El Covid-19 a ras del suelo y para muestra un botón

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Es cierto que el Covid-19 vino a poner muchas cosas en su lugar, además de desnudar a las instituciones y mostrarles su evidente realidad, una de ellas la escuela, tanto pública como privada. En cierto que se han adaptado a las circunstancias (unas más, otras menos), pero la mayoría ha dado respuestas y condiciones educativas a estudiantes y padres de familia.
También es cierto, por lo menos en Jalisco, que el manejo del Covid-19 ha tenido sus bemoles, el hecho de haber resguardado una semana antes a la población va a provocar que el retorno a la “regularidad” sea mucho tiempo después (octubre, según López-Gatell), ese hecho de llevar el semáforo de verde a amarillo y luego de amarillo a verde, sin querer pasar por el rojo, tiene a la población desconcertada y al gobierno estatal con la amenaza de volver a suspender todas las actividades por 14 días debido a que (según las propias autoridades locales por voz del gobernador Enrique Alfaro), las personas y los responsables de negocios no han respetado los protocolos de seguridad.
Pero, ¿por qué pasa todo eso?, primero, porque las personas no están acostumbradas al confinamiento por tantos días; segundo. porque no todos tienen asegurado un ingreso económico para sobrevivir; tercero, porque las autoridades no han sido lo suficientemente claras y porque la gente no cree en sus gobernantes; cuatro, (tal vez la más importante), por la falta de una educación para la salud aprendida y que sea parte de los hábitos cotidianos de la población.
El Covid-19 no es un fenómeno aislado que sólo se pueda atacar y eliminar (o por lo menos controlar) desde una posición o con una sola visión de las cosas, esto es algo multifactorial, es cierto que en los reportes diarios de la pandemia o en las ruedas de prensa para anunciar nuevas medidas se dicen muchas cosas, pero la realidad es que sólo aparecen dos personajes, el que debe mandar y el que debe obedecer y, por desgracia, el que debe obedecer se resiste a hacerlo y el que debe mandar da la sensación que sabe o no puede hacerlo y, en la desesperación, termina lanzando amenazas y casi ordenando un toque de queda (o apretar un botón para suspender todo tipo de actividades).
La gente está cansada de escuchar todos los días lo mismo: tantos contagios, tantos recuperados y tantos fallecidos, y ese cansancio viene acompañado de la desconfianza porque pareciera ser que la pandemia no tiene fin y ello se convierte en desesperanza.
Todos queremos que ya acabe lo que ha provocado el Covid-19, en estos momento que aparentemente no hay luz en el horizonte, una buena alternativa sería abrir una tregua donde cada quien haga lo que le corresponde para disminuir el estrés y no hacernos creer que esto fuera el fin del mundo y que sólo unos cuantos (las autoridades estatales y federales) podrán salvarnos de esa Apocalipsis que está por venir, sea o no verdad, toquemos madera y confiemos que todo será pasajero y tarde que temprano podremos ir al estadio con los amigos y familiares a ver al Atlas y al cine a comer palomitas.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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