La peligrosa tentación del ad vericundiam o de cómo no debatir con una Vaca Sagrada
Luis Christian Velázquez Magallanes*
El término de vaca sagrada se implementa para hacer referencia a un personaje que, por su condición sobresaliente o por su prestigio, goza de admiración incondicional, de concesiones o tratos preferenciales.
La noción puede referirse también a instituciones que, por alguna extraña circunstancia, son consideradas intocables y, por esa etiqueta, no pueden criticarse o cuestionarse y, mucho menos, se piensa en la posibilidad de analizar o modificar sus principios rectores. Se presentan como losas inamovibles.
Su estatus de privilegio se origina por la relación que dicen tener con lo sagrado, por sus aportaciones académicas o por su sentido moral. Se presentan como faros que orientan a la humanidad con su inmensa sabiduría.
Históricamente, la expresión fue acuñada por los ingleses al inicio del siglo XX —por lo menos de eso hablan los registros— cuando observaron cómo en la India las vacas eran consideradas animales sagrados y recibían un trato preferencial.
En el terreno de la argumentación, se relaciona directamente con la falacia ad verecundiam. La falacia de falsa autoridad consiste en validar un argumento porque es enunciado por alguien con una supuesta autoridad, aunque no se presente evidencia para sustentarlo o validarlo.
Durante la Edad Media se utilizaba la locución latina Magister dixit para recurrir a Aristóteles, quien era considerado la máxima autoridad en cualquier ámbito; las discusiones medievales, sin importar el área de conocimiento, terminaban cuando se invocaba al estagirita.
Es innegable el aporte de Aristóteles en la consolidación de la lógica de predicados y sus atribuciones a la biología como ciencia, pero sus aportaciones en el terreno de la física, al no cuestionarse y aceptarse como verdades absolutas, estancaron su progreso.
Linus Pauling, aplicando los descubrimientos y avances de la mecánica cuántica, explicó cómo se formaban las moléculas a partir de enlaces. Sus investigaciones le valieron la obtención de un Premio Nobel de Química en 1930 y sus gestiones para el desarme y contrarias a las pruebas nucleares le otorgaron otro Nobel, el segundo en el terreno de la paz.
La jerarquía y respeto del químico estadounidense provocó que sus declaraciones sobre el consumo de altas dosis de vitamina C para curar desde un resfriado común hasta cáncer se consideraran como válidas, aunque ningún estudio médico las respaldara.
Aunque parezca inverosímil, al interior de la misma disciplina científica se comenten errores argumentativos de esta naturaleza. Albert Einstein, a pesar de haber sentado las bases para el avance de la física cuántica, negaba el descubrimiento de Heisenberg expresado en el principio de incertidumbre. Es memorable el ad vericundiam de Einstein con su expresión: “Dios no juega a los dados con el universo”.
Si las mentes más brillantes han caído en la tentación de considerar sus juicios como verdades absolutas en campos que no corresponden a su dominio, ¿qué podemos esperar de aquellos que no son especialistas en nada y sí, muy rápidos de juicio?
Pero, ¿qué se hace en la actualidad, donde todos se presentan como expertos en cualquier asunto, aunque no se posean capacidades discursivas para la oralidad o la escritura, haya ausencia de habilidades argumentativas y ni interés por acercarse a los avances y descubrimientos de las ciencias? Las escuelas egresan profesionistas especialistas en trending topics y en posicionamiento de hashtags para estar en la tendencia del orbe. No importa averiguar o verificar la veracidad del contenido; importa más estar en boga.
La reflexión y abordaje de los problemas educativos se encuentra repleta de falacias y de vacas sagradas que, ya sea por el prestigio que consiguieron con alguna propuesta o por su posición privilegiada, caen en la tentación de expresar sus opiniones mortales como si fuesen verdades absolutas.
Lo cierto es que el magisterio se encuentra en un momento histórico donde las condiciones materiales deben provocar una reflexión que incida en los verdaderos problemas de la realidad. No puede haber una lectura crítica de la realidad si no hay una verdadera conciencia histórica. Parece que la relajación y confort del magisterio es un síntoma inequívoco de su enajenación.
El escenario está puesto y quizá el verdadero cambio se encuentra en la toma de conciencia de cada escuela. Para ello, se debe revisar qué necesidades educativas puede el colectivo escolar atender y, diseñar desde la horizontalidad y democratización de procesos, la toma de decisiones de mejora continua. Esta perspectiva necesita del trabajo y asesoría del Comité de Evaluación y Planeación, del Consejo de Disciplina Escolar, de la sociedad de Padres de Familia y del trabajo colaborativo de toda la comunidad escolar como un todo. Y, en caso de ser necesario, reconocer que existen aspectos que no se pueden abordar por ignorancia y es necesaria la intervención de verdaderos especialistas.
*Licenciado en Filosofía. Profesor en la Escuela Secundaria General 59 “Francisco Márquez” de la SEJ. chris-brick@hotmail.com
Excelente !!
Un dato muy interesante , con un proposito muy claro, en todás las sociedades historicamente se han llevado acciones que con el paso de los dias y los años se convierten en leyes.
Que en muchas ocasiones son incuestionaɓles. Y mas en el ambito de la educacion.
Los cargo gerarquicos empoderan y se asumen posturas que a la luz del acierto, y resolver el problema en ese preciso momento histotico.
Se crea a autoridad.
Que para el caso,. En eduacion el disentir con alguien empoderado puede ser muy riesgoso incluso aun teniendo la razon.
Mucha razon teniá Francisco de Quedevo.
Mi estimado Christian, efectivamente es mejor evitar debatir y aún mejor evitar discutir con una vaca sagrada.
En los terminos educativos se le llama vaca sagrada tambien a aquello que no se toca ni se discute, aun cuando la evidencia pedagógica indique que debería transformarse.
Ejemplo de ello, el tipo de letra que se imprime en los libros de texto gratuito de la SEP, que crean una confusión en los niños principalmente en la letra A, y que las vacas sagradas de la SEP, siguen con la misma forma de letra en la impresión, detalles mínimos que son desde hace mucho años una vaca sagrada.