La escritura cotidiana

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Un consejo que se repite a lo largo de la formación de quien desea dedicarse a escribir es el de “escribir todos los días”. En nuestra época, de la expresión oral hemos transitado, en muchas de nuestras interacciones cotidianas, a la expresión escrita. Dejamos recados para que otros los recojan cuando tengan oportunidad. Escribimos para que otros lean. Mucho más que en ninguna otra época. La gran ventaja es que no tenemos que esperar respuesta. Hay quienes ni siquiera esperan a que amanezca o a que esté presente la persona a la que dirigen sus inquietudes escritas. Basta con escribir y en algún momento llegará la respuesta a nuestras respuestas escritas.
Como en ninguna otra época anterior, combinamos imágenes y lenguajes en instantes y desesperamos de que las respuestas no sean más expeditas. Escribimos a varias personas a la vez, el mismo mensaje, o lo enviamos de manera sucesiva, evitando que esas personas se enteren de que otros también reciben mensajes similares. Escribimos y leemos mucho más que hace unas décadas. Y vemos los textos a través de las pantallas del teléfono celular, la tablet o la computadora.
Lo que también se puede observar es que escribimos más y cada vez peor. Son pocos quienes revisan sus mensajes, los editan, los modifican antes de enviarlos, quienes se aseguran de que las tildes estén en su lugar y los signos de puntuación sean los adecuados. Pocos se cuidan de distinguir los sonidos con las grafías correctas y muchos son los que suponen que el mensaje es inteligible a pesar de la gran cantidad de información que se da por implícita y por ser la “materia lógica” para ocupar los espacios en blanco y los significados no explicitados de lo escrito.
“¿Será que antes recibían más atención los textos que se escribían y se observaban mejor las reglas de la escritura?”, cuestionaba un estudiante al caer en la cuenta de muchos de los cambios y aclaraciones que podría incluir en sus textos de haber puesto mayor atención, estar menos apresurado y contar con un entrenamiento más enfocado a escribir sin saltarse letras, asumir por entendidos los significados de letras iniciales de expresiones en español o en inglés. “¿Será que antes se ponía más atención en las escuelas para que los niños se expresaran adecuadamente por escrito?, ¿por qué nuestra generación no pone tanta atención a la escritura como lo hacían generaciones anteriores con niveles de escolaridad más limitados?”, complementó el estudiante, antes de reconocer la urgencia de editar sus textos y de llevar la pista a los múltiples cambios que les ha hecho para que finalmente tengan sentido para los lectores y los escuchas.
El uso de diversos aparatos de transmisión de mensajes se ha hecho tan sencillo que ya no se requiere gran capacitación para expresarse, inclusive si se es analfabeto. Lo enciendes aquí, le das clic acá y mandas más allá. Lo que ha dejado en relativa desventaja a quienes consideramos que mucho ayuda a la comunicación escribir y hablar de la manera más explícita y clara posible, además de manejar los intríngulis de los aparatos, ser capaces de comunicar, siguiendo las convenciones de corrección en nuestro idioma o en los lenguajes de nuestras disciplinas profesionales.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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