que la población se regule a nivel de grupos y clases sociales, estratos y sectores; se ha neutralizado la lucha social, política y económica real. La población misma, por el proceso de domesticación, que no de educación, autoneutraliza, denuncia y aísla a luchadores sociales.
Es época de amnesia histórica, de ignorar movilizaciones e inconformidades, autoeliminación de disidentes e imposibilidad de visualizar lo que sucede; los amos y dueños del mundo y del poder, incluso en los centros escolares, son los que mienten, inventan, denigran, invisibilizan y quitan libertad con narrativas absurdamente falaces que construyen escenarios que se constriñen sobre los que difieren del modelo y de esas narrativas que apuntalan al poder. Así son expulsados, eliminados, desgastados y borrada la posibilidad de libertad, cambio y todo, todo en nombre del poder.
En este momento, el trabajo docente debe imprimir un cambio substancial para deconstruir y dar herramientas para una sociedad justa o al menos para percibir claramente los sustratos de las narrativas dominantes. Caso contrario, nos esperan años de obscurantismo social.
*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com