La imaginación al poder

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

Después de 30 años de intentarlo y no poder, de fraudes y fracasos, de cismas y alianzas y críticas y esperanzas… llegó el día. La izquierda está en el poder.
Luego del protocolo en el Congreso donde fue investido como Presidente Constitucional de la República, López Obrador recibió en el Zócalo a los representantes del sector social más vulnerable: las comunidades indígenas. En medio de un ritual con regusto a populismo o ceremonia de Día de Muertos, recibió el bastón de mando de manos de los tlatoanis. Invocó con ellos a los espíritus prehispánicos y prometió beneficios económicos a quienes el neoliberalismo ha desahuciado: los propios indígenas, los estudiantes, los jubilados, los discapacitados, los enfermos… Los olvidados.
La regeneración social que promete no parece una tarea fácil. De hecho, no parece posible. Poner fin a la corrupción es un objetivo que involucra a la educación, a la legislación, a la voluntad y las costumbres de quienes por sus puras ganas no aceptarán repartir lo que tienen ni lo que no tienen, pero están en tentación perpetua de robarse.
Los simpatizantes del actual gobierno votaron por la esperanza. Los opositores, por el miedo: temen que el fantasma de Hugo Chávez posea al Presidente. Quieren ver signos en sus discursos.
En un contexto así, las palabras de Paco Ignacio Taibo II expresadas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, echan sal en la llaga: “se las metimos doblada, camarada”.
Muy probablemente se refiera a los opositores. Y a los que creen que la Literatura es un arte de señoras cursis y poetas sin riñones. Por cierto, hace 21 años una declaración semejante, considerada homofóbica, le valió perder la Secretaría de Cultura del entonces Distrito Federal bajo el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas.
Comoquiera, la frase demuestra que la izquierda lopezobradorista (o cuando menos algunos de quienes colaboran con él) no transigirán el tono de su victoria. Saben que es ahora o nunca: pelearán a codazos por la reconstrucción del país y la recodificación tanto de los modos de mandar como de los atavismos sociales.
“Llamaremos a las cosas por su nombre”, explicó el nacido en Gijón ante una audiencia frenética. Más allá de lo políticamente incorrecto que merece el escándalo suscitado por su chiste, Taibo goza del prestigio suficiente para decirlo. Como el tío jocoso al que se le perdonan las palabras altisonantes. Si Fox pronunció “Boryes” para referirse a Borges (cosa que demuestra que no sabía de quién hablaba) y Peña Nieto dijo que el último libro leído había sido la Biblia (al parecer no leyó ninguno pero su memoria catequista lo salvó de no decir ninguno), el creador del célebre detective Belascoarán Shayne demuestra que su especialidad son las palabras. ¿No se espera eso de quien dirija el Fondo de Cultura Económica?
El lema de los jóvenes del mayo francés, retomado por los activistas del movimiento mexicano del 68 (es simbólico que se cumpla medio siglo de la masacre justo en el año en que al fin gana la izquierda) cabe a la perfección en el gobierno recién asumido: “la imaginación al poder”.
Los anquilosados y los temerosos podrán criticarles todo. Las señoritas decentes y los delincuentes encorbatados. Los que vacacionan en el extranjero, los que tienen seguro de gastos médicos mayores… Todos ellos. Lo que nadie puede cuestionarle a este gobierno (al menos hasta ahora) es su ímpetu por imaginar un país más justo, con oportunidades para quienes lo merezcan. Hasta para el que es capaz de aventar un albur en una feria que exhibe varios de sus libros publicados. La imaginación está ahí. Falta verla.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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