La región de los inconclusos

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Algunas obras se han cubierto de fama precisamente por no haber sido terminadas jamás; o por haber permanecido en condición de obras inconclusas durante mucho tiempo. Éstas Unvollendete, por usar el término alemán con el que se conoció por mucho tiempo una sinfonía de Schubert, se dan en todos los ámbitos de la creación humana. Así, en el caso de Franz Schubert, se cuenta que abandonó la composición de la obra al enterarse, a un mes de comenzada en 1822, que padecía de sífilis. Así que se la dio a su amigo Josef Hüttenbrenner, éste a su hermano Anselm, quien la hizo llegar a Johann Herbeck, y él se encargaría de dirigirla en Viena por primera vez el 17 de diciembre de 1865.
Los casos de tareas comenzadas y que nunca se terminan, o que las terminan otros mucho tiempo después, se multiplican en la historia de la humanidad. En las artes, especialmente en las plásticas, destacan las obras arquitectónicas que alguien comienza cuando se vislumbran recursos para culminarlas. O que se inician como una forma de presionar a los mecenas y autoridades para que no salgan con el pretexto de “sí traigo, pero no suelto”. Pienso en la Sagrada Familia de Barcelona, pero también en los templos expiatorios de Guadalajara y de León, entre otras obras de connotaciones religiosas.
Las obras literarias y científicas inacabadas llenarían una lista larga… tanto que es cuestión de nunca acabar. Como dice el título del libro de Günther Grass, “es cuento largo” (como traducción de una expresión que en alemán hace referencia a un “campo amplio” = ein weites Feld). Ciertamente, los textos que se comienzan y no se terminan podrían cubrir amplios territorios. Desde obras de autores prolíficos como Marx o Gramsci, hasta las intentonas de tesis de grado de muchos de los universitarios de todos los tiempos. O, al menos desde que se ideó el requisito de solicitar tesis como trámite para recibir el título de especialistas en algo.
En Jalisco tenemos ejemplos que ocupan notables espacios. Se sabe de un tren que debió terminarse hace muchos meses (y quizá se extienda el periodo sin que veamos el final durante años o décadas), cuya construcción se extiende entre Tlaquepaque y Zapopan, pero cuyo funcionamiento todavía no tiene visos de lograrse. El famoso santuario de los mártires (de la guerra cristera) es otra obra que pinta para inconclusa.
Tenemos obras universitarias que despegan con una primera piedra que muta en piedra única durante años, hasta que, poco a poco, se ve acompñada por otras piedras más que van dando forma a obras que crecen, titubean, se reforman, se derriban parcialmente, se nutren de adendos temporales y que pueden prolongarse en el tiempo sin lograr extenderse en el espacio. Es el caso de algunos centros universitarios que han tardado años en consolidarse. Como el CUCSH, que recuerda los procesos de bipartición celular al ser un solo centro universitario en dos ubicaciones distintas (uno en el centro de la ciudad y otro en los suburbios, si nos guiamos por sus códigos postales). Pero que bien podría llegar a ilustrar otros procesos como la gemación o la esporulación si le damos tiempo suficiente para reproducirse, aun antes de haberse concluido.
No sabemos si estas obras alguna vez se terminarán. Si habrá fondos o formas para culminarlas. O si habrá intrépidos que las den por terminadas con algunas varillas visibles, o quien llegue y decida que “ya con ésas” basta para servir a los universitaros de la región. El caso es que en estos espacios educativos es difícil saber si ya acabamos o ya mero. Quizá es que ya casi.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Manolo
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    La deuda impagable de la línea 2 se clonó con la deuda de la línea 3, y será sepultada por la deuda del metrobús en el periférico la cual se anida en la debacle de la villa Panamericana y otras inversiones de las pensiones en desarrollos turísticos inacabados. Así como la universidad pública estatal que no termina de ser. Incomplitud como rasgo cultural.

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