La educación en México envuelta en un mundo de tensiones y desafíos

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La educación en México no camina bien y no lo hace por falta de sensibilidad gubernamental y de disposición de las distintas agencias involucradas en que se cumplan los propósitos y cometidos de la tarea educativa.
En las esferas de la vida pública, uno puede fallar o equivocarse en muchas cosas: en hacer malos cálculos al presupuesto, en no dimensionar con claridad las necesidades y las demandas de los grupos sociales, incluso en estar distante de los sectores de la sociedad, pero equivocarse en educación es el peor de los errores, ya que a partir de ahí se desprenden infinidad de desaciertos para el sector público y para la sociedad que se van encadenando paulatinamente.
En México, la educación es un bien público de muy poco interés para la clase política; se confunde que la educación es un espacio de alta proyección para los miembros de las élites y las jerarquías políticas y no es así.
Tanto en la esfera federal como en el ámbito local, a la educación se le concibe como una especie de plataforma que sirve para proyectar y proyectarse; se le atiende a partir de un tratamiento de sobrepolitización y los descuidos se pagan caro en los déficits en el aprendizaje de los escolares, en los altos índices de deserción y renuncia a la escuela y en el desinterés e indiferencia que manifiestan muchos jóvenes al no querer asistir más a los ámbitos escolares.
La educación es otra cosa, es un conjunto de dispositivos pensados para actuar y salir adelante, es un conjunto de estrategias que sirven para solucionar problemas, es el mejor antídoto para superar la pobreza, los rezagos, el desinterés e incluso los problemas de violencia social y escolar.
En el estado de Jalisco tenemos cifras desalentadoras; somos el primer lugar nacional en personas desaparecidas y la llave no se cierra; por lo tanto, las cifras siguen al alza. En los últimos días se ha focalizado el riesgo en el sector juvenil, teniendo el sector de población que va de los 15 a los 20 años como el grupo de edad con mayor margen de vulnerabilidad ante el riesgo de ser desaparecido. Jalisco sigue ocupando el primer lugar nacional de embarazos adolescentes no deseados y, en educación media superior, el índice de estudiantes que dejan la escuela preparatoria va del 23 al 34 por ciento, de acuerdo a la zona geográfica.
Lo anterior son solo botones de muestra para ilustrar que el modelo y las acciones educativas que se emprenden dan resultados adversos a los que se anuncian y se publicitan triunfalistamente en las redes.
Una buena educación comienza con el aprovechamiento de liderazgos potentes que le den visión y sentido al funcionamiento de los equipos de trabajo y de las instituciones educativas; luego pasa por la sensibilidad de los actores educativos al conocer el tamaño del problema para proyectar, de igual manera, el tamaño de la solución y, por último, cerrar con acciones pertinentes que vayan contribuyendo progresivamente a la mejora verdadera y que contribuyan a transformar la realidad educativa deficitaria.
No es con protagonismo ni con un amplio despliegue de publicidad como mejoraremos en educación. Por el contrario, tenemos que, desde el anonimato del aula, del cubículo, del laboratorio y desde la sala de juntas, donde se pueden emprender acciones puntuales cuyo sentido esté encaminado a contribuir en mejoras educativas sustantivas.
Requerimos menos discursos, menos promocionales y más acciones razonadas y puntuales para modificar el actual estado de cosas. Ahí las y los docentes tienen mucho que decir y mucho por hacer desde la práctica de todos los días.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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