Las miradas del otro

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Bendita la ajenidad que te permite mirar sin ver;
lo preocupante de ser ajeno es que nubla, a la empatía.

Las infancias que no vemos (El Informador, 11 junio 2022).

No hay más ciego que el que no quiera ver, así dice el refrán, dicha frase suele suceder cuando se normalizan ciertos hechos o fenómenos que en cualquier otro contexto resultan fatales, críticos e indeseables, sobre todo cuando se vive en colectivo, llámense feminicidios, secuestros, desapariciones, migración, cadenas de corrupción y demás.
Todos los días somos testigos de panoramas donde la injusticia, el autoritarismo y la dejadez hacen de las suyas y lesionan los derechos de las personas y, basta con decir que si no me afecta a mí o a mi círculo cercano no pasa nada, lo cual hace que caigamos en el conformismo social, en cambio, cuando somos víctimas de ello nos transformamos en sujetos demandantes, críticos y luchadores contra lo que nos afecta, además participamos en marchas, plantones y hacemos todo lo posible para que se visibilicen los problemas y, de una u otra manera, vivir y participar conscientemente para acabar con los problemas nos hace más conscientes y empáticos del dolor ajeno.
Ejemplos de lo indeseable en el ámbito social hay muchos y, de seguro, seguirán apareciendo como consecuencia del individualismo exacerbado actual, las herencias del Covid-19, la crisis económica permanente, la polarización política y el abuso en el uso de medios electrónicos y contenidos sin el control de los adultos, entre otras cosas.
Año con año se discute y se ponen en tela de juicio las políticas que garanticen seguridad a la población, sin embargo, una y otra vez vuelven a suceder los fenómenos relacionados con la violencia, tanto en lo social, como en los hogares y en las escuelas, en este último espacio no hay semana que no se sepa de casos de bullying y, en algunos casos, hechos lamentables como el caso de la niña de 11 años en Monclova, Coahuila quien se quitó la vida porque era víctima de acoso y nadie lo impidió, o del niño de 1º de primaria agredido sexualmente por estudiantes de 6º grado en una primaria de el Estado de México y que, además, tuvieron la frialdad de subir las imágenes a través de TikTok.
Dónde quedan entonces las políticas del cuidado de niños, niñas y jóvenes, acaso no es la escuela el lugar más seguro para su protección, tenemos que aprender a no ser omisos en cada problema que se presenta, lamentablemente el bullying ha estado muy cómodo en las aulas y hasta se aplaude que alguien sea abusador mientras los hechos no pasen a mayores, como los casos citados de Coahuila, el Estado de México y hace unos años en Guadalajara con el niño “Wallace” y recientemente con Yair en un secundaria de Lagos de Moreno, Jalisco.
No podemos, como dice el epígrafe, mirar sin ver la violencia en los hogares, las calles y las escuelas, es necesario (más allá de organizar instancias que atiendan o castiguen las denuncias), poder generar medidas que puedan erradicar, controlar o, por lo menos, disminuir los casos de abuso para que jóvenes e infantes tengan la seguridad que nadie se va a aprovechar de ellos y, en consecuencia, puedan desarrollar procesos educativos sin que el miedo se los impida.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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