Instrucciones para la operación de un ojo

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

1. Cataratas. Pese a la poesía con que se nombran, las cataratas son opacidades que aparecen en el cristalino. Razones genéticas y/o externas. De la espectacularidad de su nominación sólo conservan la incontrolable volición de su apariencia.
2. Pérdida de la visión. La metáfora para explicarla es el cúmulo de manchas que impiden la visión a través de una ventana. Provocan miopía. El ojo ve borroso. Las cataratas son irreversibles y progresivas.
3. Insertación de un lente intraocular. Lo que para un oftalmólogo significa una sencilla aspiración de la catarata y su eventual sustitución por un lente intraocular, para el paciente representa un camino sin regreso. El 0.003% de riesgo representa un riesgo. Ese riesgo es la ceguera. Se extirpa el cristalino y se sustituye por un lente artificial.
4. El lente intraocular. El paciente acude con un especialista (referido por el cirujano oftalmólogo) quien mide con precisión la condición del ojo. Él determina con exactitud la “graduación” (pareciera que el ojo obtuviera un título de algo) requerida por el lente. Éste se manda a hacer con una de tres o cuatro compañías existentes en el mundo. Casi siempre, el lente está almacenado en una clínica. Si la graduación requiere un matiz inexistente, debe solicitarse a la sede de una de las marcas que lo ofrecen.
5. La cirugía. “Ambulatoria” significa que no hay que instalarse en un cuarto de hospital, pero hay que entrar a quirófano. Por lo tanto, se obliga la presencia de un anestesiólogo. Para la cirugía es necesario un estudio clínico. Pagar porque un laboratorio extraiga sangre, la analice y determine las deficiencias sistémicas. El análisis debe ser reciente. El paciente se presenta a la cirugía con su estudio, la vena lesionada y en ayunas. Ahí se desnuda, se coloca batita para quirófano con botines de tela y gorra para el pelo. Una enfermera anónima canaliza la vena del dorso de la mano. El anestesiólogo inicia el proceso operatorio con un chorro de sustancia idiotizante sobre el ojo. Mejor no parpadear y esperar el efecto adormecedor. En ese trance, uno confiesa sus alergias y disimula sus miedos. Entonces arriba el cirujano. Supervisa la canalización y pide la repetición del proceso, en caso de requerirse (casi siempre se requiere porque las enfermeras cobran por turno, no por delicadeza ni eficiencia). Ahí, sobre la plancha, bajo los reflectores de luz y la anestesia intravenosa, el paciente sabe que no hay vuelta atrás. Ruega por la pericia del cirujano y la alineación de los astros. Se recomienda la luna llena.
6. La recuperación. El médico revisa los signos vitales y después de un lapso razonable, pide al paciente que se vista. Aún turulato, los zapatos se calzan invertidamente y la camisa se coloca al revés. Con el ojo maltratado y la anestesia aún activa, el paciente espera unos minutos a que un familiar escuche del cirujano las recomendaciones y protocolos postoperatorios. Ese es el peor momento. El familiar sube al paciente al coche y maneja rumbo a casa rogándole a Dios que no haya topes invisibles ni agujeros inoportunos. El paciente aún goza de los efectos de la anestesia.
7. En casa. A medida que la anestesia se disipa, los dolores aparecen. El ojo presenta dolores insospechables. Casi todos, leves. Como basuras en el ojo. La incisión de dos milímetros sigue siendo una agresión. El ojo no sangra; sólo llora.
8. Recuperación de la vista. Una vez transcurridos las horas definidas por el especialista, el ojo se destapa de sus vendajes. En el clímax, el paciente comprueba que la ceguez ha sido derrotada. Las imágenes se palpan por el ojo sensible. Las luces son molestas pero las cosas, nítidas. El cerebro debe acostumbrarse a la novedad de sus funciones. En los años 70, el coronel Steve Austin obtiene un ojo biónico por causa de un accidente aeronáutico. “El hombre nuclear” debe su fama a la fuerza de su brazo, la velocidad de sus piernas y la exactitud de su visión remota. Ese ojo extraordinario, además de las extremidades adicionales, resume el conocimiento científico de la civilización humana. Una generación de cincuentones hoy sabe que la ficción a veces permite honestas celebraciones de la realidad.
9. Y todavía falta el otro ojo.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

Comentarios
  • Mari
    Responder

    Optimista manera de explicar la cirugía de cataratas. Me hizo reir
    Muchas gracias.

Deja un comentario

Escriba su búsqueda y presione ENTER para buscar