La educación es un derecho de todos, pero ¿es para todos?

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib-Goodin*

Malala Yousafzai es una activista nacida en Pakistán que ha dedicado, gran parte de su corta vida, a defender el derecho a la educación entre las mujeres y las personas más desprotegidas. El reconocimiento de su lucha por la educación llegó primero a través de una bala que un Talibán puso en el rostro asustado de esta niña, pues algunos no estaban dispuestos a creer que las mujeres tenían derecho a estudiar. Tras ese terrible momento, Malala fue llevada a Gran Bretaña, donde no solo curó sus heridas físicas, sino que abrió un foro para el derecho de las mujeres a estudiar y donde actualmente estudia en la Universidad de Oxford.
Su nombre se volvió un símbolo de las luchas de las mujeres, en esos pueblos donde miles o quizá millones de niñas no tienen el derecho de pisar un salón de clase, por lo que muchas de ellas han de vestirse de hombres para poder estudiar y trabajar, para dar sustento a sus familias.
Tiempo después, en el año de 2014, Malala ganó el premio Nobel de la Paz, debido a su innegable pasión porque todos, sin importar su género o sus orígenes, tengan derecho a una educación digna. Por supuesto la respuesta de muchos gobiernos no se hizo esperar y le han abierto las puertas de sus países, que visita con su hermosa sonrisa, llevando esperanza a los más necesitados.
No hay duda alguna que la vida de Malala es un ejemplo que muchos admiran. Desear con tanta pasión que todos puedan tener acceso a la educación, es sin duda un sueño que muchos compartimos, pero en esta ocasión deseo reflexionar sobre si todos están dispuestos a aceptar.
No hay duda de que, en todo salón de clase, hay un alumno, que a pesar del inmenso privilegio que tiene de estudiar, simplemente no le importa. Su desinterés, lo muestra de muchas formas, ya sea hostigando al resto de sus compañeros o al maestro en turno, faltando a clases o haciendo trabajos hechos con un mínimo esfuerzo. No duda en decir en voz alta que la escuela no es lo suyo, preferiría estar en otra parte, incluso prefiere trabajar en lo que sea, pues no se siente feliz entre las paredes escolares.
Mientras que unos tratan con desesperación de entrar, otros gritan desesperados por salir corriendo y hacer lo que les plazca. No es que sean malas personas, simplemente el sistema educativo, quizá, aunque es un derecho, no es para todos.
Me refiero particularmente a quienes por más esfuerzos que se hagan por parte de los maestros, no están dispuestos a dar más. Estudian para pasar el examen, pues ya tienen perfectamente claro que no van a encontrar un empleo, no les gustan los contenidos, no se entusiasman por las actividades, aplican la ley del mínimo esfuerzo y, además, tienen una larga lista de excusas para gritar a los 4 vientos que el maestro tiene la obligación de aprobarles y no temen hacer un drama cuando se les recuerda que cuentan con el mismo derecho que el resto de sus compañeros.
Son alumnos de todos los niveles, desde primaria hasta educación superior, que simplemente están en las aulas, porque tienen el derecho, pero no planean hacer nada para que esos años de interminable tortura valga la pena para ellos, sus familias o las personas que pagan impuestos para que ellos calienten una silla que bien pudo ser ocupada por el siguiente Premio Nobel de Física.
Es cierto que hay niños que encuentran su pasión años más tarde, o que la encuentran en otras actividades extracurriculares como el arte o el deporte, pero entonces, ¿el derecho de estudiar es una obligación de aceptar el sistema aun cuando no se sea apto?, no necesariamente me refiero a una aptitud intelectual, Stephen Hawking tenía un alto sentido intelectual, y no se adaptó al sistema educativo tradicional, aún en la universidad dejaba todo para el último momento, en parte porque sabía que tenía el talento para salir adelante, pero no era su labor favorita. Su mente estaba en la física.
¿Cuál es el peso del derecho a la educación?, ¿es un grillete que todos debemos sufrir?, si bien algunos hacen de dicho grillete un logro y continúan escalando peldaños hasta el postdoctorado, la verdad es que el precio del sufrimiento es muy alto para el bajo nivel de los sueldos que resultan. Es entonces cuando esos que logran encontrar ventajas, las aprovechan en otros países, costando miles de dólares al erario de los países que los formaron.
En este sentido, tal vez valga reflexionar, si ese derecho da la oportunidad de decidir lo que es mejor para cada niño en su ambiente. Si, hay quienes no tienen una silla para sentarse, o no hay un gis para compartir ideas y hay otros que lo tienen todo y, sin embargo, no desean aprovecharlo, porque no encuentran gozo alguno en las aulas.
Tal vez, además de exámenes que permitan determinar si podrán o no con los contenidos escolares, valga la pena preguntar: ¿para qué quieres estudiar?

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

  • Gilberto Pindter
    Responder

    Quizá si fuésemos capaces de desarrollar las habilidades de pensamiento, el análisis, la síntesis, la lógica, la metodología a través de los caminos individuales de los intereses de cada niñ@ solo quizá entonces arribariamos a otra humanidad

  • Alma Dzib-Goodin
    Responder

    Estimado Gilberto:
    !Mil gracias por tan buen resumen!, ese es el punto exacto. No todos se adaptan a la escuela, y en el camino quedan muchos. Lo importante es encontrar el talento de cada uno y desarrollarlo al máximo, en lugar de obligar a todos. Algunos sabrán resolver las obligaciones, pero otros se irán antes de encontrar su verdadero camino.

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