Lápices de colores y hojas por usar

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Empieza la cuenta regresiva de los últimos días del ciclo escolar 21-22, vienen días de rendición de cuentas y evaluación del Programa Escolar de Mejora Continua y del Plan de Trabajo Individual, tal como lo proponen las guías para el desarrollo de la octava sesión de Consejo Técnico Escolar, calendarizado para el 24 de junio.
La mirada retrospectiva necesaria, la madurez en el desarrollo institucional, la integración del equipo, la docencia y la gestión eficaz, el trabajo colaborativo, el tramo avanzado en materia de comunidad de aprendizaje, la acreditación y aprobación de los estudiantes.
En el interludio, el homenaje a los padres de familia, los ausentes y los presentes en la corresponsabilidad de educar estas demandantes generaciones.
La necesaria mejora de la relación y la comunicación, el sueño de la participación activa de madres y padres.
Los buzones y las cartas de los alumnos y alumnas de secundaria que expresan en su particular lenguaje, toman distancia afectiva del perfil de padre no comprometido y echan de menos al modelo ideal de padre que construyeron en la infancia.
Avanza el mes de junio y las nacientes lluvias ya cambian el paisaje de los ocres a los verdes tiernos en las faldas de cerros y valles, los mapas socioemocionales y actitudes de los niños, niñas y adolescentes.
La renovación de la vegetación y el estado festivo de la tierra que bebe y sacia su sed mientras los campesinos la trabajan con ahínco, la acarician, en un ir y venir de tractores y gente que ya siembran las nuevas semillas.
El calendario escolar y su sincronía histórica con el movimiento del campo en los rincones rurales del país, los pies de los menores de edad enfundados en huaraches, para hacer trabajo al lado de sus padres.
Los días de lluvia de junio, el recuerdo nostálgico; los días aquellos, la generación de adultos que ahora somos educadores, la participación en la entrega de trabajos manuales y presurosos, el repaso de los apuntes para presentar los exámenes finales.
Recuerdos personales transportan al cenicero aquel del azulejo beige y canicas negras de segundo grado de primaria, el dibujo del conejo saludador de rostro rosado como interpretaba la piel humana, hecho en un vidrio cuadriculado y pintado con pinturas Vinci en sexto grado; el librero de madera de pino elaborado en tercer grado de secundaria.
Los exámenes finales olorosos a tinta de mimeógrafo, que acariciamos con las manos infantiles y exploramos con ojos curiosos.
Los tiempos aquellos de exposición de trabajos manuales, los proyectos integradores de hoy y las muestras de ciencias y artes al exterior de las aulas.
Estos días, los pequeños y pequeñas que asisten a la escuela corretean en sus recreos, hay una auténtica algarabía y manifestación de alegría, muy relacionada al ciclo del agua, que al caer en forma de lluvia o granizo ya forma los primeros riachuelos y charcas.
Ojalá el aprendizaje también cayera del cielo.
Los docentes sudorosos y agobiados por las tareas evaluativas del tercer trimestre, por el adelanto del cierre del ciclo escolar que acorta 9 días laborales. Recorte que impone el ajuste a la planeación didáctica y el plan de evaluación de los aprendizajes; apresurados también por los cursos de actualización emergentes para los procesos ilusorios de promoción horizontal suministrados por el poco prestigiado Usicamm.
Evaluar con enfoque formativo y humanista, una de las orientaciones que enfatiza la Nueva Escuela Mexicana, bajar la cuerda ante un territorio de desarrollo cognitivo acotado por la emergencia sanitaria y una educación a distancia para la que nadie estaba preparado, los desacomodos emocionales y la pérdida de interés y atención, el reto de la inclusión en materia de conocimientos.
Los cuadernos con hojas sin usar, los lápices a media gastar, los aprendizajes a medias.
Las lecciones de voluntad y acomodo psicológicos, la resiliencia donde todos los educandos acreditan y se convierten en maestros en saberes esenciales de sobrevivencia.
Los componentes del aprendizaje humano extraescolar con los que habrá que trabajar sistemáticamente.
En las mochilas de los educandos de educación primaria y secundaria los libros de texto gratuitos en algunos casos a medias, se convierten en este momento, en accesorios secundarios del aprendizaje.
La desconocida eficacia de los saberes aprendidos con la mediación del libro en un microespacio de aula donde se genera discurso oral y explicativo, pero se conoce poco el aprendizaje real que se produce.
Los saberes aprendidos en materia de práctica docente, tiempo de aquilatar en experiencia sistematizada el alma del ser docente práctico y reflexivo, tiempo de meta-evaluar todo, en un ciclo escolar atípico por las circunstancias, pero también por el hacer y el decir de algunos tomadores de decisiones en área administrativas y de recursos humanos.
Las libretas de apuntes donde quedan hojas en blanco, las nuevas palabras no escritas, los dibujos no coloreados, las cuentas no resueltas, los esquemas y mapas conceptuales postergados; los corazones por hacer por las adolescentes secundarianas y preparatorianas.
Los breves apuntes en las libretas de los escolares, la calidad del trazo, la comprensión de lo escrito.
La habilidad de la expresión escrita en crisis por el vasallaje implícito a las mediaciones tecnológicas.
Los callos en los dedos cada vez menos presentes por la escritura en teclado y pantalla.
La generación de los padres y maestros que hicieron callo con el uso del lápiz en las planas y las prácticas de caligrafía, los saberes de museo por resignificar.
Las mochilas y los bolsillos de los niños de preescolar y del primer ciclo de educación primaria, llenos de piedras y envolturas de caramelos y una docena de coleccionables más de los acuciosos e imaginativos coleccionistas.
La psicogénesis del ser humano en cada una de esas prometedoras biografías, el proceso de clasificación y de apropiación del mundo externo con una objetividad palpable a nivel de mano, la irrenunciable formación de habilidades.
Los lápices de colores a medio usar en cajitas sin tapa o en bolsas rotas, que descansan en el fondo de las mochilas, que lucen tirados en los jardines.
Esos con los que se dibujó y coloreó la bandera nacional y la casa de puertas y ventanas con montaña al fondo y nube acolchonada que ya es de uso común.
La comunicabilidad de los dibujos y los temas que aborda el dibujo infantil.
La esperanza, la paz y los valores incoloros; los miedos y las angustias del educador y el educando contemporáneo en grises y oscuros.
Los colores a medio usar tomarán descanso antes de que el artista en ciernes en cada niño, los vuelva a hacer vivir en sus manos.
Los cuadernos con hojas blancas, la escritura potencial en espera.
La cultura escolar y la práctica de la lectura y escritura (los colores del corazón humano y de la naturaleza), aún por revalorizar socialmente en los grupos económicamente más desprotegidos como medio de comunicación con el mundo.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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