El valor de la escuela

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Carlos Magro, estudioso, investigador de la educación entrega varios de sus aportes en el blog “co.labora.red”. Una entrega reciente: “Las enseñanzas de educar durante la pandemia (https://carlosmagro.wordpress.com/2020/07/06/hacer-escuela-hoy/) describe, a partir de su experiencia y la de otros maestros e investigadores, un breve recuento luminoso sobre la escuela y la situación actual.
Aquí recupero algunos de los planteos de esa entrega. Ilustra el territorio del pensamiento educacional en la pandemia.
Escribe Magro: “No podemos vivir sin escuela. (…) Nos hicieron falta solo unos días para comprobar lo importante que son las escuelas en nuestras vidas y los problemas que produce abandonar las aulas y cerrar físicamente las escuelas. Problemas de sociabilidad, bienestar, equilibrio emocional, salud, integridad física, convivencia y conciliación, pero también, evidentemente, de aprendizaje. (…) Porque si algo caracteriza al aprendizaje es que es una actividad esencialmente social. La escuela es, dejando de lado la familia, el primer lugar donde aprendemos junto con otros. (…) En la escuela aprendemos a estar juntos para hacer cosas en común.”
En estas expresiones encontramos la esencia del pensamiento escolar, los supuestos y creencias con los cuales se creó la escuela en la antigüedad y se mantiene viva hasta hoy, a pesar, como se dice y, en muchas ocasiones hemos de aceptarlo, demuestra el fracaso de una cierta escuela. De la importancia de esta otra contribución de Magro: “Hicieron falta solo unos días para darnos cuenta de lo difícil que es escolarizar los hogares, pero también para comprender que la escuela sola no puede. No podemos vivir sin la escuela, pero la escuela por sí sola no es suficiente.”
Este punto, la complementariedad, esencial para educar, formar y escolarizar de escuela y casa se olvida tanto que, en no pocas ocasiones, se confrontan padres–madres y maestros–maestras. A veces sin solución de continuidad. De la importancia de reflexionar sobre cómo la pandemia ha puesto en juego tal complementariedad y cómo no se ha logrado conseguir un modo de darle cauce eficaz al aprendizaje. La escuela se tornó imagen y la casa sufrió un fuerte golpe de realidad al caer en la cuenta de no saber qué hacer o de saberlo y no poder hacerlo.
Magro nos ayuda: “El confinamiento ha visibilizado las múltiples desigualdades sociales, económicas, de capital cultural y tecnológicas que atraviesan y condicionan lo educativo; y, a pesar de las dificultades crecientes que la escuela tiene para compensarlas, nos ha ayudado a comprender mejor el papel insustituible que juegan las escuelas y los maestros luchando contra las desigualdades naturalizadas y negándose a aceptar profecías del fracaso y los destinos prescritos.” (cursivas en el original).
La escuela vale, sin duda. Sólo maestros, maestras y autoridades pueden hacerlo realidad cuando se identifican, vinculan y acuerdan, es decir, se complementan con las casas de los estudiantes.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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