Hartazgo
Jorge Valencia*
El hastío tiene distintas formas de nombrarse (por lo tanto, definirse) y también de manifestarse, según la cultura (y el idioma), la edad, la experiencia personal y la conciencia.
En su poesía, Baudelaire lo denominó “spleen”, aunque la connotación tiende más hacia la melancolía, que también es una forma de hastío o desilusión. El “spleen” francés describe el aburrimiento de existir. Refiriéndose a un rey, Baudelaire termina uno de sus poemas con estos versos:
“pues tiene en vez de sangre/verde agua del Olvido”.
Las crónicas del holocausto perpetrado por el nazismo refieren la resignación de los prisioneros cuando la crueldad se volvió rutinaria. Llegó un punto del cautiverio, la desnutrición, el maltrato, la pérdida de la dignidad más elemental… que a algunos les dio igual morirse. La propia muerte resultó una liberación.
Porque la vida sin esperanza no merece vivirse.
Milan Kundera refiere el concepto de “lítost” como una vergüenza sobre sí mismo que se disfraza de envidia. La palabra es intraducible de la lengua original de donde emana, el checo. Tal vez se refiere al hartazgo que encamina a quien lo sufre hacia el deseo insatisfecho por lo otro que no se detenta.
Tanto el hastío como el hartazgo, la resignación o la autocompasión, con sus propios matices y connotaciones culturales, coinciden en un punto: la insatisfacción. La incapacidad de contento, no importa el grado. La meta sin recompensa ni entusiasmo, sin premio ni orgullo.
En todos los casos, la rutina es impulsora de esa sensación. Ningún acto, ninguna idea, ninguna palabra de aliento que provoquen el deseo de levantarse (un nuevo día) o luchar (por una causa cualquiera).
En México, el suicidio es la tercera causa de muerte entre la población de 15 a 29 años de edad. La zona metropolitana de Guadalajara es la ciudad con mayor índice de suicidio en el país.
La razón fundamental para la práctica de ese desenlace fatal es la desesperanza ante el futuro. La falta de recursos psicológicos y emocionales y la carencia de una red de apoyo.
A veces el hastío se debe a una razón psiquiátrica que, detectada oportunamente, puede allanarse con fármacos.
Comoquiera, más allá de catarsis estética o proceso terapéutico, el hartazgo se atenúa con la inclusión a un medio social (laboral, familiar o recreativo) armónico y edificante, no siempre posible, pero sí deseable. La influencia de los otros se magnifica o restringe en la medida en que la libertad, como el poder que una persona tiene, incide en los actos que comete y la huella que los otros dejan. Los actos perfilan las emociones: el gusto o el rechazo ante las situaciones que se presentan y, al final, la adaptación a un proyecto de vida duradero. La vida es un misterio. Su escudriñamiento y gestión nos define.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx