El Plan de Mejora como proyecto político: el caso medio superior

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

La pandemia nos ha traído toda una serie de incertidumbres e inseguridades, en diferentes aspectos y áreas, que nos ha obligado a realizar cambios significativos en la forma de vivir y compartir lo educativo; sin embargo, las posturas políticas son algo que, pese al escenario que se vive, no muestran cambio alguno, entendiendo por postura política a un determinado número de acciones que una persona, en lo individual, realiza, valiéndose de un cargo, para utilizar lo educativo como trampolín para poder aspirar a subir de puesto, soslayando, ignorando o minimizando lo que atañe estrictamente a los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Tomo como referente para sustentar mi argumento el conocido Plan de Mejora que las escuelas elaboran previo al inicio de un ciclo, en el que se establecen los objetivos tanto académicos como de avance en la infraestructura de toda institución, los cuales, en este momento, creo que muchas y muchos docentes no entendemos la expectativa que se tiene y se impone.
Hablaré de manera particular del caso del nivel Medio Superior y la forma en que se establecen los objetivos en unos estados: de infraestructura podemos hablar poco, porque la imposibilidad de ir a las escuelas limita ver los avances de construcción que se puedan estar realizando, pero suponemos que se están haciendo. No hago referencia a la infraestructura tecnológica porque la mayoría de docentes estamos utilizando plataformas que son gratuitas y no se nos está retribuyendo por el pago del internet o la compra de equipo que hayamos tenido que realizar. Pero este punto creo que el magisterio lo entendió y asumió.
Sin embargo, son los objetivos académicos los que nos meten muchas dudas en torno a lo que se busca con ellos. Al hablar de lo académico nos remitimos a tres puntos específicos: 1) la deserción, en donde se han buscado estrategias para que no deserten estudiantes lo cual es adecuado; pero 2) la aprobación y 3) el aprovechamiento, con indicaciones directas de incrementar los porcentajes no tiene sentido. Sin importar que sean generaciones distintas, sin considerar el rezago que se pudo haber generado con la pandemia en el ciclo anterior y sin importar que, por las razones que sean, un número significativo de estudiantes no pueden ingresar a clases, la orden es subir los porcentajes. La política educativa de inflar los resultados, que en nada ayuda a materias de Sociales y Humanidades que hablan del bien social y dar ejemplo, solamente pueden tener el fin de político para que alguien pueda pararse el cuello y decir que, sin importar que sean una vil mentira, con su dirección y pese a las condiciones, se lograron los objetivos. No importa que se pisoteé así el trabajo de las y los maestros, y que sus planeaciones, sus secuencias y sus instrumentos, entre otras obligaciones, al final no sean consideradas para simplemente cambiar las calificaciones y lograr las metas trazadas.
Ocupar una dirección, una Secretaría, moverse políticamente a otra área, quedar personalmente bien con las autoridades, son objetivos que deberían incluirse en el Plan de Mejora y así, dando ejemplo a estudiantes, se lograría ser congruentes con lo que se pide y lo que se hace. ¿O no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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