La competencia de educar

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Desde hace unos años se vinculó la noción de “competencia” a la educación. Esta noción no nació en el seno de la educación. Viene del mundo del trabajo y en especial del mundo del trabajo industrial. En ese mundo se presentó con fuerza el problema de actualizar los diferentes procesos usuales en las industrias, sobre todo de manufactura. Esos procesos se vieron afectados por las nuevas maquinarias diseñadas con nuevos avances tecnológicos y, por tanto, se hizo necesario “capacitar” al personal que manejaba las anteriores para dominar a las nuevas. La inversión y la atención en capacitación a los trabajadores, una forma de educación especializada se multiplicó en forma acelerada y diversa.
Entre los capacitadores se tuvo que revisar una nueva situación: ante la multiplicidad de máquinas y de procesos automatizados la capacitación en cada máquina nueva exigía más horas y más capacitadores específicos. Alguien observo la situación y encontró una novedad. “Las máquinas nuevas o antiguas hacen los mismos procesos con diseños y operaciones distintas” y de ahí dedujo “la capacitación debe centrarse en las operaciones de las máquinas y no en los diseños diversos”. Así, se hizo obvio evitar la capacitación en manejar la nueva máquina X sino en las operaciones que realizaba: Ensamblar, tornear, soldar, etcétera, operaciones ya conocidas por los operarios. De ahí surge la capacitación en competencias, es decir en dominar el conocimiento, las habilidades y las acciones necesarias para comprender los procesos, su automatización, y reconocerlo en cada máquina por nueva que fuera.
De ahí se imaginó la posibilidad de hacer una “educación por competencias”, ideas expuestas y divulgadas en el famoso libro “La educación es un tesoro” de Jacques Delors. De tal manera, los educadores y otros responsables de la educación, en especial la educación pública, se dieron a la tarea de definir los procesos necesarios para lograr que los estudiantes aprendieran por ejemplo: “a aprender”, “a hacer proyectos”, “a buscar la información”, “a trabajar en equipo”, y todo lo necesario para trabajar con contenidos, aplicaciones, usos y propuestas, siempre a partir de un mapa de operaciones, en el cual se identificara la relación entre un problema o una necesidad, buscar la información pertinente, colaborar con sus compañeros en diseñar las tareas y evaluarlas, identificar cómo hacer un ruta par ir de la pregunta o el problema hasta llegar a la respuesta o la solución. Una ruta en la cual el profesor tenia un papel analítico y, sobre todo, crítico que ayudara a que esa ruta facilitara el aprendizaje.
Tema central en esta innovación fue definir las competencias por aprender, ya no clase a clase, asignatura a asignatura, sino en ciclos amplios, por ejemplo, un semestre o un año, en los cuales se desarrollaran esas rutas diseñadas y aplicadas por estudiantes y supervisadas por los profesores y se pudiera alcanzar objetivos de aprendizaje establecidos.
La innovación de la educación por competencias se ha desvirtuado porque se mantienen currículos segmentados por contenidos, asignaturas de materias arbitrarias, tiempos segmentados para aprender y el aula como el lugar principal para educarse. Todos esos recursos se pueden utilizar para educar por competencias si se ciñen a lo que demandan los procesos de aprendizaje. Estamos un poco lejos de aceptar y rediseñar con base en la competencia de Educar.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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