La “ley anti-chancla”

 en Graciela Soto

Graciela Soto Martínez*

Por muchos años los padres han disciplinado a sus hijos como a cada quien le parece adecuado, hay un anecdotario con las experiencias, padres, madres e hijos cuentan su versión de la historia, la acción que provocó el enojo y las diversas reacciones. Algo que se relata es que esa disciplina o los chanclazos que les dieron formaron un hombre o una mujer de bien porque evitaron ya sea las malas amistades, riesgos, lo ayudaron a estudiar, enderezó su camino más por temor que por convicción, pero se aplicó la famosa frase “era por tu bien”. Esto es parte de la intimidad de cada familia, no se habla de los castigos o métodos disciplinares hasta que alguien comunica el daño que ha sufrido. En retrospectiva el hecho puede ser visto con humor, como la mamá que daba nalgadas y sólo sacudía el polvo, los hijos que escondían los cintos o cualquier objeto para corregir, la chancla voladora o la buena o mala puntería de este artefacto correctivo, lo anterior es motivo de sanción y de cárcel.
El Congreso del Estado aprobó reformas al Código Penal en lo que se ha llamado la Ley anti-chancla para sancionar con hasta cinco años de cárcel a los padres o tutores que utilicen métodos violentos en sus hijos o en el cuidado o custodia de los mismos, lo anterior se establece en el “Artículo 142-N. Se impondrá una pena de 6 meses a 5 años de prisión a quien, ejerciendo la patria potestad, tutela, custodia o cuidado y vigilancia, agreda a una persona menor de edad, utilizando la fuerza física, ya sea con o sin objeto contundente o arma, causándole a éste una alteración a su salud, a su integridad física o psicológica.” Se plantea regular la forma de disciplinar, se sanciona la agresión y el uso de la fuerza que un adulto ejerce y que cause daño a su integridad.
Los golpes o los gritos se entienden como agresiones o violencia, que tienen nulo valor disciplinar toda vez que causan un daño o lesión física o emocional en los individuos, marcas que van a afectar su personalidad. Se ha observado un patrón de violencia que se repite, niños agredidos ahora ejercen su paternidad o maternidad de esta forma, además, se percibe que los padres se encuentran en sus actividades laborales y en ocasiones con el celular, lo cual genera que los niños se estén sin supervisión y, es cuando se dan cuenta de la acción del hijo y quieren remediar con autoritarismo la falta de atención, frustraciones e inmadurez causan reacciones alteradas que pueden provocar respuestas violenta hacia alguien más débil, a ser padres nadie te enseña, tu experiencia como hijo no te habilita para ser un buen padre o madre.
Un argumento de los padres para justificarse es la expresión “son mis hijos” y yo los disciplino como quiera, tienen razón en que son sus hijos pero son parte de una sociedad afectada para bien o para mal con ese estilo de educación. Los jóvenes, hoy en las filas de la delincuencia o como parejas o padres agresoras tienen una historia que hay que analizar, alguien ha sido omiso de su compromiso y responsabilidad, por lo que no sólo son sus hijos, son los todos y tarde o temprano la sociedad los va a necesitar o a padecer.
La ley busca el interés superior de la niñez, garantizar los derechos de los niños y las niñas, disuadir de que se cometa un delito, pero es necesario cuestionar esta ley y que se hagan mayores iniciativas para educar a los padres y se busque lo mejor para los niños, La pérdida de la custodia que es entregada al Estado es también otro riesgo, hay que revisar cuáles son los espacios y los métodos que ahí se utilizan, albergues y refugios no reúnen las condiciones, hay denuncias de que en estos lugares se sufren abusos de diferentes tipos, la tutela a familiares es otra opción que se ha implementado sin mucho éxito.
Se entiende que los padres viven su propias dificultades y problemas de la vida social, madres muy jóvenes o familias con problemas económicos, de todo tipo, son solteros y no cuenta con el apoyo de una pareja, o viviendo con la abuela, experimentando cambios de pareja afectiva y más en tiempo de pandemia sin apoyos necesarios como la escuela, deben trabajar, se encuentran en ocasiones al borde de un colapso emocional, quien está cerca puede ser testigo de esa reacción agresiva.
Hay conductas que deben ser educadas o corregidas como el berrinche, los malos hábitos como el desorden o de expresiones del lenguaje, todo tiene una manera de ser tratado, hay que tomar en cuenta el desarrollo del niño, su naturaleza es inquieta, exploratoria, de curiosidad, en cada etapa va evolucionando su pensamiento por lo que no mide las consecuencias de sus actos, esto en unos padres estresados o que consideran que más vale una nalgada a tiempo que muchos problemas después puede derivar en denuncias. En los textos de autonomía moral se propone que ante la conducta negativa de un niño la sanción debe ser recíproca, esto es, que le ayude a comprender lo que ha hecho y su consecuencia, si ha destruido algo debe buscar la forma de reparar ese daño, que los castigos no forman porque no tienen relación con la acción.
Hay que distinguir entre formas de disciplinar que pueden traspasar la línea hacia el maltrato. Éste es un tema de la psicología y de educación. Vaya que hay diferencia entre ambas situaciones, mientras que en uno hay reglas, comprensión y ambientes favorables, en el otro hay enojo, frustración, violencia y baja autoestima. Tanto daña la falta de disciplina y permisividad como el exceso de fuerza y la rigidez, los maestros somos testigos de conductas cuestionables de los padres, además en el cuerpo de los niños a veces aparecen huellas de violencia, ya sean moretes o heridas que al preguntar señalan accidentes en el hogar, pero existe la sospecha de que tengan otro origen. En la escuela se levanta una bitácora para registrar estas evidencias y liberar responsabilidad porque en ocasiones los padres señalan que sucedió en la escuela.
Lo que han recomendado algunos psicólogos o profesores, que es sano establecer límites que el niño sepa hasta donde puede actuar sin ponerse en riesgo, límites que representen seguridad, protección, amor. Diálogo, asesoría, escucha y el amor deben privilegiar para ayudar a disciplinar niños y jóvenes; a la vez, los adultos requieren apoyo porque en esta responsabilidad a veces son rebasados por su circunstancia y el único método que emerge es el cinturón, la chancla, los gritos, es entonces que tal vez no se necesite cárcel sino reeducación, además, quienes no tienen hijos o no se encargan de ellos que eviten estorbar a quiénes cada día tratan de hacer su mejor esfuerzo.

*Doctora en Educación. Jefa de Sector de Educación Preescolar en la SEJ. grace-soto@supervisores.sej.gob.mx

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