Lengua

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Músculo versátil y viscoso, oculto detrás de soldaditos blancos que le filtran los ingresos, la lengua permite tal variedad de funciones que su excelcitud se obvia y minimiza como una esencia espiritual. Con la discreción propia de las almas.
Alberga y alimenta a las papilas gustativas como madre generosa. Es la causa de la dulzura de las gentes y de la amargura, de la salación y la acritud del mundo. Identifica los sabores y los recuerda. Gracias a su memoria prodigiosa preferimos la vainilla y evitamos el orégano. Podemos identificar la tonalidad de un café y el matiz de un jalapeño en escabeche.
Se diría con justicia etimológica que sabemos la vida gracias a su virtud.
Elegimos mujer por su predilección saborífera. Lame las palabras con delectación amorosa y las profiere convertidas en flores, pájaros, luciérnagas. Los poetas tienen lenguas tersas y coloridas.
La lengua es la brújula que guía nuestro viaje a través de las edades. Decide y orienta. Aprueba y repele.
Las hay viperinas, insidiosas, maledicentes. Lenguas de víboras que reptan entre la humedad, zahieren, injurian, mienten. Lenguas que hunden y asestan. Más les valdría segarse, cerrarse, enmudecerse. Convertirse en lenguas muertas.
Los niños aprenden por su conducto. Los viejos, por su costumbre.
Las lenguas abrigan palabras. Las inventan y reproducen y las escupen con gargajos gramaticales que definen las cosas; las precisan para dominarlas. Una lengua vale más que mil imágenes porque las nombra, las aprehende y retuerce. Las lenguas unen a los hombres y a los pueblos. Les dan identidad, raza, lugar en la historia.
Algunas se quedan escritas en garabatos para que otros las escuchen. Algunas desaparecen como los magos. Algunas se imponen sobre las otras o se funden y se fusionan y se procrean.
La lengua no es propia de las personas. Los perros tienen lenguas eficaces y expresivas. Si se cansan, la sacan y jadean para estabilizar su temperatura. Con ella se limpian y acicalan. Muestran su cariño con lamidas efectivas. En eso tenemos mucho que imitarles.
Nuestra lengua muestra odio a la distancia. Se restituye con prodigio y se engrandece y minimiza a voluntad.
El que se muerde la lengua es un impostor. En ellas, los médicos diagnostican enfermedades y los amantes, traiciones.
La lengua es la constancia de Dios. Crea y se oculta. Funda y niega. Conoce y reprende y perdona.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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