La educación en tiempos de disputas y de tensiones políticas

 en Andrea Ramírez

Andrea Ramírez Barajas*

El año del 2018 es un año crucial para la historia de nuestro país, debido a que en las elecciones del próximo 1 de julio se juega mucho más que el cambio o el relevo en la presidencia de la república y en otras esferas de gobierno, ni siquiera se juega la disputa de dos o más proyectos que definen como sacar adelante al país en este profundo periodo de crisis. Se juega –repito– mucho más que eso.
Lo que se juega en este momento es la continuidad versus la ruptura de las formas que de manera interna tenemos para gobernarnos. En ello, cabe decir, que nuestro país requiere menos gobierno y más ciudadanía, menos política y más desarrollo, menos promesas y más acciones en beneficio de la gente.
En todo lo anterior, la educación juega un papel muy importante, la educación es acción y a la vez reflexión, sirve para darle claridad a lo que tenemos que hacer, pero también para pensar el sentido de eso que se hace.
Desde hace muchos años nuestro país vive secuestrado por una camarilla de gente dedicada a robar y beneficiarse de la riqueza y del patrimonio que no les pertenece, las siglas de los partidos políticos pueden variar: pueden ser PRI, PAN, PRD, etcétera, en el fondo todo es lo mismo porque todos hacen lo mismo.
Justo después de la revolución mexicana (allá por el año 1920), o tal vez un poco antes, se gestó una casta de gente privilegiada en este país, beneficiados de las riquezas naturales ya que las usaron como propias y de las principales industrias que generaban la mayor riqueza, dicha casta se encargó de copar a gobernantes a modo para beneficiarse mutuamente. La corrupción se tornó en una práctica convencional de todos los días, en un club que servía para hacer cualquier trámite, conseguir lo que quisiera, obtener cualquier cosa, de esta manera, este país se fue partiendo en dos y cada vez ha estado más partido, muchos que viven con poco y muy pocos han acaparado mucho. El reparto de la riqueza se hizo muy injusto y esto no solo fue en el asunto material, también en el cultural y en asuntos simbólicos como el de los servicios educativos.
Estas diferencias o estas asimetrías sociales se normalizaron, se mostraron con un rostro como si así debiera ser la realidad social y, aunque hubo estallidos y hasta confrontaciones, las cosas han seguido igual o hasta peor.
Los intentos por generar un clima de justicia social y educativa no han generado buenos avances, a los pobres se les sigue dejando con la peor educación y los ricos tienen hasta para escoger el tipo de colegio al que quisieran enviar a sus hijos.
Hoy, bajo la coyuntura electoral, la disputa política está a la orden del día, hoy se juega mucho más que los simples votos, pero es a partir del voto de emitir esa sencilla boleta de cómo podemos cambiar las cosas o permanecer tal como estamos o, peor, incluso a como estábamos antes.
Los que estamos en educación le apostamos por el cambio y por las diferencias, necesitamos una izquierda sensible centrada en la pedagogía que ayude a pulverizar y desaparecer esa derecha siniestra. Hoy el gobierno debe ser el pueblo y el pueblo deberá convertirse en gobierno para sacar adelante los proyectos ciudadanos.
Hay instituciones e incuso universidades a las que se les considera como incómodas debido a que cuestionan, confrontan y contribuyen a que la gente se quite la venda de los ojos y vean la cruda realidad tal como ésta es. Yo aplaudo el trabajo que hacen esas instituciones. Pero hoy se ocupa más, mucho más, hacer que la educación cívica se viva todos los días en las calles y en las casas. Y que éste primero de julio triunfe la esperanza de un mejor México para todos nosotros, para los que nos reivindicamos como los mexicanos y mexicanas de abajo.

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com

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