El pin parental acecha a la comunidad educativa jalisciense

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

El tema del acecho a la educación pública no es nada nuevo, es algo que ha estado presente a lo largo de los años en ciertos momentos donde la vida política y pública del país camina por veredas poco conservadoras, en ello hay de todo, desde las antiquísimas amenazas del siglo XIX de excomunión para aquellos padres que optaran por llevar a sus hijos a la escuela pública en lugar de las escuelas parroquiales que administraba el propio clero amenazante, qué decir de la quema de libros de texto oficiales que abordaban los temas de la reproducción y, el ahora denominado pin parental que pretende impulsar la bancada del PAN en el congreso de Jalisco y que, tiene como propósito legislar una iniciativa donde los padres de familia puedan dar su consentimiento para que sus hijos reciban o no contenidos relacionados con la educación sexual, la identidad de género, el feminismo y la diversidad (casualmente propuestas planteadas y aprobadas por los partidos y grupos de izquierda en México).
Tampoco es algo original creado en Jalisco, este hecho surge en España, concretamente en la región de Murcia, dicha idea fue propuesta en septiembre de 2019 por el partido político VOX e implementada por el Partido Popular (PP), el primero perteneciente a la extrema derecha y el segundo de derecha moderada. La realidad en México nos habla que actualmente hay 20 estados donde se habla de iniciativas para ser presentadas en los congresos de cada entidad, en el caso de Aguascalientes ya fue aprobada la iniciativa y publicada en el periódico oficial, en Nuevo León no se aprobó y en Jalisco fue presentado por la fracción del PAN a petición del Frente Nacional de la Familia y otras organizaciones similares.
El término pin parental o veto parental tiene su origen conceptual en el idioma inglés (personal identification number), que, en pocas palabras es la contraseña que los padres o tutores utilizan para activar las Tablet, los teléfonos celulares o televisores para restringir el acceso de los menores de edad a ciertos contenidos de la programación televisiva y en las redes de internet.
Una medida de esta naturaleza, no es otra cosa que cerrar los ojos al pasado, pasarse por el arco del triunfo los ríos de sangre que fueron derramados para sacar de las penumbras los actos de injusticia y desigualdad que sufrían los grupos minoritarios, ejemplos hay de sobra, entre otros los derechos de los niños y niñas, los derechos humanos, el derecho al voto de las mujeres, etcétera.
Debates como el del pin parental son interminables, y no tanto porque tengan o no razón los grupos conservadores que lo impulsan, el problema es que quieran llevar este tema a la escuela pública, quizás porque desconocen que constitucionalmente la enseñanza que imparte el Estado es libre, pero laica, lo cual está establecido desde 1917 en la Carta Magna y, este principio, fue aprobado por 99 legisladores que votaron a favor y 58 en contra (no fue unánime), donde los votos de los diputados por Jalisco estuvieron divididos y que requirió de 69 sesiones para su discutir y, finalmente, aprobar el Artículo Tercero.
Lo realmente absurdo es que tanto el secretario de educación Jalisco, Juan Carlos Flores Miramontes, como los miembros de la bancada del PAN en el Congreso de Jalisco, se valgan de esta medida para querer resolver los males que aquejan a la sociedad; estamos hablando de medidas para ser implementadas en la escuela pública (que de seguro ni ellos ni sus familiares más cercanos utilizan este servicio, porque sus hijos y ellos mismos asisten o son egresados de la educación privada).
Es totalmente válido que el pin parental lo utilicen de puertas para adentro de sus hogares, incluso que decidan a que escuela enviarlos, lo que no pueden hacer es imponer una visión para todos los demás que viven de puertas para fuera de sus casas, el principio laico debe prevalecer en la teoría y en la práctica, de otra manera es querer abrir heridas y sacrificios ya curados desde hace más de un siglo.
Decir que la calidad de enseñanza de las escuelas públicas no garantiza una educación sexual idónea, entonces lo que hay que mejorar es la calidad de estas escuelas y sus docentes y, no por ello, cerrar la posibilidad de que allí se aborden las temáticas que consideran delicadas los grupos que impulsan el famoso pin parental. El debate habrá que centrarlo en la excelencia de la educación pública y, de paso, regular a las escuelas privadas que, justificándose en la incorporación aprobada por el Estado, muchas de ellas terminan haciendo lo que se les viene en gana con la complacencia de la SEP y, de la SEJ en el caso de Jalisco.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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