Limitados visuales, auditivos y sociales

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Es un signo de nuestros tiempos el hecho de que vivimos en una época llamada de las tecnologías de la información… que sirven para mantenernos desinformados y alejados de lo que sucede en nuestro derredor. Es común que, en el vehículo de enfrente, cuando circulamos en coche, el conductor no arranque por estar revisando sus mensajes o hablando por el celular. Es frecuente que nos dirijamos a otras personas, ya sea al cónyuge, los hijos, los estudiantes, los colegas de trabajo y que tengamos que repetir lo que les dijimos, porque esas personas estaban distraídas revisando sus mensajes, viendo videos, escribiendo algún mensaje que consideran “urgente” para ese momento.
Si bien es verdad que esas tecnologías han servido para evitar cansados traslados de un lugar a otro y hacen llegar la información de un lugar a otro del planeta en fracciones de segundo, también resulta visible que la comunicación y la conciencia de los hechos inmediatos se ha visto reducida. No sólo en el caso del conductor que no se da cuenta que ha cambiado la luz del semáforo, sino en muchos casos en que la información necesaria para resolver los problemas a la mano, como subir una escalera, atravesar una calle, cocinar, plantear un problema a la pareja o a los compañeros de trabajo, tarda en llegar por tener que esperar a que se resuelvan primero los problemas a la distancia.
Por una parte, observamos que las personas están limitadas en su capacidad de oír, ver y de tener las interacciones sociales que tuvimos en otras épocas en que era necesario la relación en persona y no a través de un aparato o un avatar digital. Por la otra, observamos que los usuarios de esos aparatos pierden capacidad auditiva, que pierden agudeza visual, que dejan de ver a sus amigos y parientes porque siempre hay información por recibir, generar, responder, difundir, comentar, complementar.
Si es un signo de nuestra época el hecho de que estemos limitados en esos sentidos, de que nos hayamos convertido en mancos funcionales, pues siempre tenemos con nosotros el aparato comunicador, en una época futura tendremos como síntoma de la época la gran cantidad de personas con capacidad auditiva disminuida, con limitaciones visuales y con escasas capacidades para la interacción verbal directa. Comenzamos a verlo en los niños pequeños, pero en los años por venir es probable que las sesiones de clase ya no sean tan presenciales como lo fueron antes, en que la mediación de aparatos multiplique la cantidad de información a la que podremos acceder, pero con el costo de una reducción en el disfrute de las relaciones interpersonales.
Todos tenemos prisa por conseguir y producir más informaciones, como incluso se muestra en lo que Manuel Gil Antón ha rebautizado como el Sistema Nacional de Publicadores (oficialmente Sistema Nacional de Investigadores), y ese síndrome de procesar y generar la mayor cantidad de “me gusta”, de “citas”, de entradas en el currículum vitae, de informes de actividades que sólo son comunicación y escasa intervención en la vida real acabará por tener impactos en la enseñanza y en el aprendizaje. Entre otras cosas, comenzamos a ver que se aprecia y retribuye más a los profesionistas que manejan paquetes de información que a los que contribuyen a analizar y mejorar el mundo. Lo que nos hará aun más limitados social, auditiva y visualmente. Y se menosprecia a quien ve, quien oye y lucha por entender y mejorar la realidad social.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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