La universidad, según su ciudad

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Hace casi cuatro décadas, charlando con unas colegas psicólogas, una de ellas comentó: “me da gusto que la universidad ya tenga letreros para orientar hacia dónde está el campus”. Expresé sorpresa y pregunté que en dónde se encontraban esos letreros de la Universidad de Guadalajara que ella mencionara. La colega respondió un poco extrañada y aclaró que ella hablaba de otra institución. Imprudente de mí, me atreví a decir: “Ah, de ésa. Yo creí que te referías a LA Universidad pública, con mayúsculas”. Mi comentario no fue muy simpático y agradezco que, pasados los años, esa colega todavía me dirija la palabra cuando nos encontramos en alguna reunión de la amiga que tenemos en común.
Desafortunadamente, tuvieron que pasar varios años más para que en la ciudad de Guadalajara comenzaran a fijarse letreros para orientar hacia la universidad que lleva el nombre de la capital del estado, en vez de llevar el de Jalisco. Algún funcionario de la universidad se preguntaba en algún momento: “¿por qué no tenemos alguien con la iniciativa de decirle a alguno de los trabajadores de mantenimiento: ‘a ver agarra este trapito y ve a limpiar el letrero, que ya ni se ve’?” Probablemente la respuesta esté en la escasa cultura que existe en nuestra ciudad, y quizá en nuestro estado y en varias partes del país, de instalar la señaléctica necesaria para guiar a los viandantes. Es difícil saber porque calle transitan peatones, automovilistas y demás usuarios de las calles.
Es irónico que, en un país donde el tren metropolitano de la Ciudad de México cuenta con una señaléctica y es una de las iconografías más claras del mundo, y la segunda ciudad del país no tenga las indicaciones suficientes para saber en qué parte de la ciudad se ubica quien la recorre o el destino al que se dirige. ¿Cuántos años tienen los escasos letreros que hay en la zona metropolitana de Guadalajara? Hay zonas en que estos no se han instalado a pesar de estar habitadas desde hace décadas, y hay otras en que son relativamente recientes, pero que no necesariamente reflejan los nombres oficiales ni los convencionales y que sólo tienen un letrero que no coincide lo que dicen los mapas, ni con los nombres que sabe la gente que tienen las calles.
Así, como locales de esta ciudad, sabemos más o menos dónde está cada calle, pero hay que reconocer que, para los turistas o los vecinos nuevos que cambian de barrio, es desconcertante no saber siquiera cómo se llaman las calles por las que transitan. No sólo no hay letreros en las esquinas, tampoco hay mapas de los barrios que permitan planear los viajes en esta ciudad.
Los agentes encargados de las decisiones en una universidad que cuenta con licenciatura y posgrados en geografía y ordenamiento territorial y con licenciatura y posgrados en diseño, se han comportado en concordancia con esta metrópoli: no sólo siguen siendo escasos en la ciudad los letreros que puedan servir de guía para llegar a sus distintos campus sino que, dentro de ellos, priva la misma lógica: “olvidarse” de poner letreros para saber en qué área, edificio, salón, especialidad se está o hacia dónde hay que dirigirse. Ni mapas en las entradas de cada campus. Cualquier centro comercial de capitales y ciudades de menor importancia cuenta con mapas interactivos (o sea, con foquitos que se encienden al pulsar un botón y con puntos de referencia) que ayudan a los clientes a ubicar los productos que buscan en el espacio. Quizá LA Universidad, la que lleva mayúscula, podría comenzar por poner un buen ejemplo y colocar mapas y señaléctica suficientes en sus campus y edificios. Y ¿por qué no? Bautizar sus edificios y pisos o aulas dentro de ellos, con los nombres de los héroes y pioneros de cada disciplina en vez de simples letras y números.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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