¿En dónde están los maestros democráticos y cómo se forman para la democracia?
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Hace unos días tuve una cita médica por el rumbo de Chapultepec, con un especialista y, después de la consulta, aproveché para visitar la librería del FCE. Estando ahí, me di cuenta de que hay una zona de libros gratuitos, en donde cada cliente o visitante tiene derecho a tomar dos libros después de registrarse.
Tomé los dos de mi preferencia (de un catálogo de seis); no soy muy partidario de leer los libros gratuitos, tengo la creencia de que son libros de mala calidad. ¿Habrá libros así? Estaba muy equivocado; un libro de los de mi elección se titula “La marca del zorro”, del nicaragüense Sergio Ramírez. Es un libro primoroso que estoy disfrutando enormemente; son testimonios previos a la revolución sandinista que Ramírez recupera magistralmente en un estilo entre etnográfico y testimonial y ahí, casi al inicio, sucede que un personaje (Francisco Rivera Quintero), que estudiaba en la primaria nocturna de Estelí, tiene un debate con su maestra de la primaria. La maestra los obliga a escribir “Nicaragua es un país democrático y libre”, y él, en pleno abuso de la dictadura somocista, se niega a escribir semejante mentira. La maestra se enoja, lo manda con el director y al final lo expulsan de la escuela por terminar diciendo que está a favor del general Sandino.
Lo que permea la historia que está en torno al libro es que en Nicaragua, previo a la revolución sandinista, no había maestros democráticos que apoyaran la revolución o que apoyaran las causas populares. Esto es lo que me lleva a escribir este artículo y a preguntarme: ¿en dónde están las y los maestros democráticos y qué hacen desde su práctica educativa para formar y que vivan la democracia las niñas y los niños al interior de nuestras escuelas?
Sé que la noción de democracia es un concepto difuso, difícil de definir con precisión (como gran parte de lo que sucede con los conceptos de las ciencias sociales), pero que implica estar a favor de las causas populares, dentro de una sociedad de derechos, de inclusión, en donde no exista la discriminación, la injusticia, ni el odio racial.
La Nicaragua de los años 70 del siglo pasado, según narra el escritor Sergio Ramírez, es un país pobre, caracterizado por los abusos, las injusticias y el preocupante consumo de guaro (una especie de ron o de aguardiente), y que poco a poco la población se organizó para resistir. Hasta aquí dejo el libro.
En la tarea educativa las maestras y los maestros, son las ventanas para que miles de niñas y de niños vivan la cultura, la democracia, los valores y muchas cosas más. Si queremos formar para la cultura, requerimos docentes cultos, y que por sus palabras y sus historias garanticen el acercamiento más legítimo para que niñas y niños vivan a través de las historias de los docentes a lo que niños y niñas queremos que se acerquen.
Platicar de libros y llevar el libro para que los niños lo lleven a su vez a casa, platicar de pinturas y mostrarlas en las escuelas, platicar de obras de teatro y hacer que los niños las pongan en escena e incluso las dramaticen es la mejor forma de contribuir para un mundo mejor que pasa por educar para la democracia.
La democracia no es un concepto político. menos aun no es una ideología, es un estilo de vida que se concretiza viviéndola todos los días y a todas horas y en todos los espacios sociales. Cuando decimos que requerimos maestros democráticos no estamos hablando de maestros adoctrinados o ideologizados (de los que hay muchos), sino maestros que entiendan que la sociedad en la que vivimos y los sujetos que están a su cargo requieren de que se les muestren las distintas opciones de vida, los caminos de la vida (como dice la canción), pero se trata de que las niñas y los niños decidan cuál es el más conveniente para sus intereses y que sirva mejor en su desarrollo personal y social; pero hoy tenemos infinidad de niñas y niños que no pueden o que no saben decidir (la democracia implica también la capacidad y la posibilidad de tomar decisiones, decisiones acertadas y documentadas).
Cuando decimos que requerimos maestros democráticos nos referimos a que necesitamos docentes que coloquen en el centro del aula infinidad de posibilidades para que sean los sujetos-alumnos quienes opten por el camino que quieren seguir recorriendo, el del humanismo, el de los negocios, el de la ciencia o la técnica, el de las vocaciones y las innovaciones.
Cuando la sociedad y la educación hacen una pausa y no saben responder, es cuando aparecen las provocaciones de los grupos delictivos, de los sicarios de la plaza, de los secuestradores; cuando los jóvenes dudan sobre su futuro, es cuando son aprovechados por las redes del crimen. Es la dialéctica de la educación actual.
Es importante reivindicar la figura del maestro democrático y de la y el docente que borde la democracia todos los días al lado de sus alumnos, esto es mejor que educar con mentiras, con falsedades y con ideologizaciones al querer mostrar un mundo que ya no existe.
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com
Excelente pregunta Migue. Sigo buscando la respuesta.
Reflexivo estás hoy mi estimado Miguel Ángel.
Como señala el estimado Martín Linares, seguimos buscando respuestas (con una actitud democrática como docentes)