Las viejas reformas para los nuevos maestros

 en Andrea Ramírez

Andrea Ramírez Barajas*

Vivimos en un mundo de marcados contrastes que hacen más profundas las contradicciones, la mayoría de los países del mundo han adoptado (como una buena moda que les da prestigio y distinción) el gusto por realizar reformas educativas, la mayoría de éstas no parten de un diagnóstico serio, ni de una detección y jerarquización de necesidades. Parten de una moda y como tal se van “en la moda lo que acomoda”. Son pocos los países que han tomado con seriedad el asunto de llevar a cabo una reforma educativa de “gran calado”.
Para el caso de nuestro país, la reforma educativa (que primero fue laboral y administrativa) y que después organiza los contenidos con cierta visión novedosa pero bajo esquemas y modelos muy tradicionales (dándole prioridad a la información adquirida o trasmitida pero dejando de lado, el uso de la misma, las habilidades y destrezas que los sujetos deben desarrollar para hacer uso crítico de dicha información etcétera).
Por otro lado, tenemos que los docentes que estamos formando (o los que llegan a las escuelas Normales a formarse), ya vienen equipados de un formato nuevo, diferente, forman parte de estas nuevas generaciones (de nativos digitales como se les conoce genéricamente) y que están habilitados o familiarizados con el manejo (relativamente fácil) de los dispositivos móviles, digitales, el uso y el aprendizaje en entornos virtuales, etcétera.
Sin embargo, las escuelas siguen estando equipados o confeccionados para darle salida a repuestas y de trabajo convencional o tradicional (es decir, el docente está parado junto a una pizarra, con pupitres, mesabancos, mesas de trabajo, etcétera), con alumnos frente a él o ella.
De esta manera (y a partir del esquema anterior), se reconoce que estamos ante un contraste (¿o será una confrontación?), entre lo que se proyecta en una reforma educativa improvisada, mal diseñada y los cambios generacionales y la demanda formativa de los nuevos docentes.
Los nuevos docentes son sujetos formados en las instituciones oficiales pensadas o habilitadas para formar docentes, pero que carecen de identidad profesional, que los vincule con el pasado de la profesión. Los cambios tan rápidos y vertiginosos de la tecnología y de los entornos para el aprendizaje dan cuenta, de que las propuestas de trabajo formativo y las habilidades, capacidades e intereses de los sujetos no podrán acoplarse fácilmente. ¿Cómo resolver este acertijo o estas supuesta contradicciones?
Perdón por optar por la salida fácil, pero la respuesta no es sencilla. No sólo ha cambiado la formación, el mundo del trabajo y los requerimientos para trabajar en educación, también han cambiado los formatos para definirse y asumirse como educador o educadora en este momento de crisis y de profundos cambios.
El escenario –como dice Baumann– es muy incierto. Me quedo (cuando menos) con estas representaciones embrionarias que quedan en los sujetos y que dan cuenta de la idea de educar, (el que ayuda, el sujeto que acompaña, el que sabe y trasmite conocimientos, etcétera), pero de ahí en más las cosas se complican por dos motivos: a) por la falta de vocacionismo docente y, b) por las dificultades de la habilidad en la acción mostrada por los nuevos docentes.
Aquí lo dejo para siguientes argumentaciones en este mismo sentido.

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com

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