Entre ficciones y virus te veas: Entresijos del escenario social y educativo en tiempos de pandemia en Jalisco

 en Moisés Aguayo

José Moisés Aguayo Álvarez*

Una imagen potente, pescada por accidente al navegar en la red, atrapó mi atención: es una foto de individuos, presuntamente detenidos por no usar cubrebocas en el área metropolitana de Guadalajara. En la foto, están mezclados con otros reclusos. El pie de foto dice algo como: “los detienen y en la celda están hacinados y nadie trae cubrebocas”. Reflexiono y me digo a mí mismo que esa puede ser una noticia falsa, o una fotografía sacada de contexto, dudo y comienzo a indagar. La red me muestra algunas crónicas y resúmenes noticiosos; pero no hay imágenes. No puedo cotejar.
Miro el reloj. “El mercado”, recuerdo. Debo acudir a comprar los víveres al mercado municipal, para retornar a mi espacio de aislamiento, con lo necesario para mi familia. Sorprendentemente, casi todos los transeúntes portan cubrebocas, dos patrullas circulan con bocinas, invitando a la gente a guarecerse en sus casas. Un texto brillante en el Whatsapp, sugiere la frase: “Hasta dónde hemos llegado. Esto ya parece de ficción”. Coincido: Estamos viviendo en escenarios que sólo atisbábamos en la ficción; y la opinión pública se divide aún, al menos: entre quienes asumen que la ficción es clara, que se trata de un montaje; quienes toman precauciones por si acaso, se informan de la evolución de la pandemia y de las opiniones de autoridades, expertos, analistas o ciudadanos; y aquellos convencidos de estar en el umbral del apocalipsis, en el principio del final. Cada cual se inscribe en su tercio, a como las condiciones y posibilidades le dan; en todos hay un dejo de pesadumbre.
En este contexto, la dinámica social para el jalisciense promedio, no acaba de retomar su curso normal, y las posturas manifiestas y decisiones en la esfera de la administración pública, abonan más a la incertidumbre y al pánico, que a la tranquilidad y a la conciencia civil. En este marco, la sociedad se pregunta a estas alturas si las disposiciones que atajan al ámbito social desde la cúpula gubernamental en el estado, en la emergencia sanitaria, justifican todas las medidas o todas las decisiones tomadas, pues el escenario se antoja de ficción, de una conveniente ficción. Ello, obviamente no es gratuito, pues se han dado visos que legitiman el entredicho. La ahora omnipresente preocupación del gobierno estatal por salvaguardar a toda costa la integridad, seguridad, salud, economía y educación de los ciudadanos, contrasta con las muestras de facto en los mismos ámbitos:

1. En lo que va de la administración estatal, el recorte de recursos y los continuos reclamos de Enrique Alfaro a la federación; e incluso, el amago de abandonar el pacto fiscal federal, resonaron contundentes para unos, pero huecos para otros. Lo cierto es que, en el intersticio, Jalisco ha adquirido una deuda pública significativa de casi 20 mil millones de pesos en menos de dos años de ejercicio. Esta deuda trascenderá, por supuesto la administración actual, y dejará pendiente la certidumbre de su total, eficaz y honesta aplicación en el gasto público. En este sentido, los movimientos financieros del estado: apresurados, cubiertos por la justificable emergencia, la sanidad y la defensa del interés común, tienen el aroma de la caja chica que les ha significado a muchas administraciones, los desastres naturales y demás emergencias que han devenido, por ejemplo en la activación del Plan D-N-III, donde no se escatima, ni se fiscaliza a profundis; y se prefiere invertir en respuestas superficiales, a soluciones de fondo en infraestructura, sanidad, seguridad, planeación urbana o vivienda, por mencionar algunas de las potenciales áreas de oportunidad.
2. En seguridad, previo al anuncio de la presencia del COVID-19 en el estado; por poner algunos ejemplos relevantes, los índices de incidencia delictiva, colocan ya a Jalisco en el cuarto lugar a nivel nacional, según los datos del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG); la ingente cantidad de fosas clandestinas y desapariciones (que en lo que va de abril, suman 13 nuevos casos, más 30 registrados en la Comisión Nacional de búsqueda; más las 107 nuevas solicitudes de familias que buscan a uno de sus integrantes, según el colectivo Por amor a ellxs); y, en el transcurso del periodo de distanciamiento social, las patentes muestras de la permeabilidad de los esquemas de seguridad en el área metropolitana, son propias de un escenario distópico: a plena luz del día, el denominado cartel más peligroso del país, la mayor amenaza a la seguridad del estado —el ala delictiva en las antípodas de la gestión estatal, que ha implicado directamente al gobernador del estado en declaraciones escandalosas—se planta con tranquilidad en la vía pública, con pertrecho al descubierto, reparte despensas y congrega multitudes en las narices de las administraciones municipales que brillan por su ausencia; o que más bien se encuentran ocupadas clausurando negocios familiares o administrando multas o abriendo procesos a detenidos por no portar cubre bocas (a la fecha, alrededor de 170).
3. En materia de salud, Las diatribas entre los gobiernos estatal y federal, que pusieron al inicio de 2020 a Jalisco en la vanguardia de la resistencia a la iniciativa “cuatroteísta” del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), argumentando el potencial colapso del sistema de salud, la falta de claridad en el presupuesto y reglas de operación; se volvieron, en el fragor de la emergencia, en una reafirmación de la apuesta por la preponderancia del fuero interno de la entidad, personificado en la efigie, voz y edicto de Enrique Alfaro, aterrizando en el consabido tema de la legitimada, incuestionable, justificable, moral y hasta inteligente —por contraposición al homo jalisquillus pendejus vulgaris— erogación. La denominada reconversión hospitalaria y la compra de las pruebas rápidas; son una muestra de cómo es posible implantar una suerte de virreinato en el seno de una república.
4. Si al escenario anterior, agregamos la postura refundacional, con un llamado continuo a la generación de una nueva constitución estatal, sin la necesaria mediación profunda del razonamiento filosófico, jurídico y de consulta pública a sectores amplios e incluyentes, tenemos el caldo de cultivo para que la verticalidad del poder de facto y del uso de la fuerza pública intransigencia, la censura y el abuso de poder encuentren su legitimación política y mediática; lo que acarreará nuevas configuraciones en lo social, y erupciones de inconformidad, como la manifestación del 30 de abril, en las afueras de Casa Jalisco, en oposición abierta a la postura oficial anticipadamente triunfalista en materia económica, que estriba en la dispersión de mil millones de pesos, que en teoría, ayudarían a la reactivación económica, a mitigar el impacto en las fuentes de empleo y los ingresos, y a movilizar el campo jalisciense, pero que poco han permeado en la percepción del desajuste entre el discurso oficial y la continua y obstinada realidad que viven día con día los sectores más desfavorecidos, y aquellos que mayormente resienten las afectaciones en su inmediatez.
5. En materia educativa, el panorama es controversial, pues, si bien se ha desarrollado un posicionamiento frente a la emergencia sanitara, y se han emitido materiales, y habilitado plataformas digitales para integrar una especie de estrategia que atienda las múltiples facetas del escenario educativo cuyos entrecruces implican la política educativa, la administración de programas y recursos, la administración de personal, las relaciones laborales y la complejidad de las tramas entre la propuesta federal y estatal; lo cierto es que, el desafío está siendo atendido más bien con una estrategia comunicacional débil, líneas generales que apelan más al sentido común que al planteamiento estratégico de mediano alcance. En este proceso, docentes y directivos se encuentran a veces en medio del juego de las interpretaciones localizadas y las directrices lánguidamente marcadas, pues, lo mismo se sugiere orientar, acompañar y registrar evidencias, que no hacerlo; lo mismo se propone desarrollar estrategias de comunicación con las llamadas Comunidades de Aprendizaje en y para la Vida (CAV) y desplegar iniciativas, pero sin llevar el control o dirección de los procesos situados de los centros de trabajo. De igual manera, para un amplio sector del magisterio, la trama del ping-pong entre las declaraciones de Esteban Moctezuma y las de Juan Carlos Flores Miramontes, siembran confusión. No se sabe si atender de inmediato a la disposición federal, o esperar la pincelada local, el toque de particularidad propio de la SEJ.

Como corolario; bajo esta convulsa atmósfera, el sector más ignorado, lacerado y ofendido, sigue siendo el de los trabajadores de la educación a quienes se les siguen adeudando quincenas y meses ya devengados, y que son victimizados de múltiples maneras, principalmente: en la violación sistemática, patente y reiterada de sus derechos humanos y laborales; en la escasa, lenta y poco sensible respuesta de la autoridad educativa estatal (del ejecutivo, ni se diga, pues no hay declaraciones ni menciones relevantes de esta aguda problemática, por parte del gobernador); en la exigua y tibia reacción del SNTE, que no ha podido posicionar con éxito la urgencia de la atención y solución expedita, pues, salvo dos o tres figuras que se han hecho visibles, y de ellas, las identificadas con la corriente “institucional”, han recurrido a la acción casi desprendida del eje seccional y de la secretaría general, en gestiones segmentadas; una, centrada en la mera captura y comunicación de datos —hacia la propia SEJ, en teoría, la generadora y concentradora de esos datos—, y otra, procurando acciones concertadas para implicar comisiones y llevar el asunto ante otras instancias, como la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH). Cabe inscribir aquí, como la CEDH, ante la contingencia, ha ralentizado su ya de por sí lerda y no vinculante reacción. Ello ha repercutido en el incremento de la simpatía magisterial por expresiones de la disidencia magisterial que se ha comprometido con la causa en el discurso y en la acción, especialmente la Asamblea Magisterial Democrática Jalisciense. Pocas serán las oportunidades para fincar liderazgos emergentes con los que pueda identificarse la base trabajadora sindicalizada, en los próximos procesos de relevo seccionales.
Ante este breve recuento de algunas condicionantes del incierto devenir local, en materia social y educativa, que, en varias de sus aristas parece extraída de un relato de ficción, en pleno siglo XXI, en pleno ejercicio de dos gestiones emblemáticas en cuanto a las inercias políticas de lo que algunos llaman “alternancia”; seguramente estará latente la intención de ficcionar (no en el sentido foucaltiano de la palabra), sino en su sentido más narcisista, acre y pragmático —retrógrado—: el de tornar la añoranza gubernamental de mejores indicadores, en la búsqueda de mejores estadísticos o mejores publicistas, que le pinten a una sociedad ideal (acrítica y ficcionada, también), unos resultados ideales; al final, ni nos ven, ni nos oyen… pero verán y oirán.

*Doctor en Educación. Supervisor de Educación Primaria. moyagualv@hotmail.com

Comentarios
  • Gilberto
    Responder

    Un análisis realista. Felicidades

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