En toda la extensión de la palabra Educación

 en Andrea Ramírez

Andrea Ramírez Barajas*

En el momento de escribir estas líneas recuerdo la hermosa canción de Jaime López “En toda la extensión de la palabra amor”. Acá igual en toda la extensión de la palabra educación han querido meter todo o casi todo. Corruptelas, mal manejo de lealtades, malos manejos de los recursos públicos. La palabra educación es de las pocas que merecen respeto, pero estas gentes no han sabido respetarla, ni respetarnos.
La palabra educación encierra y recupera prácticas y saberes, que datan desde grupos y civilizaciones ancestrales, todos los conocimientos de la vieja generación que es heredada a la nueva generación (siguiendo ideas durkhenianas), pero también es una forma de reproducción socio-cultural, de resistencia social para evitar la imposición de marcos o modelos culturales distintos a los nuestros, también es una forma de construirse en el mundo mediado por el contexto escolar y por el conjunto de relaciones sociales que se establecen con los pares y con los docentes de la institución. Es decir la palabra educación es muchas cosas que caben en una sola palabra.
La palabra educación es hermosa, seductora, bondadosa y divertida, es también una alternativa a modo de varita mágica que cura todos los males y nos saca de todos (o casi todos) los atolladeros.
El asunto falla cuando la educación se institucionaliza, es decir, cuando aparecen estructuras perversas (sindicales y administrativas) pensadas en gestionar y regular los aprendizajes que los niños y niñas deberán adquirir y destinar a los docentes que van a encargarse de dicha tarea.
En estos momentos me encuentro en la parte sur del continente y desde acá veo con tristeza como las manifestaciones de enojo y de protesta son la constante, existe una fuerte desconfianza en el trabajo que realizamos los maestros y existe también una tendencia cada vez más fuerte en violentar la atención educativa y convertirla en una mercancía más de esta gran maquinaria llamada capitalismo rapaz.
Una persona me recordó que hace muchos años, cuando éramos niños y jugábamos en las calles (las cuales eran libres de transitarse), sedientos después de tanto correr tomábamos agua de cualquier llave, o glifo, (o canilla como le dicen en la Argentina) y no había problema, hoy el agua que debemos de tomar, deberá venir embotellada pero hay que pagar por ella, así también la educación que recibimos está en proceso de embotellamiento y también debemos pagar por ella. Pero los actuales administradores (además) han salido muy malos, terriblemente ineficientes y además se molestan que se hagan públicas y señalen sus ineficiencias. Ellos y ellas preferirían loas, alabanzas y muestras de agradecimiento, ¿agradecimiento a qué? Preguntamos miles.
En el estado de Jalisco hay un descontento que asciende cada día por la falta de pago y por el incumplimiento de promesas declaradas en otro momento. A miles de maestros no les han pagado su salario desde hace meses, y aunque sus datos ya han sido capturados en el portal de transparencia todo camina bien menos el dinero que debe pasar a manos de quien ya lo ha desquitado. El argumento es el exceso de trámites o la sobrecarga de trabajo, pero el criterio tampoco es parejo. Cuando el titular de la SEJ regresó al cargo que por suerte dejó un corto tiempo, allá por el mes de abril y en pleno periodo vacacional, a la siguiente quincena ya estaba cobrando su cheque de funcionario, ¿por qué tanta eficiencia con él que despacha los asuntos educativos en la entidad y tanta ineficiencia –por el mismo asunto– con el gran ejército de maestros y maestras que viven de su salario y que esperan su pago con ansia?
Como bien dice el señor Manolo en este espacio: “lo bueno es que ya se van”, lo malo es que están dejando un cochinero administrativo que será la herencia para los que vienen.
La palabra EDUCACIÓN merece profundo respeto, merece ser nombrada por personas que han alcanzado un alto nivel de solvencia académica y moral, que han sido capaces de desarrollarse intelectualmente y que son verdadores gestores de los aprendizajes de los demás. Para las y los funcionarios de la SEJ no ensucien las palabras, mejor hagan bien su trabajo y, ¡dejen de hurgar y preguntar sobre quienes somos los que aquí colaboramos!

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com

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