Maradona en Ciudad Universitaria: el paso del tiempo

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Pese al título, no es realmente una nota deportiva. Hace casi 33 años el ídolo argentino maravillaba al mundo con grandes jugadas realizadas en el Estadio Olímpico Universitario que lo llevaron a ser considerado un ídolo y uno de los mejores de la historia. En aquel tiempo, parecía volar y daba la impresión de que sus pies no tocaban el suelo; hoy su andar fue lento y a la distancia parecía que arrastraba un poco sus pies.
Y es que el tiempo es así, cobra facturas sin importar de quien se trate y va dejando huellas en el cuerpo que se hacen cada vez más visibles.
La primera vez que vino Maradona a México, el país estaba atravesando por dos situaciones difíciles: por un lado, aún se estaban sufriendo los estragos del sismo del 85, por lo que la población estaba ávida de una alegría y de algo que despejara la mente por un momento; por otro, estábamos sufriendo a uno de los peores presidentes de la historia, Miguel de la Madrid, que llevó la inflación y la devaluación a niveles inconcebibles e insoportables. Hoy, aparentemente, estamos en un punto mejor.
Pero ¿qué ha pasado en la UNAM durante la ausencia de Maradona? Se vivieron diferentes movimientos y huelgas en donde pudimos ver, en una de ellas a finales del siglo XX, cómo la vía de solución vino a través de sobrepasar la autonomía que distingue a la UNAM. Hubo también una propuesta de un político panista, del que ya mejor ni siquiera se refiere su nombre, en la que planteaba la posibilidad de terminar con Ciudad Universitaria que, afortunadamente, fue ignorada. Hemos visto también en estos años a algunos rectores alineados completamente con el partido en el poder, lo cual cuestiona nuevamente la autonomía de su gestión y de su elección. Pero esto no es lo más importante: lo realmente significativo es que la UNAM era y sigue siendo una de las mejores instituciones a nivel internacional, lo que devela un proyecto con resultados comprobables.
Esto deja en claro que las instituciones educativas fuertes y sólidas no envejecen, viven un eterno presente en el que sus fortalezas se mantienen y le dan sostén a su trabajo cotidiano. Pero, tal como lo vemos con Maradona, los que envejecen son cada uno de sus docentes quienes, a su manera y en formas diferentes, logran maravillar a sus alumnos-espectadores con sus habilidades y destrezas, dejando huella en cada cancha-salón que han pisado.
Hoy Maradona no salió victorioso, pero terminó el partido recibiendo el reconocimiento de toda la gente que recuerda y no olvida sus glorias pasadas, ¿acaso no es la misma experiencia de vida que tienen muchos de los profesores al término de su carrera laboral?, Maradona pudo pisar nuevamente el césped del Estadio Olímpico, mañana tal vez, se me ocurre, un profesor retirado pueda volver a pisar un salón y tenga los mismos reflectores y reconocimiento. Ya sé que no, pero ¿no es una buena fantasía?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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