Los ganadores del premio Nobel abrieron una puerta insospechada

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzin-Goodin*

Se anunciaron la semana pasada a los ganadores de los Premios Nobel, y deseo resaltar especialmente a los ganadores del premio de medicina, quienes gracias a sus trabajos sobre la inmunoterapia brindan una luz al final del túnel para muchos pacientes que, como yo, hubiéramos visto agotados los recursos tradicionales en nuestra lucha contra el cáncer.
En los años recientes, la medicina oncológica basada en la inmunoterapia ha brindando una oportunidad no sólo de vivir más tiempo a los pacientes con diseminación de las células cancerígenas, sino de hacerlo plenamente. En algunos casos, incluso se ha llegado a hablar de cura para algunos pacientes, aunque vale la pena mencionar, que no funciona igual para todos.
Los ganadores del premio son James P. Allison, de los Estados Unidos y Tasuko Honjo de Japón, y el reconocimiento se hace por sus trabajos con el sistema inmunológico del cuerpo y su contribución para atacar el cáncer, que ha llevado a una clase completamente nueva de medicamentos en los tratamientos oncológicos en la última década.
Las células T del cuerpo, se forman a partir de células madre en la médula ósea, ayudan a proteger el cuerpo de las infecciones, por lo que son conocidas como los soldados del sistema inmunológico. Se sabía que las células T eran capaces de combatir infecciones causadas por virus y bacterias, por lo que estos investigadores se preguntaron si podían combatir el cáncer. La tarea no fue simple, pues las células malignas pueden eludir los esfuerzos de las células T, pues dichas células están programadas para no atacar al propio cuerpo, pero se reconoció que las células T transportan moléculas llamadas puntos de control, que el cuerpo utiliza para cerrar las células cuando es necesario detener una infección.
El Dr. Allison y el Dr. Honjo, trabajaron por separado desde década de 1990 y descubrieron que algunas proteínas actúan como frenos de las infecciones en las células T del sistema inmunológico. Empleando estos frenos, lograron limitar la capacidad de las células cancerosas para atacar, por lo que supusieron que, si se suprimen dichas proteínas podrían transformar la capacidad del cuerpo para combatir el cáncer, ya que las células cancerosas pueden bloquearse en esos puntos de control, destruyendo a las células cancerígenas.
El Dr. Allison identificó un punto de control llamado CTLA-4, mientras que el Dr. Honjo encontró uno diferente, llamado PD-1. Esos descubrimientos hicieron posible desarrollar medicamentos diseñados para quitar esa capa molecular protectora. Dichos medicamentos son conocidos como inhibidores del punto de control.
La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó el primer inhibidor de puntos de control en 2011, y desde entonces cada año ha brindado fondos o aprobado estudios para más de 20 nuevos medicamentos oncológicos que, a diferencia de la quimioterapia tradicional, puede tomarse en casa a través de pastillas, por lo que los pacientes tienen mejores oportunidades de sentirse bien.
Allison, originario de Texas, cuando niño pasaba gran parte de su tiempo libre en el garaje de su casa, jugando con un laboratorio de ciencias. En aquel entonces no imaginaba que el cáncer marcaría su vida, ya que su madre dos tíos y un hermano, fallecieron a causa de la enfermedad, lo cual, sin duda, definió el rumbo de su carrera científica.
Hasta hace unos años, era posible detener el cáncer cuando se detectaba en los primeros estadios, pero una vez que se diseminaba en el cuerpo, se daba por perdida la batalla, básicamente los pacientes sólo contaban con cuidados paliativos. Sin embargo, desde hace unos años que comenzaron a aprobarse el uso de medicamentos de inmunoterapia, se han reconocido varias historias donde los pacientes han sido declarados libres de cáncer. Aunque cabe mencionar que tal nivel de éxito no es para todos, pues hay que reconocer que el nivel de éxito puede ser entre el 35 y el 60%.
Aún así, ha valido la pena intentar ganar un poco de tiempo, por lo que diversas empresas farmacéuticas han visto con buenos ojos el descubrimiento de los puntos de control de las células T y han invertido en la fabricación de medicamentos, que cabe mencionar, son muy caros. Como ejemplo de ello, Lynparza, manufacturado por Astra Zeneca, el cual tiene un costo de 14 mil dólares por mes, aunque para los pacientes con seguro médico el costo disminuye dramáticamente.
El esfuerzo de una vida para estos científicos ha visto el reconocimiento científico, así como el de los pacientes y sus familias que han podido tener unos días más de vida. Personalmente, me he visto beneficiada por estos tratamientos novedosos, y espero ser de los pacientes afortunados y contar con unos días más. Hasta ahora la ciencia no me ha fallado y a pesar de lo complicado que algunos tipos de cáncer pueden ser, afortunadamente hay científicos que buscan con vehemencia las respuestas a las preguntas más complejas, como es el caso de las mutaciones que el propio ADN es capaz de hacer para producir tumores y, para lo cual, aún no hay cura.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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