La investigación educativa en Jalisco o las piedras en el desierto
Jaime Navarro Saras*
Hablar de investigación en Jalisco, sobre todo en las instituciones de educación superior que pertenecen a la Secretaría de Educación Jalisco (escuelas Normales, UPN, CAM y posgrado), es hablar de vacíos, contradicciones, ausencias y descuidos por parte del Estado y la dejadez de las propias instituciones.
Haciendo un poco de historia, allá por la década de los 90 del siglo pasado, justo en 1993, la naciente SEJ y algunos personajes pertenecientes a la Sección 47 del SNTE negociaron una partida importante para crear plazas con horas fijas y fortalecer las áreas de investigación del nivel superior; en total fueron 11 instituciones beneficiadas (ByC Escuela Normal de Jalisco, Escuela Normal Superior de Jalisco, Escuela Normal Superior de Especialidades de Jalisco, Escuela Normal para Educadoras de Guadalajara, Escuela Superior de Educación Física, Escuela Normal para Educadoras de Arandas, Escuela Normal para Educadoras de Unión de Tula, Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio, Centro de Investigaciones Pedagógicas y Sociales, Dirección de Actualización y Superación del Magisterio y la Dirección de Normales), en un principio se crearon subdirecciones de investigación, plazas de 48 horas, de 36, de 24 y auxiliares de investigación para cada institución, lo que representó una inversión histórica de más de 1500 horas de las categorías más altas, titular B, asociado C y Asociado B, sin haber pasado por Asociado A, como lo hacen todos, además de las 11 subdirecciones y los 24 auxiliares.
También se creó la Unidad de Investigación en la Dirección de Normales quien fue la encargada de capacitar, actualizar y generar dinámicas para reunir, promover y difundir la producción que se fue generando, las personas agraciadas dedicaron dicha carga horaria a la investigación; en la gran mayoría de instituciones logró impactar esta política pública, sin embargo, y como sucede con las cosas que se realizan en la educación pública, el entusiasmo se fue difuminando y con la llegada de nuevos directores a dichas instituciones y la falta de carácter de los investigadores emergentes, las horas de investigación se fueron incorporando a la docencia o en cualquier otra ocurrencia de las autoridades educativas, principalmente porque no se tuvo el cuidado de etiquetar esas plazas como de investigadores educativos, a la fecha, no solo ya no están en servicio esos personajes, sino que dichas plazas fueron fraccionadas y ya no exsten como tales.
El encanto de esa decisión política solo duró un par de años y, desde entonces, quienes realizan investigación en estas 11 instituciones lo hacen a título personal, con sus recursos y tiempos propios; en algunos casos les son contabilizadas esas horas siempre y cuando asistan físicamente a su institución a firmar (con rúbrica, huella o iris) entrada y salida. Muy poco queda de ello y son unas cuantas las que hacen los intentos para investigar, publicar y promover sus hallazgos en cuanto evento local, nacional o internacional esté a su alcance.
Con el paso de los años, y después de tres décadas de la aparición del boom de los posgrados, muchos académicos de las instituciones de educación superior de Jalisco han trascendido el umbral de la dejadez y los descuidos de la investigación; no solo han tenido reconocimiento, sino que también han gozado de becas y apoyos económicos de Prodep, el SNI y cosas afines.
Los apoyos que reciben los académicos de educación superior de la SEJ, por parte del Estado, son mínimos con relación a los que reciben las universidades públicas; incluso en la propia SEJ son desiguales. No son los mismos apoyos y derechos que tienen las 5 unidades de UPN, los 3 CAM y las 4 federales con relación a las instituciones estatales. Sólo basta citar cuatro diferencias palpables: año sabático, estímulos económicos anuales individuales por concurso, recursos económicos etiquetados para actividades académicas (conferencias y publicaciones) y plazas compactas de tiempo completo (40 horas) y medio tiempo (20 horas); aun así, éstas no hacen la diferencia en cuanto a producción de conocimientos derivados de la investigación, por lo mismo, por falta de una política pública dedicada a ello.
La llegada del CoIPE (Colegiados de Investigación para la Educación), presentados el día de ayer en el teatro escolar de la ByC Escuela Normal de Jalisco, da cuenta de varias posibilidades: por una parte, establecer un rumbo que debe seguir la investigación y los investigadores de dichas instituciones y, por otro lado, visibilizar lo que se tiene y de lo que se carece, que no es cosa menor y por lo cual habría que apostar.
La encuesta contestada por 133 investigadores y difundida ayer mismo da cuenta de una parte de la realidad (la del vaso medio lleno); sin embargo, la del vaso medio vacío quedó pendiente para otra ocasión o, tal vez, como ha sido parte de la cultura de estos gobiernos naranjas, la autocrítica no es la costumbre.
Un aspecto vital es y será el tema de los recursos para incentivar la investigación, toda vez que los investigadores no llegan de Marte o caen de los meteoritos; estos deben formarse y, una vez formados, habrá que dotarles de apoyos para que hagan su función. Porque no tiene caso que desarrollen procesos de investigación si sus productos no impactan en los procesos educativos y sociales que se desarrollan en Educación Jalisco; si sólo tienen como destino poder engrosar los informes, no tiene caso.
Así como se tienen recursos para generar acuerdos (comprar tiempo-aire) con instituciones como la Universidad Panamericana y la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), cuyo dueño es Miguel Tomás Arrufat, ambas relacionadas con el Opus Dei, cuya inversión no será menor. En ese sentido, bien podrían etiquetar recursos para incentivar la investigación (más allá de los 8 millones con que van a iniciar) mientras conforman el paquete de 2 mil millones de pesos y los posibles 36 millones para la investigación en educación que representan el 1.8% prometido.
Seamos testigos, pues, de lo que esta iniciativa logra impactar en las instituciones de educación superior de Jalisco y qué tanto se logra mover de la cultura que vienen arrastrando los académicos que quieren investigar y dar cuenta de la realidad educativa que se vive en este estado.
*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com