Ha llegado el día de regresar a las escuelas
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Este lunes 12 de enero y en estos días en que se dice “feliz año nuevo” y se acostumbra a compartir abrazos para ratificar los buenos deseos. Bajo este contexto, los millones de niñas y niños regresarán a las escuelas, a sus clases habituales en lo que será la segunda parte del ciclo escolar 2025–2026.
El regreso a las escuelas no es cualquier regreso, es una forma de reeditar este contacto mágico con la socialización, la convivencia con los pares y la negociación con el mundo de los adultos (docentes, directivos y demás).
La literatura especializada en el campo de la vida en las escuelas da cuenta de que el proceso de escolarización es la mejor forma de mantener la visibilidad humana y los cobijos afectivos, junto con espacios de contención socioemocional para miles de niñas y niños, que viven (debido a problemas familiares) en el abandono social y en el desamparo afectivo.
La vida en las escuelas, es decir, todo lo que implican los fenómenos de escolarización, se compone de una serie de mecanismos cotidianos, en donde los sujetos aprenden a negociar, a seleccionar y a establecer amistades con las que acuerdan un cierto tipo de lazos, pactos afectivos y a sacarle la vuelta a otros sujetos con los que no son compatibles.
El proceso de escolarización es una forma compleja de socializar a partir de una serie de entramados pensados para que los sujetos se reconozcan como seres humanos con derechos y con la posibilidad de garantizar un itinerario de desarrollo, y de encontrarle sentido a la importancia de estar ahí y de asistir a la escuela todos los días.
Es por ello que en este regreso a clases se ratifica el compromiso del proceso pensado en garantizar la formación como personas y que las relaciones que se establecen y la socialización garanticen condiciones favorables para el desarrollo.
Sin embargo, este regreso a clases también traerá consigo un escenario que ratifica las inequidades y las desigualdades sociales y educativas, debido a que no todas las niñas y los niños son iguales entre sí (verdad de perogrullo), no todas y todos son capaces de aprovechar lo que la escuela les ofrece y, en algunas ocasiones, la escuela, lejos de ofrecerles algo positivo, les cancela la posibilidad de poder avanzar.
La escuela abre un abanico más o menos amplio de caminos y posibilidades (mientras que cancela otros) para que los sujetos caminen, vivan, intercambien y disfruten la estancia al interior de las aulas y de los espacios escolares. Es por ello que el regreso a clases es un reencuentro con el proyecto social y colectivo. Cada niña y cada niño tiene un nombre propio (que les da identidad) y una historia (que sirve para hacer objetiva la trayectoria formativa); cada niña y cada niño va marcando su propio camino y deja huellas en los demás y en la propia institución cuando lo que ahí sucede también sirve para dejar huellas y marcas personales.
Bajo esta compleja gama de posibilidades de desarrollo personal y social que nos trae el regreso y el reencuentro con la vida de las escuelas, el papel y la tarea de las y los docentes es muy importante, ya que son ellas y ellos los testigos, pero a la vez los facilitadores de que las historias infantiles se conviertan en historia de éxito, no en el sentido mercadotécnico, sino en el éxito autopoyético de que cada niña y cada niño sean capaces de blindarse para sí y para evitar las provocaciones y los tentáculos de una vida cada vez más amenazante y riesgosa.
Celebremos con gusto el regreso a las escuelas a partir de ratificar que la escolarización es una de las mejores formas de formar ciudadanos para el México del mañana.
*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com