El grito de la (in) Dependencia

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La historia, tan certera y tan puntual, a veces nos engaña y se torna traicionera a las creencias que hemos arraigado o a las ideas que teníamos de hechos o acontecimientos de nuestro pasado independentista.
Resulta que el grito dado a conocer por el cura Miguel Hidalgo y Costilla en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, realmente fue un grito de alerta que no buscaba hacer un llamado para desligarnos del yugo de la corona española que imperó en nuestro país durante tres siglos. No, había una serie de pugnas entre los españoles, los peninsulares que habían nacido en España y los criollos que, aunque hijos de españoles, habían nacido en América. La contradicción era por los privilegios, por las concesiones, por la tierra y la riqueza.
Los criollos fueron un poco más sensibles al dolor local, comenzaron a entender que la conquista realmente había sido una larga lista de abusos y atropellos, de saqueo y extorsión; comenzaron a distanciarse y a contradecir los abusos de la corona y fueron castigados.
La guerra de Independencia, que formalmente inicia el 16 de septiembre de 1810, no tuvo dos, sino tres bandos: los españoles criollos versus los españoles peninsulares y los mexicanos nativos, mestizos, indígenas, el pueblo, pues, que en pocas ocasiones tuvo dirigentes carismáticos, que los pocos defendían que la lucha era por la defensa del territorio, de los recursos naturales, de la raza y de la larga historia de lo que hoy se le conoce como pueblos originarios.
La culminación de la independencia fue una derrota con sabor a triunfo o un triunfo con sabor a derrota, como cada quien quiera ponerle, pero nunca y hasta la fecha logramos ser un país independiente; sólo cambiamos de dueño o pasamos a una nueva franquicia, de España a Francia para culminar con el vecino del norte, los Estados Unidos.
Al final, la independencia se transformó por una nueva dependencia y aquí seguimos esperando el nuevo grito, que de nuevo suenen las campanas, el nuevo llamado para romper las fuertes reatas en las que nos tienen sojuzgados.
Aquí seguimos, bajo esta geografía tan traicionera, “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”; seguimos esperando el llamado para el nuevo grito de libertad.
La historia tan sagaz a veces nos traiciona, por eso es inconcebible que esta fecha sirva para la promoción de las y los políticos que aspiran a algo más, que se organicen conciertos de música mediáticos e igualmente enajenantes, al igual que sus patrocinadores. Es ofensivo que un movimiento que fue raro y atípico desde sus orígenes y en sus consecuencias finales sea utilizado y capitalizado por el oportunismo político.
Seguimos esperando que suene y resuene la campana del cura del poder, del mesías, del dirigente, que la vanguardia ahora tenga claridad acerca de para qué nos llama y que estemos ahí todos y todas puntuales en las horas del alba para tomar las nuevas armas, libros, ideas, conciencia, manifiestos. Seguimos esperando el grito y ojalá algún día llegue.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

Comments
  • Martín Linares Ramos

    Seguimos esperando Migue…y mientras tanto, desde las trincheras de la crítica, sigamos invocando y pugnando por el despertar de las conciencias.

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