El divorcio

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Cuentan que para conocer realmente a la persona con la que te casas no basta con años o décadas de matrimonio (algunas personas llaman a esa condición contractual “mártiri-monio”), sino que haz de esperar a que se suscite el divorcio para realmente conocerla. En esa circunstancia saldrán virtudes y defectos, emociones, resentimientos y capacidades de negociación. Habrá quien cobre deudas o quien quiera compensar por lo que cada uno de los miembros de la pareja hizo o dejó de hacer. Se sabe de algunas personas que llegan al acuerdo de que no lograrán salir de otros desacuerdos radicales y simplemente se reúnen y firman la disolución de su contrato. Aunque hay algunos casos en que una de las partes de la pareja vacía las cuentas bancarias mancomunadas y se aleja veloz con la mayor cantidad posible de recursos, antes de mandar a un equipo de abogados para hacer lo posible por dejar exangüe a la persona a la que antes había jurado amar eternamente.
El actual proceso de divorcio entre el gobierno del estado de Jalisco, encabezado por Enrique Alfaro y la Universidad de Guadalajara, cuyo rector y cabeza visible es Ricardo Villanueva, se ha vuelto no sólo objeto de rumores de pasillo en palacio o en las instalaciones universitarias, sino que continúa “dando nota” a periodistas locales y nacionales. Tras algunas declaraciones del gobernador jalisciense de retirarse del pacto impositivo federal y un enfrentamiento con las autoridades federales, durante la pandemia sucedió algo similar a lo que mencioné arriba para aquellas parejas que se alzan con el dinero de la cuenta mancomunada: el gobernador anunció el arranque de las obras de un hospital para pacientes contagiados con Covid-19 (en Tonalá) y el rector protestó argumentando que los $140 millones de pesos que se destinaría al hospital estaban programados para que la universidad los utilizara en un museo de ciencias naturales en el núcleo de los Belenes (Zapopan). Las manifestaciones que exigían que se realizaran las dos obras, hospital y museo fueron una de las primeras reacciones de las autoridades de la universidad. Mal se vería la universidad si considerara excluyentes las obras de salud y de educación. El gobernador siguió con su proyecto y su idea de construir el hospital. Los recursos no irían a las arcas de la universidad.
Los argumentos de una y otra parte de este divorcio se acallaron durante las reuniones en la mesa de salud durante lo más álgido de la pandemia. La escena es similar a la que presentan las parejas mal avenidas en un matrimonio: se hablan al sentarse a la mesa con otros miembros de la familia, pero ya no tienen relaciones íntimas ni se dan besos en público. Poco a poco, esta relación entre el gobierno del estado se ha vuelto más ríspida. Cada uno declarándose agredido y sufriendo. Que si la universidad se ha convertido en una cueva de ladrones ocupada por el grupo universidad que lidera Raúl Padilla López (cuyo puesto más famoso es el de presidente de la Feria Internacional del Libro que organiza la UdeG cada año, pero no es el único cargo que ocupa en ella), que si el gobernador está vulnerando la autonomía universitaria, que si el gobernador quiere destruir el museo, que si el rector no quiere dialogar.
Como en muchas otras relaciones de pareja, hay quienes consideran que Fulanito o Zutanita tienen menos o más razón y que deberían hacer o dejar de hacer como ya hicieron Mengano y Perengano para resolver el conflicto. Hay dimes y diretes y la relación entre universidad y gobierno del estado ha sido afectada también por las actuales tasas de inflación y otros efectos de la pandemia que afectó al planeta entero desde fines de 2019. Así que han surgido otras voces que defienden o matizan alguna de las versiones. Por una parte, quienes están cercanos al gobierno del estado suelen enfatizar la corrupción o el dispendio en el manejo de los recursos universitarios; quienes trabajan en la universidad señalaron, en días recientes, que la administración de los recursos no necesariamente se dirige a las funciones sustantivas de la academia y que es bastante frecuente que el personal reciba emolumentos muy por debajo de sus rendimientos, esfuerzos y logros. Por otra parta, los estudiantes han comenzado a cuestionar el papel de sus representantes estudiantiles (la Federación de Estudiantes Universitarios, fundada en la época de Raúl Padilla como rector) y a proponer modos y organizaciones alternativos. La organización estudiantil, de la que el padre del actual gobernador y el actual “cacique” del grupo universidad fueron dirigentes en distintos momentos, sirvió, en distintos momentos como forma de presión frente a los gobiernos estatal y federal (o para lograr acuerdos con el gobierno del centro, como en el contexto del movimiento estudiantil de 1968, cuando Enrique Alfaro padre encabezaba la federación estudiantil). El gobierno del estado ha acusado a la universidad de utilizar a estudiantes, docentes y personal administrativo para realizar marchas y manifestarse en contra del gobierno de Alfaro; mientras que la universidad ha acusado al gobierno del estado de vulnerar la autonomía y de utilizar recursos que no le corresponden en proyectos que tampoco le competen.
Ciertamente habrá todavía mucho de qué hablar en los siguientes meses y años acerca de este divorcio, pues todavía hay en el horizonte muchos temas por los cuales discutir, obrar y dialogar. Mientras Alfaro “invita” a dialogar con algunas condiciones, Villanueva propone que el intercambio sea público, para asegurar que los involucrados, los interesados, los periodistas y los curiosos podamos enterarnos de qué se dijo, cómo se dijo y si se llegará a acuerdos que se respeten. Ya veremos si este divorcio se puede arreglar debajo de las sábanas y en lo oscurito o si el conflicto se prolongará a la luz y con un amplio público de escuchas y opinadores. Falta saber si los poderes federales (presidencia de la república, la nueva y poco informada secretaria de educación, los ministerios encargados de cobrar o repartir contribuciones) meterán su cuchara, ya sea para sacar tajada, para meter pleito o para entregar recursos a ambos y proponer nuevas posibilidades de negociación. Divorciados ya están, habrá que aclarar los términos de la separación y qué esquinas y territorios ocupará cada una de las partes en conflicto.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor-investigador en el Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Arturo Javier Ayo.
    Responder

    Excelente, muy objetiva y realista.
    Saludos Dr. Morán.

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