Las culturas normalistas y la Suprema Corte

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Una de las noticias de la semana anterior en el ámbito educativo fue el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a favor de dar prioridad a los egresados de las escuelas Normales oficiales, Universidad Pedagógica Nacional y Centros de Actualización del Magisterio a efecto de participar en la asignación de una de las plazas laborales en el magisterio, en algún momento histórico de asignación automática.
Esto en el marco de la resolución de la acción de inconstitucionalidad 122/2019, promovida por la CNDH, en la que se impugnan los artículos 35, 39 fracción VIII, 40, 44 y 64 de la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (LGSCMM).
Sobre el tema hay opiniones encontradas: los ortodoxos identitarios del normalismo urbano y rural y los egresados de las universidades y sus facultades de Pedagogía con versiones formativas y filosofías múltiples serían lo mínimo del análisis bifronte.
Algunos horizontes de reflexión y diálogo emergen con este fallo, algunas cuestiones a reflexionar y debatir: primero los antecedentes, la obligación de acatar y enseguida la necesidad de comprensión del fenómeno político y politizado.
Los cien rostros que concurren en el imaginario histórico social de la profesión, las mil manos que han formado y deformado lo que constituye el heterogéneo magisterio nacional.
En el ingreso al servicio educativo, la liberalización que caracterizó al sexenio del presidente Peña Nieto sin Elba Esther Gordillo (más tarde icono y nostalgia de algunos y recién manifestante de la marea rosa derechista) permitió el ingreso de “Licenciados” a veces ajenos a la formación especializada en educación preescolar y primaria.
En servicios como la Educación Especial, licenciados en Psicología de extracción universitaria encontraron mercado laboral en el sector educativo en los ochenta, mientras que en el servicio docente de la educación secundaria, desde su masificación en los setenta, era ya práctica común la presencia del profesional universitario en las áreas y asignaturas (más en modalidades como secundaria técnica y telesecundaria).
El Estado como empleador de maestros y maestras, la contracción del mercado de trabajo y otras causas delinean el estado de cosas, como la reforma del normalismo de mediados de los ochentas y el desorden de los RVOE de la SEP para el otorgamiento de registros a gestores peregrinos o universidades privadas laicas y clericales con licenciaturas y posgrados de dudosa reputación en materia de calidad e infraestructura mínima.
Por otra parte, parece haber consenso en que las prácticas educativas no reflejan gran diferencia de procesos y resultados entre ambos perfiles.
Hay diferencia parcial en la manera como operan saberes, experiencias, dominio de grupo y cultura evaluativa; hay diferencia en términos de militancia político-ideológica en la educación pública y en el ejercicio de los liderazgos comunitarios y desarrollo social.
Un tema poco documentado son las prácticas hereditarias, nepotismo y compadrazgos barnizados de legalidad que durante mucho tiempo fueron consentidos sindical y oficialmente y que ahora representan verdaderas fracturas de identidad, calidad e inmovilismo.
El ser y hacer normalismo real o improvisado, el ser y hacer magisterio, es responsable en parte del escenario de calidad insatisfactorio socialmente.
Más elementos explicativos del fenómeno: el compromiso del actual gobierno con la agenda de los maestros, la evolución del mercado de trabajo y la planeación artesanal en la creación de empleos, la pirámide poblacional y la disminución numérica de las infancias y adolescencias; la capacidad de movilización y política de las escuelas Normales y de otras instituciones recientemente, como la Universidad Pedagógica Nacional.
El SNTE y la CNTE como fuerzas políticas de afiliación de los nuevos maestros es otro punto a comprender del normalismo; su manera de gestionar con reflectores y en lo oscurito antes y después de la Cuarta Transformación (con todo y listas de prelación de USICAMM) impacta la cultura y dignidad del normalismo que se difumina muy fácilmente en las mentalidades pequeño burguesas colectivas de hoy.
El SNTE de 2013 a 2018, en espera aún del juicio de la historia, su garlito de “jugada al pastor” de voto universal que ha dado a luz las actuales dirigencias y el mimetismo eficaz para sumarse a la cuarta transformación que en materia de mejora sustantiva del normalismo ha quedado a deber.
El ensayo Jalisco PRI-MC de los tres últimos sexenios de concursos de dados cargados para asignar las direcciones en escuelas Normales, unidades de UPN, CAM y posgrado.
La necesaria auditoría laboral y académica a estas instituciones es tan sólo un rubro; extirpar los intereses sindicales, de nepotismo y familiogramas enquistados es por lo menos un segundo frente de trabajo.
Otro frente es la evaluación y contraloría social de los formadores y de sus directivos. Hay casos donde la propuesta curricular de la Nueva Escuela Mexicana, a pesar de llevar algunas generaciones, ha pasado de noche, evidenciado en el análisis de los resultados en los exámenes que, a manera de juego de niños, aplica USICAMM en formatos digitales contra el tiempo, la razón y el pensamiento científico.
La CNTE y sus paros, la CNTE y sus propuestas para los estados del sur, los 43 de Ayotzinapa y la izquierda apresurada de una cuarta transformación tibia en su segundo piso que no ha podido romper los moldes ideológicos y de práctica educativa cosificadora.
Las escuelas Normales, los CAM y las unidades UPN, los posgrados y su transformación pedagógica urgente y necesaria.
El perfil de egreso y las salidas, las misas de acción de gracias de los nuevos maestros y maestras laicos(as) y científicos(as) y las graduaciones, los miedos y angustias de los egresados con orfandad de relaciones y formación. La prelación y la selección de los “mejores”, la frustración y los desempleados.
La asignación de la plaza automática para escuelas Normales oficiales, su eliminación formal con la publicación de la Ley General del Servicio Profesional Docente el 11 de septiembre de 2013.
El comunicado 507 del 30 de noviembre de 2016 suscrito por el entonces secretario Aurelio Nuño Mayer fue explícito en este sentido de que: “Se acabaron las plazas automáticas para los normalistas”.
El Artículo Tercero de la Constitución de 1917 reservaba la formación de profesores como facultad exclusiva del Estado mexicano, situación modificada cuando se aplica una especie de liberalismo en la materia.
El ANMEB, la reforma al artículo 3º de 1993 y la publicación de la Ley General de Educación.
El enfoque en materia de formación de profesores evolutivo e involutivo curricularmente, la noción de normalismo de cultura extendida, progresivamente agregado el escenario de creación de instituciones como el IFCM, ahora CAM (decreto presidencial de 1944), y la Universidad Pedagógica Nacional (decreto presidencial 29 de agosto de 1978).
El mensaje del candidato y luego presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de la mal llamada reforma educativa y su evaluación punitiva que llevó a la jubilación apresurada y al cese de algunos compañeros por la “no idoneidad”, la coyuntura política para la reforma y la revalorización de las instituciones que los forman.
Sería bueno que instituciones de educación Normal, CAM y posgrado que en estos días estrenan directores y directoras en Jalisco no olvidaran el proyecto de dignidad y el contexto nacional en el que idealmente tendría que formar una propuesta curricular para nuevas maestras y nuevos maestros.
La presencia de docentes legisladores en el Congreso desde 2018, las leyes contra la reforma educativa peñista que condujo a la reforma legislativa de 2019.
Las niñas, niños y adolescentes como población destino de esas prácticas de formación que se materializan en las aulas de las escuelas Normales.
Sigamos documentando el tema y potenciemos la reflexión:

A la tradición formativa que caracteriza a estados como Jalisco, ¿cuánto del escenario de la alternancia política y democrática nacional y estatal le ha beneficiado al proyecto de formación de las escuelas normales? ¿Qué sería del normalismo sin el paradigma de la pedagogía neoliberal? ¿Qué aconteció con la formación de formadores en esta perspectiva? ¿Cuánto se ha avanzado en la emancipación y formación del pensamiento crítico? ¿El compromiso ético de la revalorización social y pedagógica del magisterio tiene su concurrencia en la mentalidad individual de los nuevos egresados? ¿Qué sería del normalismo y de la cultura magisterial en México sin ese SNTE oportunista, corporativo y opaco? ¿Sin esa CNTE inquilina del Zócalo de la Ciudad de México?

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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