La historia de la humanidad

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

El alemán Carlos Marx señaló que la historia de las sociedades humanas podía resumirse como la historia de la lucha de clases. A lo que el francés Robe-Grillet respondió que en realidad ha sido la historia de la lucha entre los sexos. Aun con esas categorías es difícil saber quién lucha contra quién, no sólo porque pocas personas se autoadscriben como pobres o ricas, sino porque las adscripciones de sexo se multiplican cada día y eso no significa que los conflictos se den sólo de una clase a otra o de un sexo al otro. Ya sabemos que ni amor ni dinero se pueden ocultar, pero siempre ha sido difícil encontrar quién puso más y quién quitó menos.
Tocqueville afirmaba que la revolución francesa no se dio por la pobreza, sino por la conciencia de las diferencias. Lo que, en la guerra entre los sexos, a veces es lo que suele ayudar a buscar para limar mutuamente y con precisión esas diferencias. En esta historia, para la que algunas personas tienen la esperanza de que concluya cuando terminen los conflictos, las clases y las diferencias entre los sexos, mientras que hay otras personas que proponen que, si eso llegara a suceder, será cuando comenzará (o se matizará), todavía no encontramos ni todos los mecanismos ni todos los dinamismos.
Habrá quien declare que somos unos quejumbrosos de nuestra época, pues las cosas no eran tan buenas hace unas cuantas décadas. Steven Pinker argumenta que parece que nos olvidamos de que el progreso asociado al iluminismo ha sido tan radical que nos ubica en una época plena de ventajas para la vida y la salud del planeta en su conjunto. En los meses recientes, ya acostumbrados a los rápidos ritmos de las tecnologías con las que convivimos todos los días, hasta nos indignamos porque no haya remedios más rápidos a nuestras cuitas de la pandemia. Queremos que la solución sea más expedita, más efectiva, de mayor cobertura.
Lo que sigue sucediendo (y seguirá, añade don Teofilito) en esta historia es la gran diferencia entre las oportunidades de acceso a derechos que ya desde la posguerra se declararon “humanos, universales e irrenunciables”. No todos los niños tienen escuela y docentes a su alcance, no todas las personas son libres, no todos los seres humanos disponen de comida, de salud, de servicios urbanos, de agua potable. Y volvemos a verlo en la distribución de unas vacunas que se desarrollaron en un tiempo récord en comparación con las asociadas con padecimientos anteriores: en el mundo, las regiones pobres verán llevar las vacunas y los remedios a la enfermedad mucho más tarde que las regiones pudientes. Dentro de países pudientes como Estados Unidos, algunos grupos étnicos han recibido mucho menos vacunas que otros. Por citar dos ejemplos: en la ciudad de Filadelfia la población de afroamericanos alcanza el 40% mientras que sólo el 14% ha sido vacunada; mientras que en Chicago, en donde alcanza el 30%, solo ha alcanzado el 15% de la vacunación.
Aun cuando parecería que el virus se difunde de igual manera en todo el planeta, también ha quedado claro que han sido más los enfermos y muertos en determinados grupos étnicos, etarios y sociales. La lección de la historia es que, por una razón u otra, la humanidad no ha logrado reducir muchos de sus abismos de disparidad. “Hay que hacer una ley para asegurar la igualdad”, fue la propuesta reciente de un estudiante en una sesión de un curso de tópicos de sociología y derechos humanos. Me parece que ya no es cosa de promover legislaciones, sino de aplicar normas éticas. Sin embargo, no sólo existen países enteros que se abrigan en su “excepcionalismo” como vigilantes no observantes de las normas (como Estados Unidos), sino también grupos sociales, a partir de criterios de la cantidad de divisas en sus cuentas bancarias, el color de su piel, su edad o algún otro privilegio vigente o por decretar. Y muchos individuos repiten este merecimiento de rápidas soluciones, ya sea porque se acogen a los privilegios de su grupo de pertenencia o simplemente, “porque mi ansiedad dicta que ya me toca”, aunque la fila de quienes se ubican por delante sea todavía bastante larga.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

  • Aída Sánchez Sencion
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    Quiero hacerle saber que diferencias de igualdad seguirán existiendo y de a cuerdo al punto de vista de encargados de la salud lo consideran como normal y sin importarles, como el caso que se esta presentando en el hospital civil nuevo, solo se vacuno contra el COVID-19 a personal de base y residentes. Y los estudiantes que están haciendo el internado no se les administro la vacuna, testimonios de los estudiantes expresan que reciben a pacientes con casos probables, trasladan las pruebas al laboratorio y esos pacientes los aíslan a metros de donde se encuentran ellos. Por otra parte se seguirá gestionando para que sean contemplados en el plan de vacunacion; pensando igual que los estudiantes un trato igualitario.

  • VICTOR MANUEL VILLAFUERTE
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    Leo con asiduidad los artículos de esta revista, interesantes, sin embargo aquí algo sucedió, me confundí, desde el título “La Historia de….”, y un texto que inicia citando a Marx y termina con Don Teofilito…. (por cierto esa última referencia le quita seriedad al artículo), en pocas palabras, poco coherente, múltiples referencias, sin profundizar acerca de ninguna, empieza con luchas y termina hablando de vacunas….. sin embargo me propuse leerlo hasta el final y lo hice….

    • Rodolfo moran
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      Gracias por llegar hasta el final. Mi idea era ilustrar que hasta en las vacunas hay enormes diferencias sociales.

  • Rodolfo Morán
    Responder

    Gracias por leer hasta el final. Mi intención era sugerir que las diferencias históricas se notan también en la distribución de las vacunas

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