La nueva normalidad… de la investigación

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Sin importar las razones por las cuales se estaban llevando a cabo investigaciones sociales y/o educativas antes de la contingencia, becas, estudios de posgrado, financiamiento institucional u organizacional, publicación de un articulo o capítulo, producción de conocimiento, entre otras razones, de igual manera tuvieron que parar, debido a la sana distancia, al cierre de diferentes centros y escuelas, así como al confinamiento que se estableció
Vinieron entonces una serie de adecuaciones y giros en los temas de investigación y las estrategias a implementar para llevarlas a cabo, poniendo básicamente al impacto y los efectos psicológicos, educativos, sociales, políticos, económicos, emocionales, familiares, laborales, nuevamente entre otros, que la pandemia trajo consigo. Obviamente han surgido foros, charlas, publicaciones y otros espacios en los cuales se han mostrado los hallazgos obtenidos de esta nueva vertiente de la investigación, antes no concebida, pero que no ha sido ajena, no podía serlo, a todo investigador y académico dadas las condiciones sociales.
Esta situación me parece normal, necesario y una consecuencia natural a lo que estamos viviendo en el mundo, de esta manera se deja testimonio y saber sobre un hecho que revolucionó la forma de entender el mundo, la salud y las relaciones sociales. Sin embargo, sin que esto sea una crítica sino una petición, hay aspectos que hemos seguido dejando de lado.
El confinamiento de investigadores y los participantes de una investigación, así como el empleo necesario de dispositivos tecnológicos para mantener el contacto con los demás ha hecho que el fenómeno o proceso de invisibilizar a sectores de la población en condiciones de desigualdad y vulnerabilidad se haya acrecentado.
Las reglas establecidas de la sana distancia han hecho imposible que los investigadores puedan trasladarse o tener contacto cara a cara con diferentes grupos. Estoy consciente de las dificultades que esto implica, pero valdría la pena indagar la forma en que la pandemia ha impactado en los niños y niñas en situación de calle, o en los indigentes o en cualquier otro grupo en condición de desigualdad y marginalidad, que ahora se ha recrudecido y los aleja más de la mayoría que compartimos con ellos los diferentes espacios sociales.
En otros momentos y espacios la gran socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui ha señalado que, como parte del compromiso social y la ética de todos los profesionales, es menester llevar a cabo trabajos e investigaciones con un alto sentido de denuncia que pongan de relieve las condiciones de desigualdad e injusticia social que viven algunos semejantes.
Hay entonces una vertiente, un fenómeno que nos obliga, moral y éticamente, a inventar nuevas formas de trabajar con ellos, para saber de sus condiciones y sus significaciones, al mismo tiempo que podemos establecer conjuntamente vías de salida para su situación. Es un camino para la investigación ante la nueva normalidad, ¿o no?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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