¿Es la hora para fortalecer el normalismo o es la hora para pensar en un nuevo modelo de formación inicial docente?

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Con la aprobación de la Ley General de Educación Superior, la cual fue promulgada desde el año 2019, se genera visibilidad y una nueva forma de organización de las instituciones de educación superior (IES), al dividirlas en tres tipos:

• Universidades tradicionales.
• Institutos tecnológicos.
• Instituciones abocadas en las tareas de formación docente.

Bajo esta perspectiva, la Ley de Educación Superior, establece una serie de lineamientos normativos los cuales se vinculan con la obtención y administración de recursos, la gestión y la vinculación y las atribuciones generadas de cada IES. Pero el caso de las instituciones encargadas de la formación docente, Escuelas Normales y sistema de Unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), ambas instancias deberán entrar en una diputa, no sólo por los recursos sino también por hegemonizar el apoyo institucional y la visibilidad académica.
En ello tanto la UPN, como las escuelas Normales han entrado en un proceso de consulta, deliberación para generar nuevos acuerdos en el marco de la realización de congresos para cada una de ellas.
En el caso de las escuelas Normales tendrán un Congreso Consultivo los días 29 y 30 del presente mes, sus ejes de reflexión básicamente son: la reformulación curricular y la actualización de planes y programas a través de algo que ahí le llaman: marco curricular, flexibilidad y autonomía curricular, otro aspecto ligado con el anterior es el codiseño como estrategia que pretende fomentar la participación conjunta, todo lo anterior está dentro en una estrategia global que desde hace muchos años se viene discutiendo al interior de las escuelas Normales y que se le denomina genéricamente “Programa Nacional de Fortalecimiento de las Escuelas Normales”.
Como sabe todo mundo, las Escuelas Normales son las instituciones que, en nuestro país, se han encargado desde hace más de 100 años, casi de manera monopólica, de atender los asuntos de la formación de docentes de todos los niveles y modalidades de la educación básica, dejando de lado la formación docente en educación media y superior. La Universidad Pedagógicas Nacional, en cambio, tiene otras tareas y otras funciones, aunque también realiza actividades vinculadas con la formación inicial de agentes educativos en campos o en disciplinas ligadas con la educación, realiza otras tareas ligadas con la investigación, la difusión y la contribución a la conformación de una cultura pedagógica de avanzada.
Con respecto a las escuelas Normales, lo que se debe reconocer es que su desarrollo forma parte de una trayectoria de muchos años, a partir del reconocimiento de tradiciones institucionales largamente sedimentadas, junto a ello algunas de sus problemáticas son la dispersión institucional, las formas y estilos diversos de entender la formación de docentes, también al normalismo se le ha visto como espacio que les ha dado cobijo a grupos de poder ligados al sindicato de maestros.
Aunque no tengo un dato preciso, se habla de que existen en el país 278 escuelas Normales de todo tipo, urbanas, beneméritas y centenarias, rurales, experimentales, estatales, federalizadas y, una segunda clasificación es por la especificidad del tipo de docente al que se pretende formar: Normales para educadoras, de educación primaria, Normales superiores de educación secundaria, de educación especial, de educación física, de educación indígena, de educación de adultos, de educación artística, etcétera, todo ello genera dispersión, distintas formas de entender y actuar en el campo de la formación y dificulta la conformación de un proyecto global unificado.
El normalismo y el SNTE son dos piezas que han caminado de la mano, ya que se garantiza el control corporativo, la cultura clientelar y las formas patrimoniales de garantizar el control del gremio magisterial. De ahí que poco se toque de un rubro que poco aparece en la agenda de este congreso: lo llamaría así “las condiciones institucionales y la cultura académica e institucional al interior de las Escuelas Normales”, dentro de ello se esconde el asunto del ejercicio de poder, de los grupos políticos ligados al SNTE y al magisterio y de las distintas hegemonías que rodean al normalismo en nuestro país.
Antiguamente las comunidades académicas de las escuelas Normales eran consumidoras de lo que se diseñaba por un pequeño grupo de personas, otra diferencia sustantiva con la UPN, es que en esta última toda la oferta académica y los distintos programas de formación (desde la licenciatura hasta el doctorado) son diseñados por los académicos de la propia institución. Esta tradición que viene desde abajo y, de manera participativa, de frente a los pares académicos ha servido para que la UPN pudiera avanzar y adquirir un capital que la hace distinta del nomalismo.
Es probable que con la incorporación de Marcela Santillán a la dirección de la DEGESPE (en su momento), junto con un grupo de destacadas personas que provenían de la UPN, sirvió para compartir la cultura institucional y sirvió de fondo para reducir las diferencias y asimetrías.
El Congreso de las Escuelas Normales es por delegados (se eligió un representante por cada escuela Normal) ahí es obvio pensar que los que salgan electos serán afines a los grupos de poder en turno de cada escuela Normal.
Por último, el asunto central de Marco curricular, de flexibilidad y autonomía curricular; son sólo algunos de los componentes de la agenda que deberá discutirse y acordarse. En el marco del fortalecimiento tradicional de las escuelas Normales, el tema curricular no es el más importante, para irlo agotando antes deberá discutirse y acordar asuntos como los siguientes: sobre los rasgos y el perfil profesional del docente y la docente para el siglo XXI; el modelo de formación para dicha propuesta y las nuevas tradiciones que pretenden generarse; el asunto del formador de formadores, etcétera.
Las Escuelas Normales del país deberán seguir siendo diferentes entre sí, sus tradiciones, su legado fundacional, la huella o la esencia que las ha caracterizado, deberán de conservarse. El desafío ahora es de otro tipo, se define a partir de pensar qué rasgos deberán ser comunes, qué capacidades y atributos deberán tener todos los formadores de formadores.
Esta agenda tiene muchos años discutiéndose y poco, muy poco se ha avanzado. Entonces, la estrategia deberá cambiar, es necesario buscar relevos generacionales en las plantillas académicas de las escuelas, tal vez con docentes nuevos o formados en otra tradición, más rigurosa y potente, se pudiera dar el brinco y colocar a las Normales en la palestra de la formación de docentes en nuestro país.
Al igual que la UPN, si las escuelas Normales no aprovechan en serio esta oportunidad histórica, entonces, seguramente podrían pensarse como piezas del museo de la pedagogía el siglo XX en nuestro país.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

Comentarios
  • Blanca Antonia Castillón Ríos
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    Concuerdo con usted Dr. Miguel Ángel, la importancia que tienen los acuerdos particulates de las Escuelas Normales y la UPN son de vital importancia para nuestro país, ambas tienen que buscar la mejor manera de llevar a cabo el desarrollo integral del individuo, una como formación inicial y la otra como formación terminal que da continuidad infinita a la investigación e innovación en la educación, lo felicito Dr.

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