Infancia, disparos, docentes, pero, ¿qué sigue?

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Lamentable la escena se repitió. Hace 3 años ya un niño nos había demostrado, también en el mes de enero y en el norte del país, una fractura que empezaba a hacerse evidente en la sociedad y que hoy se ha hecho más profunda: armas y disparos en una escuela, docentes y menores muertos.
El tema ha estado en todos los medios y en muchos otros espacios, lo cual es totalmente comprensible, dado el impacto y angustia que nos genera a todos. Sin embargo, el abordaje y enfoque que se hace de la tragedia, hemos podido observar, ha sido llevado a terrenos incluso incomprensibles; la forma de explicar o de dar una opinión y mostrar una postura en la que se muestra insensibilidad, argumentos sin reflexión, falta de empatía o lo usan como oportunidad para abanderar causas o partidos políticos. En el mismo tenor se encuentran muchas de las propuestas que han ofrecido para dar solución a este problema.
Así, hemos oído o leído que haber nacido durante el gobierno de Calderón pudo haber sido la causa de la tragedia o el cierre de las guarderías por parte del presidente actual, o bien, realizan lo que creen grandes aportaciones al sugerir que implementando el programa de “mochila segura”, prohibir el uso de mochilas o que los docentes brinden atención personalizada, reflejan un total desconocimiento del carácter multifactorial de todo tipo de fenómeno social, así como de la realidad que viven las escuelas y los docentes, en donde, tal como aconteció en la escuela, son los padres y madres los que han prohibido la revisión de las mochilas y, por otro lado, los salones cuentan con una cantidad de alumnos que limita, impide o imposibilita la atención individual.
Pero alejados y tomando distancia de estas perspectivas que simplemente unidimensionalizan lo que sucede, una causa un efecto, es obvio que el problema tiene una raíz y un impacto que va más allá de politizar todo. Se ha hecho evidente la crisis que existe en las familias y en muchos menores de edad y que la escuela no cuenta con elementos para poder dar solución a un problema que es innegablemente social. ¿Cómo capacitar a un o una docente para atender a un infante que tiene una pistola en la mano?, ¿cómo convencer a adultos qué tener una pistola en casa y a menores es una mala combinación?, obviamente con cursos a los profesores será insuficiente, se necesita es pensar en otras medidas que garanticen la integridad tanto de estudiantes como de docentes.
Secuestros, venta de drogas, acoso, abuso sexual, armas… problemas que no se originan en la escuela, pero que se han presentado en ella cada vez con más frecuencia. ¿De verdad vamos a resolver los docentes solos estos problemas? No. Somos un apoyo social, pero requerimos que todos se involucren. Ya es tiempo.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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