Mentiras
Jorge Valencia*
Los mentirosos son autores de ficción. Artistas que actualizan y llevan al límite el principio epistémico de que la única realidad es nuestra imaginación.
Los mentirosos hacen la vida legible. Su interpretación de las cosas es consecuente con una lógica: la suya. Ven elefantes en el armario (o eso dicen) (o sí los hay) y razones inobjetables para llegar tarde a sus obligaciones. Caen tormentas en su patio y los persiguen seres fabulosos que nadie reconoce. Los mentirosos son el centro del universo. Las leyes cósmicas les deben sus principios.
Convivir con un mentiroso es leer capítulos de una novela surrealista en la que se es testigo permanente, sin participación ni juicio, sólo presencia.
La mentira es la realidad sobre la realidad que el mentiroso dilucida y justifica.
Los mentirosos son seres piadosos y creativos para quienes los otros resultan personajes en estado de desarrollo. Homero admiró la cólera de Aquiles. Éste le debe la asunción de una leyenda porque no bastan los hechos; hay que significarlos con acciones extraordinarias. “No hay hechos, sólo interpretaciones”, dijo Nietzsche, y el mentiroso deconstruye y reescribe. Tal vez Aquiles fuera un soldado como cualquiera; Homero lo dibujó como hijo de los dioses.
Los políticos recurren a esta estrategia para contar y cantar sus propias hazañas. No importa el huevo, sino cacarearlo, y los mentirosos se pintan solos. Luis Echeverría se creyó el líder del Tercer Mundo. Tlatelolco lo recuerda como un simple burócrata desalmado.
La mentira tiene la peculiaridad de defraudar a quien la descubre. Los que la detectan nunca vuelven a confiar en los mentirosos. Y basta una sola para cargar con el sino: como el mataperros, el mentiroso llevará el estigma de la mentira el resto de su vida.
Hay mentiras piadosas que se dicen para encubrir una causa noble: el que tiene cáncer, la madre que perdió a un hijo, el marido que tiene una amante… Aunque el enfermo, la madre y la esposa prefirieran a veces la verdad.
Existen los que eligen creer en mentiras. Blancas o negras, piadosas o crueles, por conveniencia o locura. Los locos creen en mentiras que no saben que lo son, al contrario. Los fanáticos, en cambio, se creen la mentira y la defienden como si se tratara de un dogma. De hecho, eso es el dogma, algo que no se puede demostrar porque tiene que ver con la fe.
La civilización se construye a base de verdades que poco a poco se convierten en mentiras o dogmas a través de las generaciones sucesivas. Los mitos son mentiras fundacionales que no se cuestionan y conceden identidad a un pueblo. Nadie las toma por verdad; todos las reconocen y las asumen como parte de su tradición.
Los mentirosos cumplen una función social importante: son los promotores del imaginario colectivo. Trazan prototipos y materializan los sueños. Vientos que deciden el destino de una embarcación, nada seríamos los humanos sin una mentira en popa: el cielo, la justicia, el amor.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx