Geografías

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Hace algunos años, una estudiante de geografía en la Universidad de Guadalajara nos narró en una sesión de un curso que le indignaba que sus parientes, cuando ella les explicaba que estaba en la carrera de geografía y ordenamiento territorial, le preguntaran acerca de los planetas. “No estudio astronomía, estudio un solo planeta”, les explicaba, impactada por la pregunta. Ciertamente, la infinidad de los universos es mucho más amplia de estudiar que los confines todavía inexplorados del conocido como “planeta azul”. En realidad, la historia de la humanidad se ha visto limitada a ese solo planeta, por más que muchos relatos ficticios y unos cuantos reales se escenifiquen más allá de la estratósfera.
Cuando pensamos en el estudio del planeta Tierra, lo primero que suele surgir es que se trata de analizar espacios y sus características. Desde la manera en que nos distribuimos en los espacios que se ubican en el planeta y su atmósfera, hasta los espacios que ocupan los humanos sin tocar tierra o bajo ella. El abismo Challenger, que ha sido el punto más profundo de exploración de los humanos, llega casi a los diez kilómetros de profundidad; mientras que la máxima distancia alcanzada por seres humanos fuera del planeta alcanzó, en 1970 (Apolo XIII: James Lovell, Fred Haise y John Swigert), la cual se alejó poco más de cuatrocientos mil kilómetros, siendo superada en 2022 por la misión Artemis 1, que alcanzó 434,522 kilómetros de distancia. En realidad, esas distancias sirven sólo para ver desde más lejos a nuestra querida mota de polvo en el universo.
En realidad, una de sus ramas, la geografía astronómica, se encarga de estudiar las relaciones de este planeta con los otros cuerpos en el universo (es decir, cuento de nunca acabar). Suelen especificarse unas pocas ramas de la geografía: física, biológica, humana, astronómica y matemática. Claro que cada una de ellas tiene subdivisiones y en nuestros tiempos es frecuente que escuchemos o hayamos leído el término de geopolítica, o que seamos espectadores de documentales sobre zoología u oceanografía y nos hayamos enterado de expertos cartógrafos dedicados a trazar mapas de los contornos físicos o geopolíticos que caracterizan a nuestro planeta. Aun cuando siempre nos movemos en este planeta, no siempre somos conscientes de cómo este espacio se relaciona con los demás espacios en los que habitamos, por donde nos trasladamos, en donde actúan otros grupos, otras culturas y otras reglas de comportamiento humano.
Suele decirse que los países ricos se ubican al norte y los pobres al sur, y por eso es muy estudiada la migración sur-norte, aunque algunos analistas han referido que también han existido importantes movimientos migratorios de este a oeste que han resultado “civilizatorios”, por más que muchos habitantes y pensadores del hemisferio occidental consideren que esa parte del planeta ha constituido el pináculo de las culturas a lo largo de la historia. Pero si hasta los famosos Reyes Magos del relato cristiano llegaron del oriente, refutan algunos. También se ha afirmado que existe una tendencia a que las ciudades se dividan a la inversa que la riqueza en el planeta. Según hemos escuchado, los barrios ricos suelen ubicarse en el sur de las ciudades y los pobres en el norte. Aunque también hay desviaciones de esas reglas memorísticas: en la metrópoli tapatía, aclaran algunos, las clases de ingresos altos suelen estar en el poniente y las de ingresos bajos en el oriente.
En días recientes y “sin ir más lejos”, se ha suscitado un debate a partir de la propuesta de construir un segundo piso sobre la ya existente avenida López Mateos. Segundo piso que, en realidad, sería un tercero, pues en algunos tramos ya existen dos niveles para el tránsito vehicular. De cualquier manera, esa expresión, a la que han recurrido incluso los actuales políticos en el poder federal y de varias gubernaturas, se ha puesto de moda. “El segundo piso de la cuarta transformación” parece aspiración de quienes se mueven en vehículos particulares, pues supimos también de protestas para evitar que la nueva ruta del tren ligero se desplazara por puentes elevados y se proponía que la tercera línea debía ir bajo tierra. Un participante en redes sociales digitales, Miguel McCormick, ha señalado que el grupo denominado “Vecinos López Mateos Sur” (cuya página web contiene casi nula información) exige un viaducto elevado sobre la mencionada avenida. McCormick apunta que se trata de personas que “viven en zonas con mayor número de autos por vivienda; en colonias con los precios de vivienda más altos y con menor densidad poblacional en comparación con la ciudad”. Su cartografía en Facebook muestra cómo estas personas, que seguramente tienen más probabilidades de acceder a transporte privado, presionan para que se utilicen recursos públicos para construir una obra que servirá a unos cuantos.
El debate, en el que han participado urbanistas y otros expertos, nos ha ayudado a aprender o reforzar algo que ya sabíamos: si se amplía un camino, atraerá más usuarios y vehículos. La saturación de esa y otras avenidas es algo que acabará sucediendo. Parecería que no hemos aprendido que el mercado de automóviles es un gran negocio, incluso para los gobiernos que reciben contribuciones a través de la compra de gasolina, impuestos por placas y otros requisitos, impuestos por valor agregado en las compra-venta de vehículos y todos sus accesorios y refacciones. Así que hasta las arcas públicas se ven beneficiadas por la saturación de las vías que utilizamos los habitantes de las ciudades. Esta controversia se complementa con los puntos de atracción en la ciudad. Por una parte, los centros comerciales; por otra, sabemos y sentimos cómo las escuelas de todos los niveles son puntos de atracción para gran cantidad y proporción de los viajes que se realizan cotidianamente en esta metrópoli y en muchas otras más. Sólo que en esta metrópoli son muchos los estudiantes que dependen de los vehículos particulares y que acaban convirtiendo en demanda de algunos grupos el ampliar o elevar las vías para transitar. La manera en que nos trasladamos a nuestros centros de trabajo y de estudio nos ayuda a entender y, a la vez, a modificar la geografía urbana y regional. Afortunadamente, algunos análisis de los especialistas en geografía y ordenamiento territorial (actividad ésta nada despreciable) nos ayudan a racionalizar nuestros horarios, nuestros viajes y ubicaciones, y a decidir en dónde y cuándo utilizar nuestros recursos de espacio, tiempo y dinero.
¿Cómo afecta a tu educación la ubicación de tu vivienda y de tu plantel? ¿Cómo afecta a tu vida y a tu salud mental la ubicación de tus actividades cotidianas y de tus proyectos profesionales? Todavía falta mucho por aclarar al respecto y seguramente quienes se especializan en geografía tienen mucha tarea por delante, en ésta y en otras metrópolis, algunas analizadas más concienzudamente que otras.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Comments
  • Alicia Glez.

    Buen análisis Dr. Rodolfo. Después de todo, el caos generado a partir de la época de las mentiras, nos está obligando a valorar la ciencia.

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