La regulación del Doctorado en educación en Jalisco ¿de quién es el monopolio del conocimiento?

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace unos meses se publicó un libro en Editorial Gedisa coordinado por Alicia Colina Escalante y Ángel Díaz Barriga, titulado “Formación de investigadores. Una tarea de los posgrados en educación en México” (2019), dentro del cual se hace un recuento de algunos programas de doctorado avalados o que forman parte del padrón del CONACYT como posgrados de calidad, de ello no pretendo referirme a la obra en esta ocasión, pero si a tres aristas que se desprende de la misma:

• ¿Cómo es la formación de investigadores que incide en el campo de la educación?
• ¿De qué manera la generación de conocimientos que se producen en los programas de doctorado en educación inciden en la toma de decisiones en la esfera política y en mejores prácticas y resultados educativos en torno al funcionamiento del sistema educativo nacional?
• ¿Cómo, la formación de investigadores, a partir de los programas de Doctorado son capaces de generar cuadros que sirvan como referente para conocer mejor los fenómenos o los problemas del sistema y para incidir en la resolución de dichas problemáticas?

Así las cosas, en el estado de Jalisco tenemos una pobreza intelectual en cuanto a la formación de sujetos que se dediquen a la investigación de alto nivel con el compromiso de generar o de producir nuevos conocimientos que contribuyan a que el sistema funcione mejor.
Si bien la UdeG tiene una oferta educativa diversificada pensada en la formación de cuadros de alto nivel a través del trabajo y las contribuciones de sus centros universitarios, temáticos o regionales. Sin embargo, debido a su enclaustramiento so pretexto de la autonomía universitaria, los docentes que trabajan dentro de su sistema universitario no fueron formados en el origen para estar en educación, ni tampoco, los programas educativos inciden en una mejoría de su desempeño profesional. Al interior de esta Universidad predominan una serie de prácticas endogámicas a través de las cuales se reproducen los cuadros que le dan vida. Los grupos al interior de dicha Universidad (que también son grupos de poder) están mucho más preocupados por mantener a toda costa dicho poder y poco interesa la generación de conocimientos nuevos.
En la SEJ podemos hablar de sólo dos programas de Doctorado: el que oferta el ISIDM, Doctorado en Investigación Educativa Aplicada desde 2010 y el de la UPN (Unidad Guadalajara), que opera en formato regional, ya que se comparte con algunas entidades de la región Centro-Occidente según lo marca la ANUIES, dicho programa está centrado en el Desarrollo Educativo con énfasis en Formación de Profesores, el cual es generacional y dura tres años en cursarse.
¿Para que sirve un programa de Doctorado en educación? Me parece que esa es la pregunta clave. En términos formales un programa de Doctorado en educación cumple con tres funciones básicas:

a) Formar investigadores de alto nivel que se sumen a las instituciones educativos para generar conocimientos nuevos y socialmente pertinentes.
b) Para generar conocimientos nuevos que incidan en la toma de decisiones y en el diseño de políticas públicas de acuerdo con la demanda social y a las necesidades socialmente objetivadas, las cuales tienen su origen en la opinión pública, o en la que la sociedad demanda.
c) Reconocer la realidad educativa como una complejidad que implica estudiar fenómenos complejos para mejorar las prácticas y los resultados educativos y, en general, hacer más armónico el funcionamiento del sistema.

Es lamentable saber que el apoyo a los Doctorados de la educación pública en nuestra entidad pasa por el reconocimiento del SNTE, ¿con qué cuentan las instituciones públicas para operar un programa de Doctorado? No existe ningún tipo de apoyo formal o adicional dirigido a los sujetos en formación y ni siquiera disfrutan la llamada “beca comisión” para formarse, ¿entones?
Los doctorados en educación o en cualquier campo de conocimiento forman una masa crítica que contribuye a reorientar el rumbo de la atención educativa de frente a la sociedad. Esto pasa rigurosamente por la producción y circulación de conocimientos. ¿Entonces, por qué el marcado desinterés en apoyar a las instituciones públicas que tienen la posibilidad de ofrecer programas de doctorado para formar investigadores? Yo no tengo la respuesta, habría que buscarla con los funcionarios de alto nivel y los tomadores de decisiones. ¿Por qué el descuido de lo que implica formar para producir conocimientos nuevos?
Ahora bien, como ya lo demostró acertadamente la Dra. Ma. Guadalupe Moreno Bayardo, no es lo mismo formar para la docencia que formar para la investigación, las distinciones de formarse vinculadas al asunto del conocimiento implican un tratamiento adicional y que nadie ha atendido hasta ahora. Lo que tenemos es simulación, escaparates políticos y promesas incumplidas. ¿Qué se requiere instalar institucionalmente para que operen programas de doctorado y cumplan con los objetivos para los que fueron creados? Dicha respuesta implica una próxima reflexión.

Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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