La guerra y la paz

 en Rubén Zatarain

Rúben Zatarain Mendoza*

¡Ah! El infinito egoísmo de la adolescencia,
El optimismo estudioso:
¡cuán lleno de flores estaba el mundo ese verano!
A. Rimbaud

A los niños les gusta jugar a la guerra.
A las niñas les gusta jugar a formar familias.
A los adolescentes de perfil normal les gusta socializar y establecer a veces relaciones románticas reales o platónicas.
Las niñas adolescentes llegan de manera más rápida a los intereses afectivos, a los intereses románticos por el sexo opuesto.
Aunque la sociedad moderna y los medios están modificando algunas pautas de comportamiento social, visibles en el lenguaje de los adolescentes, sobre todo de carácter sexista y de matices violentos, siguen primando diferencias de psicología evolutiva y valores relacionados con las variables género y formación social.
Las relaciones de amistad entre dos o más adolescentes hombres tienen mucho de autoafirmación a través del liderazgo, a través de la fuerza física. Basta observar algún partido o cascarita en el foot- ball o el basquet-ball para observar un poco sobre esto.
Ellos crecen, asisten a las escuelas, se forman en valores como la solidaridad con el más débil, hasta llegar a un concepto más abstracto de solidaridad internacional progresivamente.
Se forman y conviven en comunidades de aprendizaje con enfoque en habilidades sociales, como la educación para la paz.
Asumen la paz entre las personas, los pueblos y las naciones como un sueño de su presente y de su futuro, como un logro de esta humanidad a veces ciega de las condiciones de la infancia, a veces irracional, a veces manipulada, hipertecnologizada y siempre sometida a permanente cambio.
Las estructuras cognitivas de las nociones sociales necesarias para comprender la complejidad política, económica, social y militar que disparan una confrontación bélica, no están suficientemente desarrolladas en la infancia y la adolescencia.
Son grupos de edad vulnerables, susceptibles a la desinformación, a la manipulación.
Se enteran pero no comprenden los procesos de la guerra entre dos naciones o de la confrontación entre dos grupos de naciones que les lleva a invadir, a dirigirse mutuamente aviones, tanques, barcos de guerra, proyectiles.
No comprenden la guerra pero como todos los seres humanos la temen, saben que los riesgos son grandes, saben que las consecuencias pueden ser devastadoras.
Es una generación lejana en el tiempo a las guerras mundiales y de la guerra fría pero de acceso a la información en tiempo real; a través de la cual saben que siempre hay regiones, naciones convulsas.
Identifican nombres de personajes, líderes de guerras y revoluciones, pero no profundizan en causas y consecuencias de los momentos históricos relevantes desde la historia social.
Tal es el caso del entorno mediático internacional reciente donde se habla de las diferencias entre los líderes de las naciones iraní y estadounidense. Ellos perciben y sienten temor mientras los medios venden las noticias e informan del riesgo de lo que algunos denominan una tercera guerra mundial por el conflicto entre las dos naciones, por las ambiciones de sus líderes.
Algunos de ellos han manipulado algunos drones con fines de juego o de fotografía, pero pocos conocen del uso militar de este tipo de artefactos con los que los norteamericanos dieron muerte en Iraq al general iraní Soleimani y sus acompañantes.
Estudian Física, estudian Química y Ciencia y Tecnología pero les es difícil imaginar el enriquecimiento del Uranio, el ataque a una base estadounidense en Iraq a través de misiles, pese a manipular sus pistolas y artefactos de plástico en los videojuegos.
Le es difícil imaginar la tragedia de las familias del avión de Ucrania derribado erróneamente por Irán.
Manejan retazos de información, comentan sin mucho soporte de las diferencias en materia religiosa entre musulmanes-árabes con los cristianos protestantes de EE.UU. y los de tradición judeocristiana en territorio israelí.
Su formación histórica y geográfica no es sólida, y en general, a pesar de la intención de planes y programas, la Historia que han aprendido ha tenido una tendencia eurocentrista y militar; se asimila en sus mentalidades como la lucha entre buenos y malos.
Hay poca información histórica documentada aun en el nivel de secundaria sobre Irán como parte de la rica cultura de la antigua Persia y las vicisitudes contemporáneas.
Por el tipo de fuentes noticiosas a las que acceden, en general lo árabe les parece muy ajeno y sus prejuicios los hacen etiquetarlos como malos, como intransigentes; tal vez sea parte de la tradición oral española creada desde la ocupación árabe, tal vez porque poseen petróleo.
Aunque han vivenciado distintos juegos relativos a las armas y videojuegos, les es claro por transmisión de los adultos y a veces por mediación de la televisión o el cine que una guerra implica demasiados problemas.
Como mexicanos son niños y adolescentes que han crecido en un país donde el conflicto internacional no es la característica.
Sin embargo, ellos conviven con el conflicto en su microespacio, en las interacciones cotidianas, viven a veces un conflicto interno de adaptación a sus relaciones y entorno, pero eso es diferente al manejo de medios para la destrucción de personas y pueblos.
La guerra aunque lejana les roba esperanza de paz e hipoteca y pone en fragilidad sus auténticos sueños de un mundo mejor.
Cuando hay un rechazo real o imaginario los adolescentes responden con violencia, responden con agresividad física o simbólica.
No soportan no pertenecer al grupo, no pertenecer al equipo, no tener amigos, no sentirse comprendidos, no sentirse amados.
Los adolescentes agresivos y con tendencias violentas son una pequeña franja que demanda comprensión, observación permanente y tratamiento de integración.
No es posible cosificarlos como objetos de nuestra Pedagogía si no conocemos su dimensión afectiva, el perfil de sus emociones, sus perfiles básicos de personalidad y temperamento, sus miedos.
En un día ordinario un profesor o profesora del último ciclo de educación primaria resuelve por lo menos un desencuentro, un conato de conflicto.
En un día ordinario, en una jornada de siete sesiones clase en la escuela secundaria, los profesores también viven y desactivan por lo menos un desencuentro verbal y ocasionalmente de roce físico cada hora clase.
Los profesores hacen despliegue de distintas estrategias para ordenar y controlar disciplinariamente los grupos escolares.
El manejo de la agresividad y la violencia, la formación de habilidades sociales para la convivencia son todo un desafío en los ambientes escolares.
El entorno social y las familias igual tienen sus grandes desafíos en materia de formar los valores importantes de convivencia.
Lo que los psicólogos llaman preparar para la resiliencia y lo que los educadores entendemos por educación para la paz son propósitos complejos dado los entornos que rodean a la institución escolar.
Por eso sorprende mucho el evento lamentable del pasado viernes sobre la muerte de la profesora Maria Assaff en el colegio Cervantes de Torreón a manos del alumno José Miguel de escasos once años.
Mientras se concluyen las investigaciones y se da de alta a los otros heridos, sorprende mucho la presencia de un arma en la mochila del alumno y la pericia con la que accionó la pistola.
Sorprende el suicidio.
Sorprende la manera reactiva como algunos proponen apresuradas soluciones como la operación mochila, dando un rol de policías a padres de familia y maestros.
Las hipótesis son diversas: si la influencia de los videojuegos, si su orfandad de madre, si el abandono del padre, si la mala influencia de los eventos similares del país del Norte, etcétera.
Un buen principio de comprensión de tan lamentable suceso tal vez sea no culpabilizar ni enjuiciar con facilidad, pues como afirma Albert Camus, “Pueden existir personas responsables, pero no culpables”.
La familia, con su perfil de integración de ahora y las condiciones de emergencia en las que deviene el proyecto formativo de los niños, niñas y adolescentes tiene mucho por transformar, tiene mucho por acomodar en materia de diálogo y comunicación.
El caso del colegio Cervantes fundado por españoles prófugos de la guerra civil en los años treinta, un colegio prestigiado para educandos “privilegiados” en la ciudad de Torreón, es apenas una manifestación de los distintos nudos que hay que trabajar socialmente.
El hecho conmociona a toda la sociedad mexicana. Lo manifestaron el Presidente de la República, el Secretario de Educación Pública, la Organización de las Naciones Unidas, entre otras voces de liderazgo actual.
Los niños, niñas y adolescentes merecen entornos escolares y familiares más afectivos, más atentos a sus preocupaciones, más proactivos y edificantes en la dimensión de formación socioemocional, más abrigados por la sociedad.
Las escuelas no pueden ser menos que espacios formativos, espacios de construcción de futuro viable, de construcción real de paz y de optimismo estudioso.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

  • Manolo
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    Los dispositivos de la socialización definidos por Foucault ahora son portadores de procesos de desubjetivación (Agamben). Tiempos sin ley ni piedad. Efectivamente, los moldes para valorar eventos del presente muestran su fecha de caducidad. No hay soluciones más que las que inventemos en este presente. Por mientras mis estudiantes trabajan defensa personal contra agresiones físicas. Más si son mujeres.

  • Patricia Arellano Zataráin
    Responder

    Sábias y asertadas frases expuestas en el texto.
    Y sí… Definitivamente son una variedad los factores que a través de la historia y de ésta sociedad cambiante y agitada han debilitado y/o eliminado los verdaderos valores.
    En lo personal me ha costado mucho tiempo tratar de entender por qué ciertas personas actúan de manera tan agresiva y mala con otras personas y con el entorno… Pero el suceso de hace ocho días me dejó bloqueada Qué pasó en la vida y entorno de este niño para que sacara eso que yo no creía podía sucederle a un menor de edad?… Antes era indisciplina, grosería… Pero ahora qué es?… Muy lamentable y triste, porque ya no encuentro otras palabras, saber que en pequeños hogares hay pequeños niños que no han sido orientados ni comprendidos por su propia familia llamados “adultos”, “padres”, “abuelos”, “tutores”…

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