Emociones educadoras

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Es fácil reconocer las emociones como un factor propio de las personas, tanto en lo individual como en lo grupal. La expresión emocionada de un niño/niña cuando ve el regalo con el cual han soñado lo están recibiendo de sus padres. La alegría es evidente para cualquier observador. También sucede notar emociones no gratas cuando el maestro, la maestra le pide a un estudiante comparta con los compañeros de grupo la lección de… solicitada el día anterior y ¡sorpresa!, no la trabajó el estudiante. La vergüenza–emoción se hizo presente.
La neurociencia, los neurocientíficos con más de un siglo del comienzo de las investigaciones neuronales en el cerebro de los humanos, hoy es una actividad científica de enorme desarrollo y, por eso, de importantes aportaciones a otras ciencias relacionadas, sobre todo a la medicina. No obstante, los hallazgos de la neurociencia en este siglo hoy ayudan a la comprensión de fenómenos, hasta ahora encargados a otras disciplinas. En algunos ambientes se habla de neuroeducación para referirse a la aplicación e intelección de procesos cerebrales relacionados con la comprensión de razones y porqués de lo aprendido en el mundo educativo.
Al mismo tiempo, los estudios del cómo y cuándo una emoción ayuda o estorba un proceso cerebral, por ejemplo, para comprender la representación de cantidades con letras en el lenguaje matemático-algebraico; también esa comprensión se ha extendido por causa de las neuronas productoras de emociones, a por qué determinados estudiantes les cuesta muchísimo dominar determinada materia de estudio. A una gran parte de estos desarrollos científicos se les ha llamado “epigenética”. Es una manera de señalar la importancia, para comprender lo que nos sucede; no se reduce a una inflamación, a una debilidad muscular o a un alimento insoportable para nuestro aparato digestivo. Todo suceso tiene su manifestación y todo lo que lo rodea.
En el terreno educativo sucede con frecuencia. Un estudiante cuyo esfuerzo no le ha producido buenos resultados, no han sido causados sólo por su ignorancia o su flojera o su bajo entendimiento, sino también por aquello que le aflige (las discusiones entre su papá y su mamá; el rechazo de la lindura de muchacha a la cual se acercó; la deficiencia de su respiración, secuela de una pulmonía mal cuidada…) en la cotidianidad de su vida, aunque no se dé cuenta de cómo lo influye.
Las neuronas nos ayudan a educarnos. Hacen funcionar el cerebro para comprender lo leído. Y sin relación con ese movimiento de comprensión, también se acuerdan del contexto orgánico provocado por los excesos festivos. Y, ojo, también las neuronas ayudan para evitar la fiesta cuando no toca y hacer alegre y motivador (hasta apasionante) el estudio de aprendizaje y comprensión, cuando les damos chance de gozar una lectura. Este es otro ejemplo de la epigenética.
Así, las emociones–neuronas, atrás de éstas, nos educan.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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